Lo más terrible de estas cuarentenas es la partida inesperada y solitaria de los amigos artistas, que entran al reino de la muerte, sigilosamente, a escondidas de Dios, sin hacer demasiado ruido, en contraste con la vida misma: exuberante, creativa, festiva, lúdica y mágica. Esta vez se fue sin duda el más grande marionetista de Cartagena y uno de los mejores del país y de América Latina: Camilo De La Espriella. No lo recuerdo de otra manera sino detrás de los hilos y del entramado maravilloso de su magia incesante. Como marionetista creó personajes y replicó a los ídolos de la salsa y del jazz, logró montar en marionetas conciertos en los que cantaban Celia Cruz y Pedro Knight. Y tuvo el privilegio de que la misma Celia Cruz viera su propia marioneta bailando y cantando bajo los hilos de Camilo. Y subiera al escenario a felicitar tanto a la Celia en marioneta como al marionetista. Las dos Celias, la miniatura agigantada y la real y tangible, agigantada por su arte y su perplejidad de niña.
Uno podía ver los hilos transparentes en el aire, pero también podía ver el alma de sus personajes. Ya no eran los hilos los que los movían, sino la vida y el arte mismo. O los hilos movían a Camilo o las marionetas a su vez cobraban vida propia en el pequeño y magistral teatrino de su creador. En su maleta de viajero encantador de horizontes y de niños, Camilo viajaba con su familia de marionetas. Un día, en un viaje absurdo y tormentoso, su maleta desapareció en una confusión deequipajes, las marionetas secuestradas emprendieron otro rumbo y al marionetista lo culparon de un infierno ajeno del que salió bien librado tiempo después. Ese episodio digno de Kafka ameritaría una sola crónica, pero ahora lo que cuenta es la vida maravillosa de Camilo más allá de su propia muerte. Un artista consagrado y un gran ser humano que hizo de su propia vida una obra de arte. Camilo no vivía con la prisa del que codicia o espera algo, sino con la paciente sabiduría del que busca belleza en lo invisible. Una rica y espléndida personalidad como la suya enfrentada a la amenaza de una diabetes o a los acosos cotidianos de todos los mortales, nunca se dejó ensombrecer por nada ni por nadie y encontrarse con él era una forma de felicidad suprema. Camilo siempre tenía una sorpresa que ofrecernos. Y en sus personajes se traslucían el encanto, la gracia, el humor, la ironía, la imaginación y la desmesura, y también como en el reverso de la moneda, los dramas del ser humano: el amor, el desamor, el miedo, la ternura y esa inesperada y mala costumbre que tenemos todos de morirnos. Porque también Camilo se burlaba de lo convencional, de lo solemne, de las injusticias y las desigualdades y también de la muerte.
Algo de todas sus marionetas había en él cuando se quedaba en silencio o echaba bocanadas lentas de humo al aire, suave y delicadamente, intentando que el humo se convirtiera en alguna pintura abstracta móvil o en algún animal mitológico. Camilo era divertido en todos los momentos, incluso en los más dramáticos. Hace dos años la organización del Festival Nacional de Títeres de Cartagena, que impulsa la Corporación Cultural Trotasueños, bajo el impulso incesante de Eliécer Peternina y su bella tribu de titiriteros, le organizó un homenaje por su trayectoria artística, y llovieron voces de todas partes para festejarlo, como siguen lloviendo voces de todo el país y de distintos lugares del mundo al enterarse de su partida.
Camilo es un referente del arte escénico colombiano y un artista que ilumina el panorama regional y nacional del teatro de títeres y marionetas, al que consagró su vida hasta poco antes de partir. Además, fue un formador de varias generaciones de marionetistas y titiriteros, a los que les enseñó una vocación voraz y espartana en las artes en general, y en el conocimiento de la historia del mundo.
Eliécer Paternina llora ahora junto a sus títeres y junto a tus marionetas. Camilo, mira cómo te veneraban los titiriteros de los distintos rincones del mundo y del continente, que han enviado sus palabras para celebrarte:
Angélica: ¡Buen viaje a nuestro querido amigo Camilo De La Espriella! ¡Ahora con sus hilos a llenar de magia el universo!
Natividad: Querido Camilo, buen viaje, nos quedará el recuerdo de tus hilos y tus pinceladas.
Néstor: Maestro, gracias por la magia de tus hilos...
Valerie: ¡Oh, Camilo tejedor de sueños! ¡Emprendiste viaje, fuiste a encontrarse con la luna!
Carlos: Camilo no te olvides del camino de regreso. Cada vez que se abra un telón, te recordaremos, y vas a tener que estar entre nosotros
Édgar: ¡Buen, viaje maestro! ¡Te fuiste a manejar tus hilos al más allá!
Pato Estrella: ¡Marionetas leven anclas! ¡El timonel está dispuesto! ¡Trajeado y maquillado, se va de gira al país de los aplausos! ¡Todos al teatrino! ¡Buen viento y buena mar, Camilo querido!
Matías el titiritero: Buen viaje, querido Camilín.
Diana: En hermosa Luna con la luz, te vas. El titiritero de las 7 vidas. Bendiciones para tu viaje.
Patty Alan, Buenos Aires: Emprende un viaje con hermosa luz, y sus marionetas acompañan su viaje, larga vida al maestro.
Paco Estrella: Brillará siempre tu luz. Serás una estrella de nuestro cielo.
Gabriel, Buenos Aires: Buen viaje, viejo loco, amigazo, guerrero de las adversidades, ácrata incorregible, maestro de las marionetas y de la vida... Soltaste los hilos al fin, luego de tantas mojadas de oreja a la parca...
Fantástico: Buen viaje al Artista del viento. Por momentos tiene una actitud punk; por momentos es ácido y corrosivo. Pero detrás de sus trabajos, surge la poesía en todo su resplandor y expresión. Camilo De La Espriella es un artista inclasificable.
Andariego, inquieto, se deja llevar a donde lo lleve el viento. Y, en ese viaje de búsquedas y encuentros, no para de crear, de proponer, de entregar, en vida y arte. Capaz de encontrar expresión en cosas mínimas, como los huesos del pollo, ahí va él, con el cigarro en la boca y el corazón abierto, compartiendo su saber, más de 40 años de profesión titiritera. Aunque nacido en Cartagena y radicado en Bogotá, él es un verdadero “Ciudadano del Mundo”.
Las marionetas de Camilo De La Espriella tienen vida propia. Contemplar una función de Camilo en el Centro de Formación de la Cooperación Española o en el Teatro Adolfo Mejía era asistir a un espectáculo de la imaginación. Camilo era un perfeccionista de sus propias marionetas, hasta que el espectador, por arte de la prestidigitación, sintiera que quien manejaba al marionetista con mayor sutileza, coraje y conmovedora ternura, no era el marionetista sino la misma marioneta irreverente, iconoclasta y festiva como el mismo Camilo De La Espriella.
De esos hilos pende ahora el cielo que une al mundo con el corazón de sus espectadores.


