¿Cómo piensa la escena y la imagen Raymond DePardon? Es una respuesta que muchos quieren saber, mientras él desde sus historias en medio de un lenguaje oculto muestra.
Sin embargo esta vez dentro del marco del Festival Internacional de Cine de Cartagena en su versión número 55 el cineasta francés habló con más detalles sobre su trabajo desde la fotografía hasta el cine como lenguaje.
“Si existe un progreso en mi manera de filmar está en mi conciencia de la toma. De esta forma se puede ser un poco menos mirón”
Esto lo dijo haciendo un análisis sobre la imagen real que debe mostrarse en un film o documental. Y el tiempo que lleva hacer el montaje del mismo. Puesto que para él también requiere de reflexión.
“Para mí un gran montajista parte de cierto material inicial y respeta su extensión, pero eliminando toda repetición”.
La distancia con la cámara es otro tema que realmente lo apasiona y lo “obsesiona” como el literalmente dice y aunque para el suena como un tema difícil asegura que también es interesante porque al final tiene consecuencias sobre la escogencia del objetivo. Como fotógrafo y cinéfilo tiene su propia distancia en la vida, se considera un hombre tímido pero la cámara lo ha obligado a acercarse a la gente y poder tomar la decisión de filmarlos. Aunque con su cámara estática, logra observar, comprender y encontrar el lenguaje preciso dejando ser a los individuos, ese ha sido su principal compromiso.
“Dejo que la gente salga de cuadro y me quedo en los que no se mueven, como si ya existiera una puesta en escena”
La objetividad en la cámara que utiliza Depardon se eleva a una metáfora de filme completo, tal como lo explica, con una toma de conciencia de la gravedad de un acto, filmando lo que va de un acto a otro. Finalmente señaló como eje importante para sus creaciones fílmicas, el mantener sus creencias y concepciones de la vida gracias a sus capturas fotográficas cuando se dedicaba exclusivamente a la fotografía. Ya que pudo darle un sentido estético y original a sus obras, manteniendo su propia libertad a la hora de mostrar sus historias trazando líenas de grandes documentalistas norteamericanos de quienes habla con admiración y respeto como Robert Drew y Albert Maysles, resaltando en ellos importantes elementos tradicionales que no deben perderse como nuevos descubrimientos a través de la imagen.
“Temo que se quiera hacer cosas demasiado cortas, demasiado puntuales, para no aburrir a la gente, con el pretexto de que superamos el período experimental de los años 60 y el período político de los 70. Creo que se abandonó el género documental como si se lo hubiese agotado”.
