Cultural

Darío Ortiz expone en el Museo de Arte Moderno

Expone en el Museo de Arte Moderno de Cartagena el gran artista colombiano Darío Ortiz, virtuoso del dibujo y la figura humana, cuya obra ha merecido premios y reconocimientos en el mundo.

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27 FEB 2019 - 05:06 PM

‘María’ (2019), del artista Darío Ortiz. Óleo sobre lienzo, 190 x 160 cm.//Fotos: CORTESÍA.

Es la magia del espejo en estas pinturas de Darío Ortiz (Ibagué, 1958). Uno nunca sabe dónde comienza el espejo y dónde el reflejo, porque las realidades que construye, o percibe, compiten con las soñadas e imaginadas. He visto dibujar como en un relámpago escenas que el artista contempla a diario, y donde él mismo es protagonista. Muchas veces es él mismo visto a través del tiempo, más joven o encarnando al que será en algunos años, dibujando la arruga que aún no ha llegado, retratando el paso del tiempo en la piel y en el alma. Porque Darío es tal vez uno de los contadísimos artistas que ha dibujado los cuerpos en todas las estaciones. En la plenitud y en la decadencia de las carnes. En el esplendor y en el ocaso. Pinta los cuerpos de las muchachas en el esplendor de sus glándulas y en el atardecer, que ha perdido el brillo bajo el párpado de las centinelas.

Supe de la existencia de este artista por mi cercanía a los escritores y artistas del Tolima, por los hermanos Carlos y Jorge Eliécer Pardo, por el acuarelista César Bertel y por el poeta Fernando Denis. Un día el músico Ricardo Arjona quería conocer Aracataca, la tierra de García Márquez, y le preguntó a su buen amigo Darío Ortiz, quién podía guiarlo hasta la morada de Macondo, y a Darío Ortiz se le ocurrió decir mi nombre en segundos, y aquello fue el principio de una aventura que no acaba. Me convertí en el guía de Ricardo Arjona en Aracataca, en un viaje en avioneta, en el que mi alma estuvo en vilo, mientras leía poemas junto al artista y el cantante. Al regreso, Darío se reía de cómo el cronista, en su pánico a las alturas, leía en voz alta poemas de Adonis para sobrellevar el miedo, y estiraba su pierna golpeando sin darse cuenta al cantante. Pero eso es para otro cuento. Todo lo anterior, para decir que Darío Ortiz es uno de los mejores retratistas de Colombia y del mundo, heredero de su maestro Epifanio Garay. Su vocación de creador y gestor de sueños, lo llevó a crear el Museo de Arte del Tolima, y a desprenderse de una invaluable colección de arte colombiano del siglo XVIII y XIX. Las escenas que pinta Darío retratan cuerpos en movimiento y en reposo. Una vez retrató a García Márquez y allí, en su mirada, estaba pintado el reino intangible de Macondo y la genialidad del artista que supo leer el trópico. Darío es un erudito, escritor, lector voraz, una sensibilidad con una curiosidad insaciable por la belleza y por la historia del arte. Conversar con él es cruzar los tiempos entre el Caribe y el Mediterráneo, y viajar al corazón de los artistas que lo han impresionado. Todas sus pinturas cuentan historias y episodios humanos. Todo artista es un descifrador de reinos intangibles. Darío retrata el lenguaje de los cuerpos y el alfabeto recóndito del espíritu. Su mano va tras la realidad, como quien entra y sale de un espejo. Uno nunca sabe dónde comienza el espejo y dónde el reflejo.

‘El moralista’ (2017), de Darío Ortiz. 130 x 280 cm.

‘Academia de dibujo’ (2016), de Darío Ortiz. 140 x 200 cm.

Darío Ortiz Robledo (Ibagué, 1968) tiene la virtud de pintar retratos que evocan lo clásico, escenas bíblicas y cotidianas. En una de sus recientes pinturas, la de ‘María’, retrata a una mujer palenquera, en un ángulo que capta su belleza y su expresión de silencioso sacrificio. Sus pinturas se exhiben en el Museo de Arte Moderno de Cartagena.

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