Istvan Dely despertó el mar dormido de Cartagena de Indias, con sus gigantescos tambores batá, luego de una inmensa travesía que empezó en su Hungría, echó raíces en África y Cuba, y culminó en este rincón del mundo.
Había nacido el 7 de diciembre de 1944, en Pécs, una ciudad al sur de Hungría, a finales de la Segunda Guerra Mundial, pero dos cosas tuvo claras desde niño: no le gustaba para nada ver el cielo ennegrecido por las bombas y menos, el frío de las madrugadas. Así que su sueño era vivir en el trópico.
Istvan vivió en Cuba en 1966, regresó en 1969 a Hungría y conoció a su amor eterno, a Leonor, en París, en 1975. En abril de 1977 se vino a vivir a Colombia. Se mudó a Cartagena de Indias en 1978. Lea aquí: Luto en Cartagena: murió el músico Istvan Dely
Lo conocí como el traductor húngaro de la novela ‘El otoño del patriarca’, de García Márquez; como el profesor y traductor de inglés, como el extraordinario fotógrafo de los festivales de música del Caribe, recuerdo una de sus fotos en la que una de bailarina parece levitar mientras baila. Recuerdo, al mismo tiempo, imágenes dispersas de toda la vida cultural de Cartagena de Indias y Palenque.
A Istvan lo conocí enseñando a sus niños el arte de la música, junto a su bella mujer, Leonor, voz ancestral, maestra y cómplice de todas sus aventuras espirituales y creativas. David, nacido en Armenia en 1976, y Shangó, nacido en Cartagena en 1978. Muy pronto vimos los frutos dorados de aquella siembra inagotable. Los niños no alcanzaban a tocar los enormes tambores, y llegaron a dominarlo por el ímpetu del corazón. Shangó se convirtió en el mejor tamborero niño de Cartagena, ganó un premio como el mejor percusionista en Cuba, y más tarde, en uno de los mejores del mundo. David, por su parte, con el don de la composición musical y la herencia de sus padres, siguió el camino de la música y las artes, y se nos fue en la primera claridad del amanecer siendo un muchacho, dejando semillas doradas en la tierra abonada. Shangó tocó con Carlinhos Brown, de Brasil, con el legendario Carlos Santana, y con incontables artistas de Europa, Asia y África. También Leonor, su madre, es una excelente compositora de obras musicales llenas de amorosa raigambre ancestral africana. La partida temprana y repentina de David sumió a Istvan y a Leonor en un desconsuelo terrible. Pero ellos sintieron el inmenso consuelo que la música les prodigó a través de Shangó, la reserva humana y espiritual de sus ancestros y la memoria viviente de todos sus tambores.
Millero Congo
Tu herencia de Millero Congo está viva, querido Istvan, percutiendo en los caminos de las heredades y en la sangre de la música que resuena en Cartagena. Tus tambores resuenan con la misma plenitud. Están contigo, Istvan, David, los dos ahora tocando desde la otra orilla, y sintiendo la música profunda que late en el corazón de Shangó y Leonor y de toda la ciudad junta a la que sembraste tantos destinos. Aquí está Pedro Blas, querido poeta, recordando que tenías licencia “para oficiar sobre los Sagrados Tambores Batá, a razón de llegar a ser otro blanco europeo, pero más que todo de origen judío, iniciándote en Cuba, dentro de las religiosidades del Palo Monte Mayombé, Rama Briyumba, donde al saludarte exclamaba: “¡Igboru Ig Boyá Igbo Ché Ché, que el Gran Zambi te acutare!”. Y a la barriada de Getsemaní fuiste, Istvan, a enseñarle el toque de tambores a los niños y a los jóvenes,
Boris García está ahora junto a Shangó proponiéndole a tu hijo que en tu nombre suene los tambores antes de su regreso a Europa. Boris dice que tú, Istvan, “eres un maestro entrañable de la música de tambores y ritmos imaginados. Un verdadero innovador de células rítmicas que marcaron el camino para las nuevas músicas colombianas y del Caribe. Gracias Istvan, por tanto. Por David, con quien te reencontrarás en la espiritualidad, gracias por Shangó, el gran groove man, quien sigue tu legado infinito. A Leonor, tu esposa y artista esencial, mi abrazo lleno de afecto y fuerza. Paz en tu viaje sin fin, querido Istvan, Millero Congo. De Budapest a Cartagena de Indias, un tambor de verso indeleble”.
La semilla sonora
Istvan hizo de Cartagena de Indias su morada estable, la ventana incesante por donde se asomaba y enviaba los mejores augurios sonoros al resto del mundo. Hombre de mirada tranquila que transmitía paz interior y cuya visión profunda descifraba universos culturales. Su familia artística, junto a Leonor y sus hijos, fue Millero Congo, multiplicada en las barriadas de Cartagena, y ahora en el mundo, en la herencia de David y Shangó, y en sus cinco nietos: en Corina Isabel y Santiago Ahman Dely Andrade, los hijos de David y Claudia. En Naia Luzía, Nilo Abbas y Leo Nahuel Dely Sancho, los hijos de Shangó. y Clara. Su intensa vida llena de aventuras artísticas quedaron escritas en su libro inédito de memorias: Tabalá. Resuenan los tambores en el cielo y la tierra.
