El barrio Porvenir, ubicado en una meseta al suroccidente de Bucaramanga en la comuna 11, ha sido testigo este año de un sombrío fenómeno que tiene en vilo a toda la comunidad: el envenenamiento masivo de mascotas. Hasta la fecha, las víctimas ascienden a cerca de 40 animales, y las alarmas no dejan de sonar tanto entre los habitantes como en las esferas oficiales.
Las más recientes víctimas de esta desconcertante oleada fueron dos gatos y un perro. Los vecinos del sector, movidos por la angustia y el miedo, han bautizado al perpetrador como el “enfermo que envenena mascotas”. Y es que, según relatan, el modus operandi del desconocido no solo se limita a las calles: “No solo es en las calles que bota comida envenenada, también ha lanzado este veneno hacia las casas”, reveló una residente local que, por temor, optó por no revelar su identidad.
El relato se torna aún más escalofriante al conocer que, en una de estas ocasiones, junto a una mascota envenenada, se encontraba jugando un niño de 4 años, resaltando el alto riesgo que este acto representa no solo para los animales sino para los más pequeños de la casa. EEUU pide “reconsiderar” viajes turísticos a Colombia ante crisis de seguridad
La comunidad ha notado un patrón en estos ataques, y es que, según informan, los envenenamientos se incrementan los fines de semana. “Está pasando los fines de semana, cuando la mayoría de veterinarias están cerradas”, señaló un habitante, enfatizando la estrategia del perpetrador al aprovechar la falta de atención médica inmediata para las víctimas.
Desde febrero, mes en que comenzó esta serie de ataques, 21 mascotas perdieron la vida de forma masiva. Tatiana Fajardo, residente del barrio y dueña de dos de los perros fallecidos, expresó su dolor y clamor por justicia: “Es muy duro que alguien nos quite parte de nuestra familia, queremos justicia”.
Las pruebas de estos devastadores eventos no han pasado desapercibidas. Las familias afectadas han capturado en fotos y videos los agónicos momentos que atraviesan sus animales tras ingerir la comida contaminada. Los síntomas, que aparecen minutos después del consumo, incluyen rigidez muscular, convulsiones y vómitos con rastros de sangre.
Pese a la firme convicción de la comunidad de que se trata de una persona que detesta a los animales, las autoridades barajan una hipótesis distinta. Alexandra Moncada, asesora de protección y bienestar animal de la Alcaldía de Bucaramanga, señaló que los únicos informes oficiales apuntan a conflictos de convivencia entre vecinos, como quejas por no recoger los excrementos de las mascotas o animales sueltos atacando a personas. Comunidades indígenas por primera vez serán afiliadas a riesgos en Colombia
Alejandra Prada, defensora de los derechos de los animales en Bucaramanga, concuerda con esta teoría, pero también exige acciones concretas: “La gente debe tener presente que, por ley, matar un animal tiene cárcel. Alguien que ataca un animal de esa forma tan cruel también lo puede hacer con otro ser humano”.
La situación en el barrio Porvenir ha evolucionado a un complejo problema de convivencia y cultura ciudadana. Sin embargo, la urgencia es clara: es imperativo hallar y detener al culpable antes de que se cobren más vidas.
