Cultural

Emery Barrios, un hombre dedicado a la cultura

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GERMÁN MENDOZA DIAGO
24 AGO 2012 - 12:01 AM

Uno puede pasarse horas hablando de todo lo que hizo en vida Emery Barrios Badel: abogado, investigador musical, escritor, crítico de cine, profesor del Distrito en el área de Castellano y Literatura, cineclubista, estudioso de la cultura del Caribe, su música, su gastronomía, su idiosincrasia.
Pero Emery, por encima de todo eso, era un extraordinario ser humano, un amigo entrañable con un corazón enorme donde tenía cabida mucha gente y una serenidad sonriente ante los problemas de la vida.
Hace 34 años, cuando éramos muchachos que salían al mundo desde los pasillos altos y enormes del claustro de San Agustín, nos reunimos para fundar el Comité de Cine de la Universidad de Cartagena, al que le dedicó todo el tiempo que podía robarle a los códigos en la Facultad de Derecho, a la que había venido a estudiar desde Sincé (Sucre).
Era un grupo alegre y apasionado, del que hacían parte Freddy y Pedro Badrán, Arturo Zea, Judith Pinedo, Lucho Porras, y al que sumaban Marcel Lemaitre y Quique Ortiga.
Caminaba con paso ágil, siempre abrazando una lata de película, se conocía de memoria los pequeños desajustes del proyector de 16 mm que la Universidad tenía en el Departamento de Humanidades, y como tenía buena letra, él mismo hacía los carteles anunciando las funciones del cine club, en un altillo frente al Claustro de San Agustín, donde compartía discusiones con un estudiante de arquitectura.
En sus 59 años, Emery no descansó un segundo, escribiendo, peleando con las distribuidoras que querían cobrar de más el alquiler de las películas, instalando el proyector en el Paraninfo, coordinando los foros al final, escribiendo reseñas, manejando el concurso de cortometrajes en el Festival de Cine,  hablando con devoción de Antonio Machado a sus alumnos de bachillerato, leyendo libros con frenesí incontrolable, investigando sobre los orígenes y desarrollos de la música caribeña, comprando acetatos viejos en el Portal de los Dulces, asesorando los programas de las Fiestas Novembrinas en el IPCC, dictando conferencias, participando en foros, haciendo videos, y en el poco tiempo libre, compartiendo con los amigos.
Las dos últimas veces que participamos juntos en una actividad cultural fue en 2010. En marzo, cuando intervinimos en el homenaje a don Víctor Nieto, con Luis Augusto Vacca y Julio César Cortés. Y en septiembre, compartimos la mesa con el inolvidable maestro Miguel Emiro Naranjo, mi paisano director de la Banda de Laguneta, para hablar de María Barilla en el Festival de la Hamaca Grande.
Su muerte es un golpe duro para mucha gente que lo conoció y lo quiso, y de él es imposible hablar desde la fría objetividad de los datos biográficos, solo puede hacerse desde lo más profundo del corazón.
Hoy y mañana estaremos acompañándolo en la Funeraria Los Olivos, y hasta su última morada.

Emery Barrios Badel y Germán Mendoza Diago, durante una actividad cultural en la que coincidieron. ARCHIVO

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