El recuerdo de su casa, de su infancia, de su juventud en las calles bogotanas es perenne en la mente de Julio César Bravo Banguero. Están ahí aquellas imágenes de tiempos extremos y complejos, de abundantes necesidades, pero también del calor hogareño, tiempos que, definitivamente, lo llevaron a donde está hoy: es papá, chef y cantante.
El rap mueve su existencia tanto como los sabores, aquellos con los que descresta paladares. Cuando su vida se decidía entre la música y la cocina se inclinó por esta última sin dejar a un lado a su otro talento.
“La música era una de mis pasiones. Vivir siempre de la música es muy complejo, así que me decidí por la gastronomía. Estudié en la CUN: Corporación Unificada Nacional de Educación Superior, y comencé a trabajar”, relata.
De las prácticas profesionales pasó a prestigiosos restaurantes de Bogotá. Su gusto por la comida criolla, de los lugares donde se crio entre la capital, Cali y Pasto, empezó a viajar desde entonces por el infinito mundo de los sabores de un chef. Y, es que cuando se habla de sabores no existen fronteras, todo puede conjugarse para crear sinergias gustativas asombrosas que, en el caso de Julio, van acompañadas de notas musicales y composiciones. (También le puede interesar: La historia detrás del chef cartagenero que es orgullo para Colombia)
“Cartagena es como mi hogar”
Julio César ve a Cartagena como una segunda casa, en esta ciudad ha conseguido bullir con su profesión, es donde ha recogido frutos de su experiencia como chef y aquí, con la magia que envuelve a la Heroica, se siente inspirado. “Llegué en 2012, con un proyecto que se llamaba Demente, de pizzas y tapas, en el que estuve seis años. Regresé a Cali, a trabajar con un grupo de restauranteros que tenían varios restaurantes y, después de la pandemia, volví a Cartagena”, relata.
“Es una ciudad amañadora, con un público bastante exigente. Hago lo que me toque, desde pizzas hasta repostería, disfruto mucho mi trabajo”, refiere. Ha sido tan constante en aquello de producir sabores que ha logrado convertirse en el chef principal de un restaurante bastante conocido del Centro Histórico: Casa Cruxada. Tiene a cargo a 12 cocineros y la tarea de que todo marche lo más perfecto posible. “Somos un equipo. Ese es mi reto, ser perfecto en la cocina, que todo salga como un relojito y que todo sea de la mejor manera”, explica.
Si mira en retrospectiva, su vida ha cambiado de forma sustancial, desde aquella adolescencia de luchas y ausencias. “Nos tocaba ir por la comida que dejaban en la plaza tirada, que para otros ya no servía, pero para nosotros era comida, por la situación en la que vivíamos. Para mis papás era difícil mantener a seis muchachos, en Bogotá, y a veces había, pero a veces nos acostábamos toda la semana comiendo papa y agua de panela. Entonces uno también aprende a valorar esas cosas”, menciona.
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Música sobre comida
El recuerdo de su madre, Graciela, quien partió cuando él era muy joven, es de las cosas más valiosas que conserva. Eso marcó su vida, pues le imprimió una responsabilidad mayor para salir adelante, así como las vivencias en las calles de la gélida Bogotá, en las que rapeaba, pero que le enseñaron los caminos y los ejemplos que no debía seguir.
En la capital tuvo su propio grupo de rap ‘Armada en rimas’, con el que fue invitado al Festival Mundial de los Estudiantes, en Venezuela, en 2005. Y, en esa ciudad, explotó su talento para cantar.
Para él, la música no se detiene. Nunca lo ha hecho. Sigue sonando en su cabeza y en su voz como un eco de sus sentimientos. No ha dejado de rapear y de componer. “Estoy haciendo una serie de canciones referentes a la comida. Mi público, en su mayoría, eran personas de 40 o 50 años. Ahora le estoy llegando a un público más joven, que nunca pensé llegarle”, refiere.
Su talento musical puede verse a través de las redes sociales, donde se identifica como ‘Julio El Chef’, y donde comparte videoclips cantando y, también, cocinando.
“Puedo estar acá, cocinando, y al tiempo voy imaginando frases y voy dando el modelo de la estructura a lo que quiero cantar. Igual si voy caminando en la calle también voy es pensando qué puedo componer y, ya en la noche, si no estoy muy cansado a veces me da las 2, 3 o 4 de la mañana componiendo”, narra sobre sus momentos de creación. “Hay días que me sale una canción en una semana o en dos días”, añade.
Ha grabado más de 30 canciones. Aunque últimamente se ha enfocado en temas sobre cocina, ingredientes y comida en general, lo que le ha sumado nuevas audiencias, también le ha apuntado a los temas sociales, así como a canciones con las que agradece a Dios por todos los triunfos que ha logrado para su vida.
“Siempre compongo con la responsabilidad de que tengo familia y siempre tengo que emitir un mensaje positivo tanto para mi familia como para la gente que me escucha. Siempre le apunto al optimismo”, sostiene.
“Como persona, lo que brindo lo hago sin pedir nada a cambio. Realmente siempre me gusta sacar una sonrisa, es como la recompensa que puedo obtener”, afirma el bogotano que, con la melodía que imprime a sus preparaciones, sigue conquistando paladares del mundo en Cartagena, y cuyas rimas son una receta de alegría con la que busca iluminar otras vidas. (Lea también: Lo que cuentan los manjares de Nena Cantillo)