Por Luis Carlos Gómez Díaz
Esta semana, la Organización Mundial de la Salud empezó a anticiparlo: 2022 debe ser el año en que concluya la pandemia del COVID-19.
La proyección coincide con lo que opina el ministro de Salud, Fernando Ruiz: el futuro de este virus es ser de mucha menor severidad y convertirse en un mal endémico, es decir, que se propague periódicamente, pero sin la letalidad que tuvo en los dos últimos años. Tal vez, ómicron, que según los estudios es más contagioso, pero menos mortal, sea un primer paso en ese sentido.
Eso sí, es probable que nos toque seguirnos vacunando cada año, tal como lo reconoce el ministro Ruiz.
En entrevista con Colprensa, el ministro hizo un balance de lo que significó el 2021 en la lucha contra el COVID-19: “El sistema de salud respondió”, dice.
Comencemos por ómicron. ¿Cómo ven las perspectivas con esta variante? ¿Temen que haya un aumento grande de contagios en el país?
Siempre va a haber riesgo de mayor contagio, más con una variante que es entre cuatro o cinco veces más contagiosa que la variante delta. Nosotros tenemos un número importante de personas que todavía no se han contagiado y esas son las personas que son más susceptibles de ser contagiadas. Sin embargo, lo que ha mostrado la vacuna es que de todas maneras reduce la hospitalización o mortalidad. Entonces, podemos tener dos escenarios, uno en el que haya un contagio alto con baja mortalidad, y uno en que haya un contagio alto con una mortalidad moderada. Incluso un tercero, que no pase nada. Nosotros estamos planteándonos un poco el segundo, que de pronto podamos tener en enero algunos contagios y una mortalidad baja. El tema crítico es diciembre, pues en diciembre hay mucha interacción, mucha gente que se reúne y ya la situación es prácticamente global, entonces el tema del riesgo sí es importante.
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En Europa y otros países, ómicron ha llevado a restricciones y cierres. ¿Cree que en Colombia esa alternativa está descartada?
Nunca la podemos descartar del todo. La situación hoy en día de cobertura en Colombia es un poquito diferente a la de varios países de Europa que se estancaron en coberturas alrededor del 65%. Nosotros estamos ya por encima del 75%. Hemos venido reforzando a los mayores de 50, que son la población de mayor riesgo y tenemos ya una base de inmunidad natural generada por la afectación entre mayo y agosto por la variante Mu, que tuvimos en el tercer pico, entonces, el nivel de inmunidad híbrida, que es inmunidad natural más vacunación es bastante alto. Eso nos protege, pero eso no nos quita que todavía tenemos una población importante sin vacunar, que es la que estamos llamando a que se vacune de una manera lo más acelerada posible.
Cerramos el año en una situación relativamente buena en la lucha contra el COVID. ¿Cuál es su balance? ¿En qué nos fue bien y en qué nos fue mal este año?
Este año fue muy duro, en términos de afectación, especialmente en el tercer pico, y esto fue muy motivado por el alto nivel de interacciones sociales que tuvimos durante el paro, que nos generaron esta mayor afectación y que nos llevaron a un nivel muy alto de mortalidad. Eso fue lo más duro y lo más difícil, pero después, la buena noticia es que hemos logrado mantener ya más de cuatro meses continuos con bajo nivel de contagio y baja mortalidad. Es uno de los más largos de Latinoamérica sino el más largo, lo cual nos ha permitido todo el proceso de reactivación social y económica.
Entonces yo creo que entre las decisiones más difíciles que tuvimos este año, pero que resultó ser la más positiva, estuvo la expedición en junio de la resolución 777, que permitió avanzar rápidamente y proyectar la apertura económica, social y cultural que estamos hoy en día disfrutando. Y también el balance del plan nacional de vacunación es bastante bueno. Yo diría que hoy en día logramos que la población se esté vacunando a una velocidad muy alta, la cobertura es alta y tuvimos este tema de la inmunidad de rebaño inicial, que hablábamos del 70%, pero después resultó con la evidencia que realmente el 70% no era suficiente, entonces tuvimos que cambiar nuestras decisiones hacia buscar que la gente a los seis meses de la última vacuna estuviera siempre vacunada y esa es la estrategia que nos ha permitido estar como estamos ahora. Al final es que esto todavía no ha terminado. Al mundo le faltan unas semanas, unos meses para hablar de que el comportamiento es endémico, o sea que ya alcanzó una estabilidad, pero la perspectiva de lo que quisiéramos nosotros es llegar al 90% de población vacunada lo más pronto posible. Creo que allí es donde podríamos tener un nivel de protección y mantener los refuerzos cada seis meses, en espera de que tengamos vacunas que nos permitan proteger con más largo plazo.
