Cultural

Pedro ‘Ramayá’ Beltrán Rey de la Flauta de Millo en el Caribe

Pedro Beltrán es el autor de ‘El santo y parrandero’ ganó el Premio Vida y Obra del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes.

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GUSTAVO TATIS GUERRA
21 OCT 2023 - 05:00 PM

La música entró con la luz de noviembre a la casa y se quedó flotando como una pompa de jabón en nuestra memoria. Era Pedro Ramayá Beltrán (Patico, Talaigua Nuevo, Bolívar, 1930), el Rey de la Flauta de Millo, de 93 años, quien acaba de ganar el Premio Vida y Obra del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. El viento sopla ahora su canción Santo y parrandero:

Por sus fiestas novembrinas

Y su santo San Martín

Llevamos alegría sin fin

Hasta sus playas marinas′

Y en sus horas vespertinas

Se mira la mar serena

Luego la mujer morena

por el camellón pasea

y el negro que la desea

Así eres tú Cartagena

Fue su alumno Marlon de la Peña, de Talaigua Nuevo, quien me lo presentó y tuve la impresión que Pedro Ramayá Beltrán era como esos hombres que no mueren nunca y resucitan cada vez que suenan sus canciones y vuelven a nacer cada vez que empiezan las Fiestas de la Independencia de Cartagena, pero esta vez, el hombre estaba allí con sus ojos pequeños e iluminados del chamán de las flautas de millo que venía a contar con los estudiantes de Bellas Artes de Cartagena el secreto de una música que viaja sin dormir desde hace más de quinientos años en la sangre de la tribu insomne. Lea aquí: Noche de teatro en Cartagena: este martes será la función gratis de “Memoria”

Cuando sonó su flauta de millo vi a través de sus ojos vivaces al niño que empezó a tocar la dulzaina, al pie de su padre Miguel Beltrán, que era gaitero, compositor, rezandero y curador de mordeduras de culebras con solo rezar ensalmos montunos. El niño Pedro lideró su grupo musical a sus doce años, y se embebía y flotaba como un ángel escuchando la flauta de su paisano Gregorio Polo. Lo único que quería hacer en la vida era tocar la flauta, pero primero tuvo pagar el servicio militar obligatorio, conocer el régimen marcial, aprender a tocar el acordeón en donde participó en las murgas militares, aprendió a ejecutar el acordeón y la guitarra, hasta llegar a donde había soñado desde niño: la flauta de millo. Su cuello tenía un rabo de gallo de rojo encendido y sus dedos apretaron los agujeros de la flauta de millo para seguir el rumbo de su célebre canción que es más que un himno de noviembre, un patrimonio de los colombianos. Cuando sonó la canción sentí que había empezado a sonar mucho antes como una señal de la tribu al pie del río y en el corazón de los montes, mucho antes de que cruzara el Sinú hasta Cartagena. Y la música me remontó a las arenas movedizas del pasado:

Desde el principio hasta el fin

en noviembre tan sobroso

nació un santo milagroso

que se llama San Martín

por eso este parrandín

lleva un aire cumbiambero

y yo me pongo el sombrero

porque es noche de parranda

para bailar la cumbiamba

santo, bueno y parrandero

Pedro Ramayá Beltrán, una leyenda viviente de la música folclórica del Caribe y Colombia, sigue vigente y activo “contribuyendo al enriquecimiento cultural y artístico de Colombia, preservando, fomentando, afianzando, promulgando, enseñando y multiplicando su conocimiento”, confiesa Marlon de la Peña, quien además de alumno y amigo del maestro, es autor de una tesis de grado laureada: “Vida y obra de Pedro ‘Ramayá’ Beltrán, un juglar de la Depresión momposina” (2014). Siendo juglar de Bolívar, es más reconocido y valorado en el departamento del Atlántico, en donde se integró al grupo La Cumbia Soledeña, que dirigía Efraín Medina. En 1961 tuvo la batuta del grupo La Bombo Asao y grabó su primera composición. Lea aquí: Gerardo Varela y Glenis Pérez son los Grandes Lanceros de la Independencia 2023

Diez años esperando

Hace una década fue postulado al Premio Vida y Obra del Ministerio de Cultura. Participaron en ese proceso Ariel de Jesús de La Peña Vanegas, fallecido, el primero en postularlo a esa convocatoria, “logrando que fuera seleccionado como suplente en esa convocatoria Premio Nacional Vida y Obra 2013, mediante la resolución de Mincultura 2223 del 26 de julio de 2013”.

El proceso lo continuó Marlon de la Peña, su hijo, maestro en música, egresado de la Institución Universitaria Bellas Artes y Ciencias de Bolívar, intérprete de la flauta de millo, discípulo del maestro, quien contó con el acompañamiento y asesoría del maestro Germán Céspedes, director del Conservatorio Adolfo Mejía, en su trabajo de grado sobre la tesis meritoria sobre Pedro ‘Ramayá’ Beltrán, en 2014.

“En ese proceso se vincularon investigadores como Rosita Lozano Medina, filóloga de la Universidad Nacional, maestra en danzas folclóricas y gestora cultural; Federico Ochoa Escobar, músico profesional e investigador; Tito Medina, director de la Fundación Río del Sur; Jorge Jimeno Ortega, Licenciado en Música; Juan Carlos Oyaga, artista y asesor cultural. En 2012 realizamos el Primer Festival de Cañamilleros Pedro ‘Ramayá’ Beltrán que rindió homenaje al gran Gregorio ‘Goyo’ Polo, el gran mentor del maestro. El evento fue visionado por mi padre Ariel de La Peña, economista, egresado de la Universidad Simón Bolívar, quien hizo una recopilación de la vida y obra de Pedro ‘Ramayá’ y lo que representaba desde sus vivencias. Desafortunadamente para esa fecha, mi padre ya había partido de este mundo por culpa del atropello y persecución de la politiquería crimimal”. Lea aquí: Escritoras colombianas incluidas en los Cuervos Blancos de literatura infantil

El millo encantado

Pedro ‘Ramayá’ Beltrán vive en el conjuro de la música de su flauta de millo. Cuando suena su flauta evoca a su padre, Miguel Beltrán, el autor de ‘El santo borrachón’. Es muy probable que ‘Santo y parrandero’, además de un homenaje a su padre, sea el tributo a la memoria popular. Cuando Pedro ‘Ramayá’ Beltrán toca su flauta flotan a su alrededor los ensalmos montunos, la música que nace del monte es un conjuro genuino contra las mordeduras de culebras y contra las adversidades de una colina asolada por la impiedad del verano. Pedro ‘Ramayá’ Beltrán solo canta para evitar que entre la tristeza como un viento oscuro y sin pájaros a la casa.

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