Kassav. Lo mejor que ha podido ocurrirnos en estos tiempos de ruido, fue haber escuchado en la noche del sábado a la banda de Martinica: Kassav, celebridad mundial de la música zouk, invitada a la reapertura del Green Moon Festival en la isla de San Andrés, luego de dieciocho años de no realizarse.
Para los Caribes colombianos: Casabe es una torta de yuca rayada, alimento ancestral de comunidades de Córdoba y Sucre. Casi todo el casabe que consumen los sinuanos, proviene de Ciénaga de Oro. Kassav es en criollo antillano un plato típico realizado con yuca: casabe en francés. Y es el nombre de una de las leyendas vivientes de la música, creada en París en 1979, por los músicos Pierre-Edouard Décimus y Jacob F. Desvarieux. Busqué en la mañana del sábado al músico Jacob F. Desvarieux y solo hasta la noche tuve conciencia que lo había tenido muy cerca a la salida de un ascensor y a la entrada a un restaurante, sin presentir que era él. Solo al verlo en el concierto tuve conciencia de esa cercanía y lo abordé en la mañana del domingo para preguntarle por la suerte de la música del Caribe francófono y anglófono en el mundo en este período de nuestra historia.
Me dijo que “lo pequeño tiende a ser devastado por la globalización y los músicos no escapan a esa suerte. Hoy el advenimiento de la Internet vuelve muy complejo la sostenibilidad de muchos músicos que antes vendían sus álbumes y hacían sus conciertos, y hoy se enfrentan a nuevas formas de mercadeo distintas. En el Caribe continental y en África, hay un nido potencial de artistas y músicos, pero no tienen medios en sus propios países, y encuentran esa valoración y aceptación en Europa”. Sobre el proceso de creación musical, confesó que “en mi caso, primero es la melodía que más tarde encuentra su letra. La música marca la pauta de ese encuentro”.
En el escenario, Kassav es el vértigo de la felicidad vuelta ritmo, sonido, melodía, cadencia. Sobrados en voces, en instrumentación y en baile. Sus canciones han estremecido el público de todo el Caribe continental, América, Asia, Europa, África. Tienen más de una veintena de álbumes.
El escenario del estadio en San Andrés fue un acontecimiento que me remitió a los inolvidables momentos del Festival de Música del Caribe en Cartagena, evento hermano del Green Moon Festival, cuando en Cuba dejó de hacerse el Carifesta. Pero creo que toda comparación es siempre coja: decir que la noche del sábado fue fantástica puede parecer exagerada e imprecisa, pero lo fue de veras: una fantasía tangible, bella, intensa, histórica, porque revive con una intensidad inusitada uno de los referentes culturales de la isla y del Caribe en general: el reencuentro con las identidades sonoras del gran Caribe hermano y disperso. No me sorprendió que las banderas de Jamaica con la efige de Bob Marley reaparecieran encontrando en este festival un espacio de confluencia cultural en los sagrados y auténticos matices que en vez de separarnos nos hermanan. Nada nos separa ni siquiera el idioma, la religión, la geografía y la política.
Todo el estadio vibró al ritmo de Yélele, aquel éxito de Kassav de 1985.
La música hace más milagros que la política entre nosotros, pero esta vez, fue la política la que permitió que la música llegara a su destino: Desde Jamaica a San Andrés. En la isla se esperaba al jamaiquino Gyptian quien se quedó varado en Kingston, con su maleta lista, ante el retraso de los vuelos ocasionados por el huracán Sandy. El concierto de Gyptian estaba previsto en la noche del viernes, en el estadio de baseball Wellingwrourth. La idea providencial se le ocurrió a la gobernadora de San Andrés Aury Guerrero Bowie quien le propuso a Lucio García, presidente del hotel Decamerón, traer al músico en uno de los aviones de la compañía hotelera para que el Green Moon Festival pudiera cumplirle a los isleños. Fue así como el gran músico jamaiquino puso a vibrar a San Andrés en el acto de clausura en la madrugada del domingo.
Me pareció una tremenda y aleccionante apertura del festival de San Andrés que se inaugurara en la noche del jueves con un concierto con las mejores voces líricas del género Gospel, en la más antigua y emblemática de las iglesias bautistas de la isla en el barrio La Loma. Ese sin exageración, fue hermosísimo, sublime hasta las lágrimas. No tenía nada que envidiarle a las estrellas mundiales del Gospel. Me sentí en un escenario humano privilegiado.
El camino de la cultura y de los festivales no es otro que el de las alianzas y el de las inclusiones con lo que el pueblo ha forjado en toda su historia. Y el de las manifestaciones urbanas contemporáneas que hoy se revelan en grupos como Celis Sister & The rebels, Shungu, Creole, Job Saas & The Heartbeat, Groove 82. Así lo cree Kent Francis James, fundador y presidente del Green Moon Festival y Eduardo Lunazzi, el director de la revista Welcome, un argentino visionario que se quedó en la isla y apostó desde un principio en el impacto que tendría el festival en la cultura regional e internacional. Todo el equipo humano que hace posible esta propuesta interinstitucional: Gobernación de San Andrés, Cámara de Comercio de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, apoyo del Ministerio de Cultura, entre otros, hacen visible la riqueza cultural de la isla.
Esa diversidad que emerge como una ola en la inmensidad del Caribe, en los siete y siempre cambiantes colores del mar de la isla, en donde el azul contiene todos los azules, siempre distintos y únicos.
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