La despiertan los colores. Más de medio siglo junto a su esposo, el pintor y escultor Eladio Gil Zambrana (1929-2011), le permitieron aprender, asimilar y crear un mundo personal, en el silencio de su casa de Manga. La curiosidad inagotable por al arte empezó en su infancia, y lo que sedujo su espíritu fue el alma encantadora del muchacho Eladio, el artista y poeta, que entró en su corazón con pincel en mano y versos que improvisaba al ritmo de sus emociones.
María Josefa Piñero de Gil a la que todos conocen como Fini, es una artista que en la penumbra de tantos años, ha creado sin ínfulas pero con grandes méritos, una obra artística. El Maestro Gil también lo despertaban los colores y la voz misteriosa de sus esculturas que hablan con solo verlas.
Fini, discreta, sensible, recursiva, imaginativa, casi invisible, pintaba sin que Eladio Gil se diera cuenta. Eso fue al principio. Eladio pintaba con los primeros gallos, y luego del almuerzo hacía una pausa para la siesta, y Fini sorprendía a Eladio con una pintura vertiginosa resuelta en la siesta y en la mudez del taller. Él no lo podía creer. Su esposa que lo veía pintar y esculpir, había desarrollado un manejo de la técnica, del color y de la figura humana. Eladio exclamó frente al lienzo recién pintado: ¡Coño, Fini, esto está demasiado bueno! Vas a ser más famosa que Frida Kahlo!”. “No te burles, Eladio”, le dijo Fini. “No exageres”.
El humor de los dos remediaba los entuertos del mundo, y el humor de cada uno alentaba el sentido crítico individual y de los dos, y la devoción exigente por la creación artística, que fue como el pan y el vino de la casa. El Maestro Gil reconoció su arte silencioso y fecundo, y compartieron el taller en espacios definidos de gran complicidad gozosa y festiva. Pese a que ella nunca habla sino de su obra sino la de su esposo, Fini tiene una obra que merece ser conocida y valorada.
La casa de Eladio y Fini, es un museo de arte, forjado con las obras de los dos. Una experiencia de más de medio siglo que ha contagiado el espíritu creativo de sus hijas Raquel y María José Gil. No hay un solo espacio que no evoque a Eladio y a Fini. Ella no ha cesado de pintar. Nada la ha paralizado. Mucho menos el paso de los años que ella conjura con gracia, laboriosidad, mucho sentido del humor y pasión por los colores. La suya es una obra poseída de luz, visión lúdica del mundo y de la vida, que transmite felicidad con solo verla.





