Ricardo López Solano
Especial para El Universal
La legendaria canción “La víspera de Año Nuevo”, de Tobías Enrique Pumarejo y grabada por Guillermo Buitrago, cumplió 70 años. Himno navideño y nostalgia palpitante.
“El vallenato se está suicidando y hay que salvarlo”, ha expresado Daniel Samper Pizano, a propósito de este género musical declarado por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
Además agrega que el peligro que acecha al vallenato clásico, y que suscita la alarma de la Unesco, no viene de afuera sino de adentro. Procede del vallenato espurio que desvirtúa al que, por su belleza y tradición, forma parte del patrimonio artístico internacional.
Contrastando con este panorama desalentador, es grato traer a colación que ese clásico eterno de la música vallenata como es “La Víspera de Año Nuevo”, que cumple 70 años de haber sido creado por el patriarca y maestro de maestros del vallenato, Tobías Enrique Pumarejo Gutiérrez, Don Toba, quizás uno de los compositores vallenatos que más le debemos con relación a este reconocimiento internacional.
¿Y es que acaso “La Víspera de Año Nuevo” es un vallenato? Claro que lo es. Y al respecto Juan Gossaín considera que “La Víspera de Año Nuevo” de Tobías Pumarejo no se le considera como un vallenato original, porque en la grabación que de este tema hiciera Guillermo Buitrago, la intromisión del clarinete de Juancho Esquivel, le da un cierto tono de porro.
El origen de una canción
Doris del Castillo Altamar, su musa, vivía en la finca “Tolima”, vecina a la de Don Toba, “El Otoño”, jurisdicción del departamento del Cesar, predio por donde Doris pasaba todas las mañanas hacia un afluente del río Ariguaní donde solía tomar su baño matinal. Las miradas no se dejaron esperar y al poco tiempo surgió un cálido romance entre los dos que no fue de buen recibo por parte de su hermano mayor, Ramón.
El 22 de diciembre de 1945, Doris envió un Papelito a Don Toba con el señor Pedro Romero, propietario de una finca vecina, “Cuatro Bocas”, donde le dijo que Ramón, por lo de sus amoríos, había reprendido y había recibido correazos, por lo que ella se encontraba dispuesta a escaparse con él esa noche. Convenida la fuga a las diez de la noche, Romero alistó las bestias y salió a recoger a Doris cerca de su casa. Llevó a Doris hasta la entrada de “El Otoño”, donde Don Toba, que era un manojo de nervios, los esperaba. De ahí partieron hacia la variante principal para tomar un transporte que los trasladaría hasta Caracolí (Cesar), jurisdicción Sabanas del Diluvio y Camperucho.
Los días que siguieron a la fuga, fueron de pleno goce y disfrute entre Don Toba y Doris, una morena vibrante, de cuerpo contorneado, de piel tersa y de ojos grandes y ensoñadores. Por ese entonces, Doris se encontraba en plena flor de su vida; y esta vivencia estremecedora marcó de tal manera a Don Toba, que al final de su existencia, aun fallándole la memoria, le fue posible evocar, en los pocos momentos de lucidez que tuvo, el disfrute y el goce que durante ese periodo los embargó.
Don Toba, parrandero por naturaleza, el 31 de diciembre, muy temprano le dijo a Doris que se iba para Los Venados, población vecina a Caracolí, donde visitaría a unos amigos, con la promesa manifiesta, de que esa misma tarde estaría de regreso. Promesa que por supuesto no cumplió, ya que con sus amigos se quedó parrandeando hasta el 2 de enero. Pero los sentimientos de culpa y la preocupación empezaron a atormentarle, aguijoneada por el conflicto que se le planteaba, entre disfrutar de lo que le restaba del año en los brazos de su amada o el de seguir en el alborozo de la parranda, de la que presumía no le era posible marcharse. Y temiendo encontrar a su regreso a Doris enfurecida, si es que la encontraba en casa, todas estas conjeturas lo llevaron a buscar un pretexto para congraciarla a su regreso. Y en el fragor de la parranda, la solución, como caída del cielo, le sirvió de inspiración para la creación de ese himno navideño que cumplió setenta años.
Cuenta Doris que al llegar Don Toba a su casa en la noche del 2 de enero, la sorprendió con una serenata, y la canción con la que terminaron reconciliándose fue “La Víspera de Año Nuevo”. Canción inspirada en Doris, cuyos versos recogen el sentir y el goce por ellos vividos en esta su aventura de final de año.
La memoria musical
“La Víspera de Año nuevo” había sido cantada en una parranda en Valledupar en las navidades de 1946, interpretada por Efraín Hernández.
De esta interpretación recordaba Emiliano Zuleta una palabra de uno de sus versos que había sido cambiada en la grabación que para el sello Fuentes, hiciera Guillermo Buitrago.
El verso en mención decía: /Te quiero felicitar/ con el cuerpo y con el alma/ año nuevo lo quiero pasar/ junto contigo en la “cama”/. Palabra, “cama” que por sugerencia de Antonio Fuentes, el propietario del sello Fuentes, fue cambiada por la palabra “sábana”. Sustitución acertada que fue tomada de uno de los dos versos del tema original de Don Toba, que Buitrago dejó por fuera cuando grabó esta canción: /Bonitas son las “sábanas”/ del Diluvio y Camperucho/ “sábanas” privilegiadas/ por eso las quiero mucho/.
Pedro Romero, el alcahuete en la relación entre Don Toba y Doris, también me comentó, que cuando Don Toba regresó a “El Otoño” con Doris, 20 de enero de 1946, en la parranda de reconciliación con sus cuñados, les cantó varias veces “La Víspera de Año Nuevo”, que por ese entonces la llamaba “Gozando con mi Morena”, y que en esta interpretación incluía la palabra “cama” envés de “sábana”.
Consuelo Araújo Noguera, “La Cacica”, me comentó después, que en 1974, aproximadamente, Don Toba le había hablado sobre el verso donde incluía la palabra “cama” y no “sábana”, pero que ella ya lo conocía, porque “Nando” Araújo se lo había contado mucho antes.
El investigador, compositor y coleccionista de la música vallenata, Julio Oñate Martínez, me facilitó una entrevista, que el 21 de abril de 1991 le hizo a Efraín Torres, el guitarrista que acompañó a Guillermo Buitrago en muchas de sus grabaciones y en la famosa correría por la provincia en 1947.
Don Toba le entregó a Buitrago “La Víspera de Año Nuevo” y otros temas de su autoría que luego grabaron en el sello Fuentes. Una canción poética que por su belleza genuina, es patrimonio inmaterial de la humanidad.
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