La obra completa del narrador y poeta colombiano Álvaro Mutis (1923-2013) se publica en tres tomos en Random House, para celebrar el centenario de su natalicio. El tomo de su obra poética reunida Suma de Maqroll el Gaviero abarca desde 1947 a 2003, en un volumen de 282 páginas, con un prólogo del también poeta y narrador William Ospina.
El alma aventurera y exploradora de alturas y abismos de Maqroll el Gaviero palpita en cada verso de Mutis. En todo hombre, en esencia, habita un Maqroll el Gaviero, ha sugerido un iluminado escritor de nuestro tiempo. Porque en cada ser hay una criatura con vívida o apagada sed de aventuras. Hay quienes emprenden la aventura y quienes la sueñan. Incluso dormido, el ser humano tiene la tentación de ser el aventurero que aún no es. Le puede interesar: William Ospina tras el sendero de Humboldt en su nueva novela
El que emprende las más grandes empresas que lo llevan a la ilusión y al fracaso, al desencanto y al júbilo de los espejismos que desaparecen bajo la luz y la sombra de los desiertos.
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Mutis nació en Bogotá en 1923, y decía con picardía que no lo volvería a hacer, porque uno nace donde siembra sus delirios. Y esos delirios florecieron en sus vacaciones por el Tolima, en las aguas del río Coello, en donde el poeta deseó que sus cenizas fueran esparcidas sobre ese lecho de aguas profundas que acarician los sembrados de arroz. También lea: El periodismo se toma Bogotá, vuelve la edición 11° del Festival Gabo
La poesía de Mutis es la de un navegante que se sumerge en el misterio de las cosas y los seres, su río y su mar son metáforas de la aventura humana. Y Maqroll es la suma de todos los delirios, su alter ego que se asoma en el barco para presentir la tormenta o el resplandor del cielo amarillo lavado por la lluvia.
En estos poemas, Mutis sentencia que cada ser debe mantenerse intacto ante el milagro paralelo de morir: “Que te acoja la muerte con todos tus sueños intactos”. En la visión de William Ospina, “Mutis es el único caso que conozco de un poeta que comienza descubriendo apasionadamente su continente y que después opta por celebrar el mundo remoto y crepuscular de esas fatigadas culturas. No está en los poemas de los últimos tiempos una mera evocación de El Escorial y de las piadosas naves de la catedral del Apóstol en Santiago de Compostela: él intenta la temeraria alabanza del reino, e incluso una celebración de Felipe II, contrariando una obstinada tradición literaria desde los simbolistas, y Víctor Hugo, y Verlaine, que es la de ver en esa corte y en ese monarca severas apoteosis de la crueldad y de la tiniebla”.
Desde sus primeros poemas se advierte su grandeza: “Hay que inventar una nueva soledad para el deseo”. Lea además: Dos secretos históricos de Cartagena. ¡Conócelos!