Los habitantes de la calle de Bogotá tienen un lugar donde pueden ir a comer, asearse, aprender algún arte y si deciden rehabilitarse, hasta conseguir un empleo. ¿Dónde es y cómo funciona?

Aunque para muchos ver un habitante de la calle impresiona por ser algo deprimente porque refleja pobreza, mendicidad, enfermedad, falta de higiene y otros factores negativos, para el coordinador y líder del centro de Acogida, Luis Fernado Linares León, los habitantes de la calle son seres humanos que en algunos casos quieren transformar su vida y salir adelante.
'Habitante de la Calle' es un proyecto dirigido por la Alcaldía de Bogotá que busca apoyar y acompañar a todas las personas que viven en la indigencia y que sean mayores de 22 años. Este proyecto cuenta con cuatro centros especializados para ayudar a los habitantes de la calle. Así lo explicó Linares.
El primero es el centro de Autocuidado, en este, desde las 6 de la mañana, los participantes toman desayuno, onces, almuerzan y hasta se pueden asear, pero luego del almuerzo vuelven a la calle.
En Acogida, el segundo centro, los habitantes pueden estar todo el día y toda la noche. En este solicitan un cupo para poder hacer uso de todos los servicios como alimentación, dormida, actividades lúdicas y hasta hacer sus labores diarias.
En Humanidad, los participantes logran un convenio laboral en la que durante el día están trabajando y llegan a dormir, y por último está el centro El Camino, en este los participantes ya han pasado una etapa laboral, han tenido contacto con la familia y se han desintoxicado en un 95 por ciento.
De acuerdo con Linares, en el Centro de Acogida se reciben 300 personas en el día y 300 personas en la noche. “Tiene como función acompañar los procesos de proyección del proyecto de vida de los participantes; cómo el participante se ve y cómo el centro lo puede apoyar y acompañar en su futuro; cómo le genera procesos de transformación en la vida personal, familiar y social, eso es lo que busca el Centro de Acogida, ser ese punto que le genera las herramientas que le permita desarrollarse personalmente”, dijo.
Pero ¿cómo llegan los habitantes de la calle a estos sitios o de qué forma se enteran? Según el coordinador, “en este proyecto hay un grupo de personas que recorren la ciudad, reconociendo donde están los habitantes de la calle y en ese proceso de reconocimiento invitan a esa población a venir a tomar estos servicios. Los habitantes de la calle llegan aquí invitados y trasladados por nuestros compañeros que conoce el fenómeno local. Luego de esto, el centro se encarga de mostrarles cuáles son las alternativas que tienen para estar en ese sitio y ellos simplemente toman la decisión de estar y pertenecer a este centro de Acogida”, aseguró.
CON ÉXITO
Lastimosamente no todos los casos son exitosos, en algunos los participantes, luego de haber terminado todo el proceso y haber pasado por todos los centros, vuelven y recaen, pero para el líder del Centro de Acogida es un proceso normal.

“Los que recaen vienen de un proceso de exclusión de la sociedad. Regresar a la sociedad tiene muchas dificultades. Salir es muy fácil, pero regresar es complicado por paradigmas, imaginarios sociales que hay frente a la exclusión. Se asocian muchas cosas negativas como la delincuencia, el consumo de drogas y esas situaciones hace que la persona que trata de salir de la calle se encuentre con todo ese rechazo de la sociedad y tenga que regresar a ser habitante de la calle”, explicó Linares.
Además, Linares agregó que “en el centro los que recaen los volvemos a recibir y generamos el proceso que hayamos que hacer para que lo vuelva a intentar si es su intensión. En el habitante de la calle se crean situaciones de tipo psicológico que tienen que ver con el yo no soy capaz, con el no lo vuelvo a intentar, siempre que lo intento fallo y hay una culpabilidad interna. Por eso trabajamos muy fuerte con las primeras veces, con las personas que llevan muy poco tiempo, llevan una recurrencia constante”.
El dicho que hay sobre que el consumo de drogas no tiene estratos y que cualquier persona puede caer en este 'vicio' se ve en el Centro de Acogida. Es el caso de José, un señor de 45 años que es filósofo y teólogo del Seminario Nacional de Cristo Sacerdote y psicólogo de la Universidad Cooperativa de Colombia.
José un hombre procedente de Barranca bermeja, de familia acomodada, cayó en el consumo de sustancias psicoactivas a los 39 años. “Todo empezó el 10 de mayo de 2010 cuando consumí por primera vez marihuana y de ahí en adelante estuve en un viaje permanente que sólo paró el 7 de enero de este año. Fueron casi cinco años en esas. Hace 11 meses probé basuco y eso me complicó más las cosas. Me quedé sin trabajo, me echaron del colegio, me echaron de la Universidad y hace cuatro meses vine a parar aquí a Bogotá”.
La vergüenza, la cobardía y la depresión hicieron que José saliera corriendo de su ciudad natal y se viniera a la capital colombiana. Luego de deambular por todas las calles de la ciudad y vivir en la mendicidad, José encontró refugio en el Centro de Acogida. Allí se ha sentido una mejor persona y desde el 7 de enero de este año no ha vuelto a consumir drogas, ni cigarrillos. “Ahora me siento una persona útil, cuando llega la gente a la biblioteca y me dice que tiene alguna tarea yo les ayudo, ahora siento que sirvo, volví a hablar con mi esposa, con mis hijos, con mis padres”, dijo José.
A pesar que ha vuelto a hablar con su familia, dice que por parte de ellos hay mucha desconfianza, “mi familia no me cree y con toda razón, yo dejé sin estudio a mis hijos porque me fumé la plata”, contó.
Por ahora José asegura seguir con el proceso de rehabilitación, aunque su familia está en Barrancabermeja, dice continuar viviendo en Bogotá porque sus hijos próximamente se radicarán en la capital. Según él no siente ansiedad por consumir drogas, asegura que la única ansiedad que tiene es por los dulces porque a raíz del consumo de sustancias psicoactivas quedó con una hipoglucemia que en momentos llega a bajársele el azúcar.
Agradece estar en el proyecto 'Habitante de la Calle' pues tienen una muy buena alimentación ya que en Acogida recibe seis comidas diarias. “A las 5 de la mañana nos dan una bebida caliente con galletas, luego viene el desayuno, hacia las 10 de la mañana las onces, sigue el almuerzo, luego la merienda y terminamos con la comida. Aquí nos la pasamos en estado de coma”, terminó diciendo sonriente José.
