El artista cartagenero Cheo Cruz residente en París, estuvo en el mes de octubre en la ciudad en las honras fúnebres de su madre Cira Mercedes Ulloa de Cruz.
Las manos de Cira Mercedes cuidaron desde siempre un espléndido jardín de veraneras, heliconias, corales y flores de La Habana, con la misma devoción amorosa con que crió a sus cuatro hijos: Cheo, Ana Clara, Cira Sofía y Carlos. Partir es volver a ascender en las manos de la divinidad, en la otra orilla donde suena una música leve como el fluir de las aguas abisales. Cira viaja con la serenidad y la sabuduría y el goce que tuvo para escuchar un bolero como Espérame en el cielo corazón o Historia de un amor.
En la ceremonia en la Ermira del Pie de la Popa, el artista Cheo trajo un Cristo de rosas blancas que iba despetalando con sus lágrimas y las iba dejando en las manos de sus amigos. Los violines de Héctor Iriarte, Sandra Salas y Ana Martínez, tres jóvenes músicos del barrio Nelson Mandela que integran la Fundación Músicos por Colombia, interpretaron una pieza religiosa y uno de los boleros que amaba Cira Ulloa de Cruz. Un acto sublime para recordar que los seres humanos que parten no se entierran sino que se siembran en los jardínes del corazón.
La casa de la familia Cruz Echeverría en el Pie de la Popa presidida por Cira y su esposo el médico y escritor Carlos Cruz Echeverría (ahora los dos juntos en la eternidad), fue centro de irradiación cultural desde hace más de treinta años. Orquestas musicales y grupos de artistas y escritores de Cuba y América Latina y del mundo pasaron por esa casa. En la fototeca de la casa aparece el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, Alejandro Obregón, Sofronín Martínez, el presidente Fidel Castro, el líder asesinado Luis Carlos Galán, entre otros. Recordamos que la Orquesta Aragón de Cuba se alojó en esa casa cuando vino a Cartagena por primera vez.
Cheo nos confiesa que en comunión con sus hermanos y familiares ha planteado la iniciativa de convertir esta casa tan entrañable en un Centro Cultural para perpetuar el nombre de sus padres, pero a la vez, continuar el espíritu de alianza cultural y de fraternidad creadora que sembraron los suyos. En memoria de Carlos y Cira.




