Es increíble pero Ana Mercedes Hoyos encontró la esencia de su arte en el espíritu de San Basilio de Palenque. En las palanganas de frutas de las mujeres de San Basilio de Palenque no vio solo frutas, vio universos culturales cifrados al contacto con la mano que cortaba en formas geométricas los trazos de patilla, melón o piña. Y en ese corte ella no vio solo cortes sino formas ancestrales de vivir, vio al África que nutrió a Picasso para delinear su cubismo. Alguna vez lo confesó a un periodista que luego de explorar e investigar,había encontrado en esa palangana todos los elementos que andaba buscando en la historia del arte.
No fueron las ventanas y las atmósferas andinas las que consagraron a Ana Mercedes Hoyos (Bogotá 1942-2014), sino el descubrimiento del Caribe, con su luz y su color, me dice el crítico Eduardo Márceles cuando le pregunto por el legado de esta artista que acaba de partir luego de medio siglo de una obra que supo mostrar una faceta humana y cultural de Colombia ante el mundo.
De las primeras palenqueras con sus palanganas de frutas en la playa, la artista pasó a estudiar costumbres y expresiones de la vida de la comunidad del Palenque de San Basilio, como los diseños de los vestidos de las niñas en ceremonias religiosas, sociales, festivas y funerarias. Los lazos y las texturas de los vestidos.
El estudio del color, volumen y forma de las frutas en contraste con los cuerpos de las mujeres de Palenque. Los trazos geométricos con que las mujeres parten la patilla o una porcion de piña, le sirvieron a Ana Mercedes Hoyos para explorar posibilidades de forma. Como bien lo recuerda Eduardoo Serrano, esos trazos podían ser una evocación de Picasso en la vida cotidiana. Pero Ana Mercedes fue más allá del color. Estudió elemenos de nuestra naturaleza contenida en nuestra manera de vivir y ser en el Caribe.
Llamo ahora a mi amigo Álvaro Suescún, para escuchar su opinión y me dice: “Ana Mercedes Hoyos nos legó una obra comprometida, libertaria, inquisitiva, muy cercana al “Pop”. Fue la primera artista galardonada en una exhibición en los que se intervenían “espacios ambientales” cuando el Arte Conceptual apenas era una sugerencia en el estrecho círculo de Marta Traba, es decir, fue iniciadora de un proceso creativo en el que se hicieron representativos artistas como Feliza Burstzin, Bernardo Salcedo, Álvaro Barrios, Santiago Cárdenas, el grupo “El Sindicato” y el “Grupo 44” en el que también se destacaron los cartageneros Álvaro Herazo, y Eduardo Hernández.
De una sólida formación artística, muy cercana a la expresión del Caribe, la recordaremos por haberle dado un alto grado de valoración al paisaje urbano en fuertes colores planos que intervienen las palenqueras con sus frutas y su desparpajada alegría. ..”
EL COLOR LUJURIOSO
Sin esa pintura del Caribe, me precisa Márceles, Ana Mercedes Hoyos no hubiuera trascendido en el mundo como trascendió. Fue la luz y el color del Caribe los que le permitieron manifestarse en su obra artística. En un principio su obra fue muy abstracta y aludía el mundo andino, pero fue su descubrimiento trascendental de este universo afrocartagenero lo que la llevó a descollar intenacionalmente, fijando su mirada en las íntimas tradiciones y celebraciones del país, de lo vernáculo a lo universal. De la frialdad andina, la artista encontró ese color lujurioso del Caribe.
EL ESPÍRITU DEL COLOR
La Ana Mercedes Hoyos que conocí en Bogotá era una mujer de una mirada aguerrida, valiente y contestataria. El sentido de libertad enriqueció su espíritu y su obra. Estudió en la Universidad de los Andes y tuvo como maestros a Juan Antonio Roda, Luciano Jaramillo, Armando Villegas y a la crítica de arte Marta Traba. Ganó el primer premio en el XXVII Salón Nacional de Artistas de Colombia con la serie Ventanas. Desde 1966 comenzó a exponer su trabajo y a partir de 1987 realizó una serie de obras figurativas con motivos nacionales. Entre ellas, Bodegones de Palenque.
Se le iluminaban las pupilas cuando hablaba de Palenque. Allí encontró su esplendor.
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