El colapso financiero y económico que ha generado la pandemia global ha desestabilizado y socavado la sostenibilidad económica de distintos sectores de la sociedad en Cartagena y en el mundo, entre ellos, los músicos, quienes claman una audiencia con el alcalde William Dau y las directivas de la cultura local (IPCC), para encontrar alternativas públicas que alivien, desafíen o conjuren la encrucijada que tiende a prolongarse.
Los músicos no son la excepción a esta crisis sanitaria y financiera global. Muchos músicos de África, Europa, Estados Unidos y América han sido víctimas del COVID-19.
En Cartagena y en el Caribe la crisis se nombra de muchas maneras, pero es la misma y en algunos más que otros, la desestabilización económica por el cierre de escenarios públicos y privados revela también la desprotección socioeconómica de muchos músicos, algunos organizados, agremiados, otros, independientes, con formas distintas de sustento derivados de conciertos, bandas sonoras, docencia en universidades de música, festivales musicales, conciertos en conservatorios, teatros, instituciones culturales, conciertos en hoteles, bares y artistas que también sobreviven como músicos en espacios privados y públicos.
Los músicos viven su propia crisis en esta cuarentena.
Consultamos a muchos músicos de la ciudad en esta cuarentena, quienes expresaron algunos de manera enérgica, su desamparo y desencanto ante las políticas públicas, y otros, además de criticar, propusieron iniciativas interesantes y sugestivas.
Luis Alberto Jerez, destacado músico sinfónico, violinista y compositor: “Para mí la crisis que viven los artistas en Cartagena de Indias es de alta gravedad, dado que por ser una ciudad turística la demanda cultural y artista es alta. Esto hace que un número alto de habitantes sobreviva a diario del arte. Vemos que Cartagena es una ciudad que genera eventos a diario, en la mayoría de ellos siempre hay artistas actuando a fin de brindar un espacio cultural en los eventos. Como ya no hay eventos estos artistas ya no tienen sueldo, no tienen cómo alimentar a sus familias, yo, particularmente, conozco incluso a artistas famosos que están pasando por un momento económico difícil. Iniciativas para encarar la crisis desde el arte hay pocas... estamos más que todo en manos de las pocas convocatorias existentes”.
Boris García cree que una alterativa en esta crisis son los proyectos que se generarán desde plataformas virtuales, con aportes innovadores. ¿Cómo lograr que esos proyectos sean sostenibles y generen flujos económicos?
“Tenemos un reto grande los músicos en este momento de aislamiento. Encontrar proyectos desde lo virtual que generen sostenibilidad es hoy una inquietud generalizada. Hemos encontrado puntos vitales de solidaridad dentro del gremio como colectivo y compartimos nuestro arte como generosa expresión que ayuda a sanar en estos momentos de incertidumbre. Es fundamental crear nuevos formatos que puedan captar recursos empresariales, institucionales y de personas del común, formatos innovadores que combinen interactividad con nuevos encuentros desde lo artístico y permitan avanzar paso a paso hacia lo presencial”.
El chelista y profesor de Unibac Jorge Nordmann Aguilera confiesa: “En mi situación particular, he logrado mantenerme con mis clases virtuales en la universidad, lo cual se ha convertido en todo un desafío pedagógico de comunicación.
“Afortunadamente la mayoría de los estudiantes de mis cursos tiene acceso a Internet, aunque en varios casos la tecnología es limitada. De allí que me ha tocado aprender, experimentar y hasta inventar nuevas maneras de dar clases. Tal como pasa en cualquier crisis, sacan lo bueno y lo malo de cada uno de nosotros, así como nos hacen ver de lo que somos y no somos capaces de lograr. Creo que esto se convierte en una problemática mayor, puesto que como docentes también nos toca incentivar a nuestros estudiantes a que no bajen la guardia y a nosotros mismos a motivarnos a seguir en medio de una crisis que evidentemente no es solo de salud sino económica.
“Somos una generación que ha crecido en medio de las facilidades de la modernidad y de las tecnologías de la comunicación, pero que me han dejado ver como profesor que el uso que le damos es realmente hacia temas no educativos.
