Qué bella paradoja es la vida. El trompetista cubano Arturo Sandoval (Artemisa, 1949), uno de los mejores músicos de jazz del mundo, acaba de ganar su noveno Grammy con su álbum “Every Day I Think of You” (Cada día pienso en ti), en homenaje a su padre musical la leyenda del jazz norteamericano Dizzy Gillespie.
A su vez, treinta años atrás, Dizzy Gillespie conoció al percusionista cubano Chano Pozo, quien en una calle de Nueva York le dictó una música que le desbordaba el alma: la célebre canción “Manteca”, que fue un hito del jazz tanto de Estados Unidos como de toda América Latina. Junto a Chano Pozo, Gilliespie enriqueció la sonoridad y la ritmicidad del jazz norteamericano y tendió puentes entre Cuba y Estados Unidos. Años después, Gilliespie conoció en La Habana en 1977 al joven Arturo Sandoval, y al escucharlo quedó maravillado como cuando un padre ve que su hijo es capaz de darle un nuevo color a su arcoiris, vio en él no solo a un continuador sino a un dinamizador de su estirpe y le entregó su trompeta como símbolo emocional y artístico de que él heredaría el esplendor de su música.
Con “Manteca”, el jazz encontró una nueva dimensión y el sonido afrocaribe sedujo a los jazzistas norteamericanos y a la música del mundo. Gillespie se convirtió en algo más que en un mecenas, fue un padre musical y lo ayudó a salir de Cuba en un momento controvertible de su historia y de su evolución que ameritaban replantear sus propios métodos y estrategias políticas. Cuando yo fui a Cuba en 1994 en pleno Período Especial percibí el castigo que padeció Sandoval por salir de su país, calificado de manera ortodoxa como un traidor. Sencillamente estaba silenciado. No se escuchaba sino de manera clandestina. Y en el mercado callejero de música en La Habana muchos me regalaban por debajo de cuerda un álbum de Sandoval. Era un problema político escuchar el jazz de Sandoval en aquellos años. Las cosas han ido cambiando gradualmente en Cuba, y para nadie es un secreto que Arturo Sandoval es el más grande trompetista de Cuba y uno de los mejores del mundo. Junto a Paquito D´Rivera y Chucho Valdés, creó el célebre grupo de jazz Irakere.
Para un artista de su grandeza humana y artística no son suficientes las dos sílabas con que los humanos agradecemos semejante contribución a la felicidad planetaria. En mi vida personal los amaneceres no hubieran sido tan plenos y maravillosos si no hubiera existido esa maravilla musical que es Arturo Sandoval. Escuchar canciones tan bellas como I remenber Clifford, A mis abuelos, Claudia, su expléndida interpretación de Manteca y Noche en Tunisia. Tuve el privilegio de conocerlo y escucharlo en vivo en el Festival de Jazz de Barranquilla. Su grandeza musical le han merecido 9 Grammy, 17 nominaciones al mismo premio, 6 Premios Billboard y un Premio Emmy.
Siempre me impactó la imagen que tuve desde joven de aquel muchacho músico capaz de desafiar el paso del tren a punta de trompeta. Si pasaba el tren los habaneros no sabían si de verdad era el tren que pasaba o la trompeta de Sandoval que sonaba al mismo tiempo. A lo largo de estos años él ha sido el mejor tren que pasa por el jazz del mundo. Su trompeta es un tren vertiginoso que no deja de pasar.
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