¿Qué tan verde está nuestra economía naranja?

14 de junio de 2019 05:45 PM
¿Qué tan verde está nuestra economía naranja?
Iván Duque, presidente de Colombia. // Colprensa

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Hace alrededor de un mes, el presidente Iván Duque, acompañado por un grupo de emprendedores colombianos, hizo un recorrido por Silicon Valley y se entrevistó con las cabezas de algunas de las empresas de tecnología más importantes del mundo, Apple, Cisco, Google, Microsoft y Amazon, entre otras.

El viaje buscaba darle impulso a una de las estrategias a las que el mandatario le ha dado mayor importancia en su gobierno, el fomento de la llamada economía naranja, un sector que integra a industrias relacionadas con la creatividad, el arte, la innovación y la tecnología.

Más allá de los encuentros de alto nivel que se dieron en la gira, la pregunta que quedó flotando en el ambiente es qué tan viable es que un país como Colombia, que no se ha caracterizado por estar a la vanguardia ni en materia de tecnología ni de industrias creativas, pueda convertir a este sector en uno de los motores de su economía.

La economía naranja ha sido una de las obsesiones del presidente Duque durante su carrera política. En 2013, escribió junto con Felipe Buitrago, para el Banco Interamericano de Desarrollo, el libro ‘La economía naranja, una oportunidad infinita’, en el que se afirma que los contenidos digitales, incluidas la música, las películas, los videojuegos y las aplicaciones hacen parte de una nueva revolución industrial que ya está viviendo el mundo.

Según los dos autores, Latinoamérica y el Caribe tienen un mercado potencial de casi 600 millones de personas que vienen experimentando el mayor crecimiento de riqueza de su historia y que consumen cada vez más contenidos que en vez de esperar a que otros los produzcan deberían ser elaborados por los mismos autores y las mismas industrias culturales del continente.

En 2017, con base en estas mismas ideas, el entonces senador Iván Duque promovió la expedición de la Ley Naranja, que contemplaba la creación de proyectos de infraestructura orientados al estímulo de las industrias creativas (como el nuevo Bronx en Bogotá), líneas de crédito especial para impulsar la construcción de infraestructura creativa y cultural en los entes territoriales e incentivos para los patrocinadores de proyectos culturales, entre otros.

Y ya como presidente, Duque ha seguido adelante con esta estrategia, cuya medida más importante hasta ahora fue la inclusión en la Ley de financiamiento de incentivos para los emprendedores de la llamada economía naranja.

Por ejemplo, por un periodo de siete años quienes inicien nuevos negocios en este sector, estarán exentos de impuesto de renta, si cumplen con algunas condiciones, entre ellas que su objeto social exclusivo sea el desarrollo de industrias tecnológicas y creativas y que generen al menos tres empleos.

Duque ha destacado en varias ocasiones durante su gobierno la importancia para la economía de un sector que, sumadas todas las industrias que lo componen, representa casi el 3 por ciento del PIB.

“Esto es tres veces lo que aporta el café a la economía colombiana y casi 1,5 veces lo que aporta la minería; emplea a más de 600 o 700 mil personas directa e indirectamente; tiene un potencial enorme para las exportaciones y es un gran generador de empleo y de valor agregado”, señaló.

Pero aunque los expertos reconocen la importancia de este empeño, advierten que se requiere más que unos alivios tributarios para que despegue un sector que es muy competido a nivel mundial y que internamente aún no tiene todas las condiciones que se requieren para prosperar.

“Siento que en lo previsto en el plan de desarrollo, en los incentivos tributarios de la ley de financiamiento hay avances, pero siguen siendo tímidos. Aún falta conocer más de estas políticas y a quién van a beneficiar”, afirma Santiago Trujillo, director de la Maestría en Gestión y Producción Cultural y Audiovisual de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Trujillo explica que en una política orientada a impulsar este sector es fundamental tener en cuenta varios factores externos que dificultan su desarrollo, como el hecho de que el consumo de contenidos culturales en el país, pese a que ha aumentado, sigue siendo insuficiente para dinamizar la industria; que el trabajo cultural aún no es valorado en el país como se debería, y que falta mucha mayor presencia de la formación artística en la educación.

Un riesgo, asegura Trujillo, es que se llegue a imponer una filosofía extractivista en el sector cultural, lo que nos convertiría en una maquila de industrias de otros países más desarrollados en este campo, es decir, los colombianos serían solamente en mano de obra barata para producciones lideradas desde otros países.

Ya no en el campo cultural, sino en el tecnológico, Javier Cardona, CEO de la plataforma de consultas médicas 1doc3, reconoce que a Colombia le falta aún para estar a la vanguardia en materia de economía naranja, pero precisamente por eso es necesario avanzar desde ya en ese camino.

“Todos los esfuerzos que se están haciendo son una apuesta a largo plazo. Lo que se está haciendo es lo correcto. Si nos demoramos tres o cinco años en empezar, vamos a llegar tarde, nos van a ganar nuestros vecinos y no podemos olvidar que en esto ya no hay fronteras”, señala.

Según Cardona, uno de los emprendedores que acompañó a Duque en Silicon Valley, esta nueva revolución industrial va a requerir también una adaptación de nuestro sistema educativo: “Ni Colombia ni ningún país de Latinoamérica tiene el personal capacitado que se requiere. No podemos seguir formando solo administradores y contadores”.

Julián Torres, creador de Fitpal, una app que permite acceder a más de 500 gimnasios desde el celular y otro de los emprendedores que acompañó a Duque, coincide con Cardona: “Hay un punto crítico. Falta gente”.

Torres asegura que la visita de Duque a Silicon Valley fue mucho más que una gira de relaciones públicas como muchos críticos lo vieron en ese momento. Por el contrario, dice, fue importante estratégicamente porque permitió crear vínculos con quienes están a la vanguardia en este campo.

“Ellos están mirando a Latinoamérica como fuente de talento. Necesitamos que haya más profesionales formados, pero eso va de la mano con la creación de más empresas exitosas”, señala.

Fitpal nació hace 3 años y 8 meses y hoy en día ya agrupa a 550 gimnasios del país, que a través de la aplicación han obtenido ingresos por más de 3.500 millones de pesos. Torres asegura que lo que ha ocurrido con empresas como la suya, como Rappi o 1doc3, no es simple casualidad. “No es una moda ni son casos aislados, es una realidad de un sector que tiene un crecimiento exponencial”, señala.

Juan Camilo Rojas, secretario general de Innpulsa Colombia, la entidad que promueve la innovación y el emprendimiento, comparte su optimismo.

“Cerca de un 50% de empresas que se crearon en este semestre son de economía naranja. Dadas nuestras ventajas culturales y nuestro ingenio, vemos que es un motor que está materializando la propuesta de campaña del presidente Duque”, señaló.

Sin embargo, reconoce que los resultados se van dando paulatinamente. “Toda política pública requiere un tiempo de apropiación por parte del sector privado”, dice.

En efecto, será el tiempo el que dirá si se hace cierta en Colombia la frase de Frank Sinatra, que Duque y Buitrago citan en su libro: “El naranja es el color más feliz”.

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