El libro ‘Botero 90 años’ publicado por la Gobernación de Antioquia, da cuenta de la obra de Fernando Botero, pero también de su generosidad. En sus páginas están registradas cada una de las pinturas y esculturas que el artista ha donado a la ciudad y que están bajo la custodia del Museo de Antioquia. Pero el libro, más que ser un catálogo, tiene como propósito acercar a las niñas y los niños del departamento al arte a través de la obra del maestro.
“En medio de una historia que ha buscado superar la inequidad para encontrar la paz, Fernando Botero ha querido desde el arte y otros frentes de solidaridad ser uno de los grandes benefactores en favor de la infancia, el desarrollo integral y la profesionalización del campo de la cultura en Colombia”, escribió la directora del museo María del Rosario Escobar.
El libro celebra la vida y la obra del maestro, que ha sido un embajador de Antioquia y de Colombia en el mundo. Su hijo Juan Carlos estuvo en el presentación. EL COLOMBIANO habló con él para saber más del hombre detrás del artista. Lea aquí: ¿No puede ir al museo? Vea más de 100 obras de Botero gratis y online
¿En qué momento se dio cuenta de quién era su padre para el mundo?
“Nosotros crecimos viendo a mi padre batallar contra el anonimato, el ninguneo, la falta de reconocimiento. Él vivía muy pobremente y con muy poco éxito. Pero el momento en que yo me di cuenta de que algo había cambiado fue cuando uno de los primeros galeristas que tuvo en los Estados Unidos le ofreció cambiar un cuadro por un carro. Con mis hermanos le dijimos, papá, qué maravilla esto. ¿Lo vas a hacer? Dijo que no. Él ya tenía claridad de que el cuadro costaba más que el carro en ese momento. Eso debió ser en el año 66, por ahí”.
¿Esa conciencia temprana del valor del arte de su padre cómo cambió la relación con él?
“Él ha sido una persona muy sencilla toda la vida. Lo que cambia de mi papá es lo que lo rodea. Quizá las paredes o un automóvil, pero él sigue siendo exactamente la misma persona. Tengo tres maneras de admirar a mi padre: como artista, que me parece realmente un gigante; como ser humano, por su generosidad, su calidad humana y su sencillez; y como padre. Lea aquí: La historia tras La paloma de la paz que por fin llegó a manos de Gustavo Petro
Cuando se es niño uno no se da cuenta, pero con el paso de los años, ya que uno tiene hijos también, entiende lo que él hizo con nosotros, que fue increíble, demostró una grandeza extraordinaria en esa pobreza, las cosas que se le ocurrían para distraernos y divertirnos eran geniales”.
Era un contador de historias y usted es novelista, ¿qué relación tiene su oficio de contar historias con su padre?
“Creo que viene mucho de ahí. Él es un contador de historias nato, y eso se manifiesta en su obra. Me gustaría que alguien hiciera el conteo de cuántos personajes existen en su obra. Es un mundo entero, un universo extraordinario, lleno de personajes de todo tipo, él ha hecho de todo”. Lea aquí: Maestro Fernando Botero cuestiona cierre de su plaza en Medellín
Usted habla de coraje para describir a Fernando Botero como artista, ¿dónde ve ese coraje?
“A uno se olvida lo que fue para un artista pobre, desconocido, sin éxito, burlarse de la iglesia católica en los años 50. La iglesia católica con el concordato, por favor, eso era un tabú intocable. Requirió mucha audacia para hacer eso y para burlarse de la aristocracia colombiana y de los dictadores latinoamericanos en los años 60 y 70, que fueron cuadros tremendos.
Y se necesitó muchísimo temple para pintar esa serie de la violencia en Colombia, denunciando el paramilitarismo, la guerrilla, el narcotráfico, la delincuencia común, los esmeralderos. Y para denunciar las atrocidades de los guardias norteamericanos en la cárcel de Abu Ghraib, en Irak. Y además, no solo eso, sino exponer esa obra entera en Estados Unidos y regalarla a ese país”.
Fue rebelde también...
“Total. Él dice que ha sido un rebelde permanente. Y fíjate, nunca perteneció a una escuela, a un movimiento, siempre fue solo en contra de las corrientes del momento. Él tiene una lucidez de nutrirse de todo lo que ha visto, inclusive de los artistas, de esa audacia, pero sin renunciar a sus convicciones. Se necesitaba mucho coraje para ser fiel a sus ideas”. Lea aquí: Día del Escultor: estos son los escultores colombianos más famosos
En qué momento se vuelve universal un personaje tan antioqueño...
“Para mí lo que mostró de una manera impactante y abrumadora su universalidad fueron las tres exposiciones que se hicieron en la China (Beijing, Shanghai y Hong Kong). Porque que una persona con una temática tan latinoamericana, tan colombiana, tan antioqueña, triunfara de esa manera en la China, que es una cultura tan ajena, tan distinta, mostró un aspecto que muy pocos artistas han alcanzado, que es la verdadera universalidad. Y él me decía, mira, es que un verde bello se aprecia en cualquier cultura.
Y eso es cierto, como el arte es una expresión visual, los colores, la forma, la exaltación del volumen, todos los elementos que caracterizan la obra de mi padre se pueden apreciar en cualquier lugar. Pero su temática tan local es a la vez universal, porque antes que ser universal hay que ser parroquial, como él dice, y tiene toda la razón, porque solo al hundir las manos en las raíces más profundas de la condición humana es que tocas los elementos que son comunes a todas las personas”.
“Es muy diferente. Es muy tierno que la gente asocie la obra de mi padre con la gordura, pero él dice que nunca ha pintado una persona gorda en toda su vida. No tiene nada que ver con eso, sino con el volumen”. Lea aquí: 8M en Medellín: vandalizaron esculturas de la Plaza Botero
¿Pero él tuvo eso claro desde el principio?
“Mira, a él le pasó una cosa increíble e inexplicable. Si tú miras los cuadernos de colegio de mi padre, cuando era un niño, los dibujos que hizo tenían instintivamente una inclinación por lo volumétrico. Cuando llegó a Europa y encontró la pintura de Piero della Francesca, Masaccio y demás, encontró resonancia a esa inquietud en esos artistas. Y cuando leyó los grandes ensayos de Bernard Berenson, que hacía una gran apología al volumen, mi padre encontró sustento intelectual y filosófico a lo que había sido una inclinación intuitiva. En ese momento se fue más allá, ahondando aún más en esa exaltación del volumen con la convicción que transmitía belleza y sensualidad”.
¿Qué tanto pesa la sombra de su padre en ese sentido?
“Doy gracias a Dios que ninguno tuvimos influencia con la pintura, porque si pesa, aún en campos diferentes... Ya no, yo ya tengo nueve libros publicados, tengo una carrera y demás, pero al comienzo era una cosa abrumadora, una sombra tremenda”. Lea aquí: Falleció la artista Sophia Vari, esposa del maestro Fernando Botero
¿De dónde viene ese amor de su padre por el país, por Antioquia, esa filantropía tan única y escasa en Colombia?
“Por gratitud. Mi padre es un hombre muy exitoso gracias a su obra, pero su obra es el resultado de su país. Por eso su gran gratitud y amor por Colombia. Él entendió que la materia prima de su obra es su propia tierra. Entonces, es una manera de devolver atenciones”.