¿Qué análisis han hecho de este valle, que, como usted lo dice, ha sido bastante largo? ¿Es el éxito de las medidas que se han tomado o es la evolución de un virus que en cierta forma es impredecible?
Es la combinación de una inmunidad natural que nos quedó después del tercer pico, que hizo que prácticamente más del 80% de los colombianos desarrollaran algún nivel de inmunidad frente al virus, y eso combinado con la vacunación, en la que protegimos especialmente a la población mayor de 50 años, que bajó la mortalidad rapidísima y sustancialmente. Y la otra cosa muy importante que han tenido los colombianos, ha sido la adherencia a las medidas de bioseguridad. Comparativamente con otros países, aquí la gente sigue usando tapabocas, ha sido relativamente juiciosa con el tapabocas. La exigencia del tapabocas en lugares públicos ha ayudado bastante y también la exigencia del carné de vacunación.
¿Cómo ve las perspectivas para el próximo año? ¿Vamos a llegar a tener este mal como algo que siga presente, pero bajo control?
Hay una historia muy interesante de la epidemia de gripa rusa, en el año de 1879. Hay un estudio que acaba de ser publicado, que descubre que el virus que generó esa epidemia, que mató cerca de un millón de personas, era un coronavirus. Siempre se había pensado que era el virus de la influenza. Hoy ese coronavirus es uno de los 22 virus que circulan con los brotes de gripa que nos dan en abril, julio y septiembre. Necesariamente, el futuro del coronavirus es ese: transformarse en un virus de mucha menor severidad, pero que igualmente se siga manteniendo y presentando. Es probable que variantes como ómicron jueguen un poco en ese sentido porque de alguna manera hay indicios de que ómicron, si bien es contagiosa, es menos severa. Y ese tipo de conducta del virus, podría llevarlo a una situación de endemia, no de epidemia, sino de endemia o sea el virus permanece ahí. Y lo que seguramente sí nos va a tocar es que vamos a tener que seguirnos vacunando anualmente.
¿Cree que el país aprendió la lección del COVID, para enfrentar este tipo de virus?
Yo creo que se aprendieron muchas cosas. Primero, el gran fortalecimiento que se hizo del sistema de salud. Han salido ya varios estudios que muestran cómo Colombia ha sido el segundo país del mundo en donde menos se ha pagado por la atención de COVID. Hay países muy parecidos a nosotros en los que las familias han tenido que endeudarse para poder pagar los cuidados intensivos. En Colombia no ha sucedido eso. Ese aprendizaje y ese reforzamiento y también una valoración de lo que es el sistema de salud colombiano ha sido importante. Entramos aquí con una crisis de legitimidad muy grande del sistema de salud. Todavía existen inquietudes, pero el sistema de salud, los médicos, los trabajadores de salud, todos respondieron. Las IPS y las EPS, todos respondieron. Y la conducta de la población. Ya tenemos en mente que las epidemias no son un tema que se da cada siglo, sino que se da prácticamente cada década. Hemos tenido AH1N1, zika, chikunguña, ahora COVID, es un tema con el que vamos a tener que vivir. Yo siento que las personas tienen mucho más conocimiento e información de cómo prevenir, de todas las acciones de lavado de manos, de todo el cuidado que hay que tener. Y tenemos hoy unos gobernantes y una clase política totalmente sensibilizada hacia la importancia de los temas de salud. Todos los alcaldes y gobernadores tuvieron que cambiar su plan de desarrollo y orientarse hacia temas de salud. Tenemos ciudades que han sido absolutamente meritorias, que tienen ya el 95%, Barranquilla, Pereira, San Andrés, Puerto Carreño. Eso es gracias al esfuerzo de los gobernantes locales.