comscore

Publicidad

Cultural

El Hay Festival fue protagonista en Mompox, una Semana Santa diferente

La literatura y la cultura colombiana llegaron al Claustro San Agustín, en la voz de William Ospina, Pilar Quintana y Jhon Narváez.

El Hay Festival fue protagonista en Mompox, una Semana Santa diferente
Compartir en

Icultur le apostó a la literatura como gran protagónico de la Semana Mayor en Santa Cruz de Mompox, abriendo el camino a los días santos y complementando las actividades religiosas del municipio. El Hay Festival llegó a la tierra de Dios y comenzó este martes, 26 de marzo, con el conversatorio de William Ospina acompañado de Cielo Puello, quien dirigió un cálido diálogo sobre el papel de Alexander von Humboldt en la obra del poeta, novelista y ensayista colombiano. Además, de la influencia que tuvo en cómo narramos y pensamos el Caribe colombiano.

William Ospina estableció que obsesionarse con un personaje le permite al escritor descubrir un mundo complejo y amplio, entender que cada ser es un universo con principio y final, pero que personalidades como Alexander von Humboldt impulsan al lector a descifrar las palabras a través de sus experiencias.

Al igual que muchos, Cielo Puello leyó ‘Pondré mi oído en la piedra hasta que hable’ y en medio del remolino de emociones que le despertó el libro de Ospina, le preguntó al escritor colombiano cómo un geógrafo, astrónomo, humanista, naturalista y explorador prusiano se convierte en un agente activo en el mundo de la literatura. Un hombre que es considerado como uno de los fundadores de la ecología y la geografía, entendida como ciencia empírica.

A lo que William le respondió que Humboldt había descubierto en sus viajes de exploración que era un científico que quería ser artista y que la aventura de conocimientos que había emprendido se había transformado en una de emociones, pues el impacto que tuvo su trabajo es el resultado de cómo pensamos nuestro entorno, puesto que fue pionero del pensamiento ecológico y la primera persona que escribió sobre el cambio climático. Lea aquí: ‘La Magia es Bolívar: Sabor y Tradición’, la feria imperdible esta Semana Santa en Mompox

Su trabajo fue analizar, entender, narrar y compartir sus descubrimientos del entorno en que existimos, porque aún en la existencia colectiva cada uno crea y desarrolla un universo único y vivencial. Y explicó la diferencia entre turista y viajero para que los asistentes entendieran a qué se refiere cuando habla de la singularidad del hombre: “El turista espera volver igual que cuando llegó, pues los viajes y las comunidades no generan en él algún cambio. Pero el viajero, como Alexander von Humboldt, es quien se da el privilegio de dejarse afectar con el lugar donde llegó y las culturas que conoció”.

Por lo tanto, cuando el lector se introduce en el trabajo de Humboldt se permite cambiar, llenarse de suposiciones que mantienen las historias con vida. “Lo que damos por hecho, Alexander lo estaba descubriendo”, pero como el mundo cambia, su investigación no puede llegar hasta un punto final, sino que hay más.

Su novela es el resultado de su obsesión con la obra del científico en sus expediciones sobre el territorio que hoy llamamos propio. Hasta la tierra de Dios fue tema de estudio para el prusiano, y ahora Ospina se encarga de presentarle a los lectores una obra basada en los estudios de Humboldt, adquiridos por el colombiano al examinar su trabajo, y presentar en su libro la historia misma porque “el escritor nunca escribe lo que quiere, sino lo que pueda escribir. Deja que el libro hable”.

El escenario no cambió, a las cinco de la tarde, en el Claustro San Agustín, recibió a Pilar Quintana, Jhon Narváez y William Ospina, y le regalaron al público sus pensamientos y opiniones sobre lo que significa pensar nuestro futuro en medio de complejos cambios.

‘Pensar el futuro’ fue un diálogo desde el corazón y las duras realidades que hacen que el futuro esté lleno de pesimismo e incertidumbre, dirigido por Felipe Aljure y asistido por el público que disfrutó de las contradicciones de la vida.

Por su parte, Jhon Narváez, el hijo de Cartagena de Indias, aseguró que tenemos la capacidad de crear mundos y el arte es uno de los mejores aliados. “Mi positivismo me hace pensar que el mañana importa y que debemos trabajar por llegar a él. Mañana sigue siendo el mejor día”, pero contraatacó que los tiempos que vivimos son apocalípticos.

La democratización de la palabra dificulta la vida en comunidad, el actor cartagenero le da esperanza a la humanidad, a través de la empatía y el sentido de compañerismo, puesto que para él sembrar árboles frutales, que te sustenten, alivien y alimenten, le permite al hombre pensarse desde otra humanidad.

“Aunque lo único que está garantizado es el fracaso, se está cambiando la narrativa, la manera de ver el mundo y es algo en lo que quiero participar. Narrar el Caribe, América Latina, la diáspora”, concluyó.

Para Pilar, el mundo en que crecemos no es el mismo en el que vivimos. La democratización que se dio alrededor de la información, aunque su importancia radica en el poder cuestionar a quienes tenían el poder, también ha hecho mucho mal porque los jóvenes están creciendo sin saber qué es verdad y qué no. Lea aquí: Arrancó con éxito ‘Vive tu Plaza’, en compañía de las familias cartageneras

Se eligen presidentes a través de cadenas de WhatsApp. El futuro ya no se ve con claridad y si bien le preocupa con qué se enfrentará su hijo, también nace la esperanza de saber que es capaz de enfrentarse y poder dialogar un futuro de incertidumbres.

“Se puede estar acabando una sociedad, y surge otra. No sé si veremos el fin del mundo como se ha planteado, pero sé que habrá un fin y un nuevo nacer”, manifestó la escritora colombiana.

El escritor William Ospina alimentó la frase que dice: “Cada día hay menos futuro y más pasado”, y sentenció que los individuos son cada vez más viejos y las sociedades cada vez más jóvenes, lo que permite ver una evolución, cambios, hibridaciones colectivas que sostienen la idea de que la muerte puede significar el nacimiento de otra cosa. “Porque cuando permitimos que algo termine, dejamos que algo comience”.

Además, parte de la idea de que el mundo vive un apocalipsis, pero no fue contada en la tradición, puesto que es un tema que alimenta todas las artes. Si no que en la complejidad del ser humano, sin conciencia, se desaparece la idea de un futuro en comunidad porque “nos comemos las frutas, pero botamos las semillas”.

“Mirar el pasado y mirar el presente, ahí está la clave para sobrevivir al futuro con esperanza, fe y compromiso. No me preocupa la idea de ser leído en ese futuro del que hablamos, porque no hago obras que perduren, sino que respondan a la preocupación del momento”, sentenció Ospina.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de El Universal desde Google News