“Como intérprete, la crisis nos ha afectado económica y moralmente, puesto que se ha visto un abandono del Estado con una ayuda que es precaria. En Cartagena solo una convocatoria intenta dar ayudas a este sector, pero no son realmente suficientes para quienes viven del arte y de allí tienen que comer y pagar tantas obligaciones en un período de tiempo que cada vez es más incierto.
“¿Qué pasará luego? ¿Dejaremos morir el arte? ¿Qué haremos con los que dan fuerza al corazón y sanan almas? Es difícil dar una solución diferente a una ayuda económica, pero, y luego de esto, lo más importante es definir cómo vamos a hacer para proteger nuestras manifestaciones, nuestra historia, nuestro arte. Solo espero que no desaparezcamos, así como el intento de Hitler por borrar los pueblos a través de la quema y confinamiento de los tesoros más valiosos por donde irrumpió, tal como lo relata la historia de los salvadores del arte y su Operación Monumento”.
Francisco Lequerica, músico, escritor y artista múltiple, que ha logrado propuestas singulares con la música champeta en el formato sinfónico, plantea controversias personales y colectivas al sector público de la cultura a nivel local y nacional y propone sus iniciativas: “Considero que, aunque la voluntad del IPCC sea la de ayudar al gremio a través de estas convocatorias masivas que está realizado, se está forzando al artista a incurrir en temas de burocracia y gestión cultural que no le conciernen y que no siempre están a su alcance, además de que se ha generado mucha confusión alrededor de las modalidades de inscripción y demás minucias que solo nos apartan de nuestra labor.
“Los músicos de la ciudad nunca han sido solidarios, por lo que ahora se evidencia cada vez más la falta previa de infraestructuras para su integración como gremio o comunidad profesional. El teletrabajo es una opción para los artistas que sí dispongan de una buena conexión de Internet (no es mi caso), pero para los músicos creo que queda claro (sabiendo que aunque se levante la cuarentena, la mora sobre los espectáculos perdurará) que toca re-imaginar nuestra labor.
“Como compositor he escrito una obertura ‘Los Malandrines, op. 70’ durante la cuarentena, y considero que se podría mantener una temporada musical activa de modo virtual con las aplicaciones que permitan grabar cada pista desde la casa, por ejemplo. Varias agrupaciones y artistas han hecho esto y ha sido un recurso exitoso muy compartido.
“También se podrían hacer talleres, conferencias, y estimular la escucha ciudadana de contenidos novedosos e inclusivos. Con apoyo para construir patrimonio, lo haríamos, pero ellos lo ven como una ayuda de emergencia, y no como la aplicación básica de su función política. Los artistas necesitamos el apoyo en cualquier período, de crisis o no. La zoonosis que le legó a la especie humana esta pandemia no tiene la culpa de la pésima organización socio-política que venimos arrastrando hace años.
“Sospecho que el IPCC, como tantas otras instancias del arte hoy en día, confunde crucialmente Arte con Entretenimiento, lo cual abre la puerta a la usurpación de las funciones y de las semióticas culturales. En este sentido, me siento completamente desamparado. Si Mincultura quería hace mes y medio, robarse el patrimonio cartagenero, ¿cómo confiar ahora en su buena voluntad de ayudarnos? Las sopas de letras que propone IPCC demuestran una falta de imaginación y de recursividad preocupantes: parecen más tecnócratas que artistas o gestores culturales, parece que les falta referencialidad.
“Considero que las autoridades deberían estar más a la escucha de las necesidades de los artistas con mucho más empeño, para establecer estas plataformas permanentes de trabajo, y entender que no pueden bloquear (como ha hecho Saia Vergara conmigo) a los artistas del diálogo. Son ellos quienes trabajan para nosotros y no viceversa”.
La vida en cuarentena. La vida de los músicos de Cartagena, en medio de la incertidumbre de esta encrucijada global en la que está en riesgo la vida de los seres humanos. Junto a la supervivencia, el dilema económico y el abastecimiento alimenticio del día a día. La imaginación y la creatividad no cesan. Surgirán novelas, pinturas, canciones qua ya empezaron a crearse, nutridas de esta noche en medio de la tempestad. Músicas en distintos géneros que conjurarán al fantasma viral y encontrarán nuevas razones y motivos para vivir e inventar, como un barco que se bambolea en el mar, buscando a tientas como un adivino en la oscuridad, la luz de la tierra firme.




