Me tropiezo a diario con gente mordida por la nostalgia de querer revivir sueños de Cartagena de Indias que se realizaron hace más de un siglo. Lea aquí: Luis Carlos “el Tuerto” López, de vuelta a las tertulias del Bodegón.
La trampa de la nostalgia es que siempre se idealizan los propósitos imposibles para hacerlos posibles, pero, al igual que la sentencia de Heráclito, nadie se baña dos veces en el mismo río, y nadie vive dos veces la misma zambullida de deificar los recuerdos. Una de las nostalgias que ha deseado revivir la ciudad es el Festival Internacional de Música del Caribe, que se realizaba hace cuarenta años. Nada volverá a seguir igual a esos festivales maravillosos no solo porque vivamos otros tiempos con singularidades y patetismos desoladores, después de una pandemia y una guerra atroz, sino porque la vida se transmuta, muda su piel como las serpientes. Lo que se preserva en una revitalización de vivencias culturales es el espíritu de las cosas, en este caso, la buena música de África que nos llegó de manera encarnada a la ciudad, y la buena música del Caribe continental y de los latinos en Nueva York. No existía internet y todo era tan reciente que las cosas para nombrarlas había que señalarlas con la yema de los dedos, como bien lo recuerda el más grande fabulador del Caribe y Colombia. Intentar hacer un nuevo festival del Caribe tendría los ingredientes novedosos de la contemporaneidad, las fusiones afortunadas de músicas ancestrales con música moderna, y tal vez, las músicas nacientes o los híbridos sonoros en las urbes, fruto de largas y terribles exclusiones sociales profundas.
Te puede interesar:
‘Quais de mim você procura?’: el libro brasileño sobre el wollying que llegó a la ONU
Es cierto que las estrellas que pasaron por Cartagena, muchas de ellas, encontraron en la ciudad una plataforma mundial de lanzamiento. La Familia André y Daiquirí, para citar dos ejemplos, se lanzaron en Cartagena para el mundo. Y el fenómeno de la champeta que inicialmente se llamaba música terapia, encontró en el festival cartagenero su proyección nacional y mundial. Esa memoria está por escribirse no para petrificarnos ante el pasado, sino para reinventarnos ante el futuro.
La revitalización de la naciente tertulia El Bodegón, que busca revivir la célebre tertulia en la que participaba el más grande poeta cartagenero de la primera mitad del siglo XX, Luis Carlos López, es una idea positiva y alentadora para preservar el legado del poeta, pero nada será igual a las tertulias que se hacían hace cien años.
Esta tertulia de 2022 tiene y tendrá el sello de su época y su tiempo. Se preserva el espíritu de aquellos tiempos en que el Tuerto López, que era bizco, miraba con mordacidad e ironía a sus contemporáneos, y los retrataba en sus poemas. Las nostalgias perpetuas son más significativas si Cartagena las asume como nostalgias propias, como pasión de la sociedad civil, acompañada de una política pública que las salvaguarde y mantenga en la vida cultural de la ciudad. Pero adolecemos de esas políticas públicas, y cada año reiniciamos el camino ya recorrido. Los quijotes mantienen el espíritu para enfrentar molinos de viento. Y ese espíritu es saludable para reinventar los sueños de a Cartagena.
La revitalización de la naciente tertulia El Bodegón es una idea positiva y alentadora para preservar el legado del poeta Luis Carlos López.