Cultural

Martín González: Los Cabildos Negros de Santo Toribio

Martín González dirige la Fundación Los Jagüeyes. Cantante y compositor, dirigió el documental sobre los Cabildos Negros de Santo Toribio.

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Entrevista a Martín González, gestor cultural Director de la Fundación Los jagüeyes y del Cabildo de San Diego
GUSTAVO TATIS GUERRA
23 JUN 2024 - 12:00 AM

Martín González Sánchez, el hijo de Evelia y Erasmo, nacido en la medianoche lluviosa del 30 de mayo de 1965 en la calle Camposanto de San Diego, logró la aventura de hacer el documental “La recuperación de los Cabildos Negros de Santo Toribio”, con el que ganó una de las convocatorias de la Escuela Taller de Cartagena de Indias. Desde hacía veinte años venía recopilando testimonios, imágenes, recuerdos de infancia, siguiendo el rastro de las cosas dormidas y perdidas, hasta cohesionar un trabajo visual que contó con las cámaras del veterano cineasta Jaime Sánchez. Todo empezó allí, dentro de su casa, preguntando a los suyos.

En el barrio San Diego vivían las familias González, Ariza, Ríos, Esquivia, entre otras. También vivieron los maestros Lucho Bermúdez y Pianeta Pitalúa, y también el maestro Adolfo Mejía, que su abuela Joselina conoció por las calles del barrio llevando siempre la guitarra al hombro y un cigarrillo que no terminaba de fumar. En la calle Portobelo vivía un pariente de Aníbal Esquivia Vásquez, de quien se decía “había vivido unos amores escandalosos al conquistar a una monja”. Los abuelos de Martín vivían en la Calle de la Carbonera. Muy cerca de su casa vivía una familia cubana Los Heredia, que tenían el almacén Muebles Heredia, y participaban en las fiestas con la comparsa de los murciélagos, vestidos de azul turquí. Del barrio Torices se presentaban en San Diego la comparsa de los indios farotos y la danza de los gallinazos. También llegaban los carros charros que sonaban con estropicio cruzando por las Bóvedas. En la Calle Cochera del Hobo vivía el músico Pedro Laza. También muy cerca, el padrastro de su madre, Gabriel Amador, músico y compadre de Pedro Laza. Desde los balcones tiraban plata y salpicaban el aire con el perfume de María Farina. Lea aquí: Huellas de Ernesto Cortissoz: una memoria que vuela

Músico e investigador

“Soy un historiador frustrado”, dice Martín. “Cuando escuchaba a mi profesor de historia Fernando Cabarcas, en el Colegio La Esperanza, yo imaginaba las escenas de la historia. Veía llegar a Colón con las tres carabelas. También me hacían soñar las clases del profesor Gómez, de español e historia. Desde entonces me interesé por investigar la historia de mi barrio y mi ciudad, y especialmente del Carnaval de San Diego, desde el año 1995″.

La música ha sido su pasión desde muy joven: cantar y componer. Es autor de más de medio centenar de canciones, una de ellas “Que viva Cartagena”, grabada con Romy Molina, ganó la convocatoria del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena (IPCC). “Fui el primer cantante del grupo de Diego Galé, del grupo Son Cartagena y Barbacoas”. Recuerda ahora que la canción “El sarampión”, compuesta por Alfonso Álvarez Acosta, fue interpretada por la Sinfónica de Japón. También recuerda “El secreto del guacabó”, de Plácido Rafael Suárez Cairozo, con arreglos del maestro Juan Álvarez”. De aquellos años juveniles como músico proviene el gracioso sobrenombre El Tete o El Tetero, con que un amigo de su grupo rebautizó a Martín. Se quedó mirando su figura y al descubrir que Martín había aumentado de peso le dijo: “Martín, pareces un tetero de cuatro onzas”. A Martín no le gustó la ocurrencia del amigo, pero cariñosamente se quedó así en el ámbito musical: El Tete González. Lea aquí: La sátira y la poesía conviven en la obra de Jorge García Usta

La memoria que danza

Martín es un apasionado gestor cultural y él es el hilo conductor de la narración de su documental, en el que rastrea escenarios y personajes y salva de la desmemoria imágenes de los barrios extramuros y de las danzas ancestrales. Es uno de los miembros fundadores de Heroicos Cartagena con Boris García, y participa en el espectáculo artístico y musical “Sabrosura”. Su trayectoria incluye participación como cantante y actor en Europa en el Macondo Festival, en los desaparecidos festivales del bolero en Cartagena, una intervención inolvidable en los coros del maestro Johnny Pacheco cuando se presentó en Cartagena, junto a Santiago Cerón y Héctor Casanova. “Me impactó la sapiencia y sencillez del maestro Johnny Pacheco y la manera cómo abordaba sus arreglos”. Martín es el creador de la Fundación Cultural Los Jagüeyes. Ha participado en el Festival de la Cultura del Caribe en Santiago de Cuba, en el Festival del Bolero en La Habana.

La recuperación de los Cabildos Negros en su barrio ha sido una de sus tareas esenciales. Considera que ha sido alentador para Cartagena y para su experiencia personal, el proceso de recuperación de los cabildos. Reconoce el aporte decisivo y colectivo del Cabildo de Getsemaní, la contribución histórica de Delia Zapata Olivella y su hija Edelmira Massa Zapata, y la siembra de los cabildos en toda Cartagena. En La Cartujita, la casa de Juan Zapata Olivella, dice Martín, Delia les hablaba a los gestores culturales de Getsemaní y San Diego, de la necesidad de preservar esos cabildos barriales. El documental “Recuperación de los Cabildos Negros de Santo Toribio”, de Martín González, recoge testimonios del investigador Enrique Luis Muñoz, el poeta Pedro Blas Julio Romero, el escritor e investigador Antonio Prada Fortul, entre otros, y fue exhibido recientemente en el Salón Pierre Daguet, dentro de los Diálogos Interculturales que giró en torno a las Migraciones Culturales. Desea ampliarlo e incluir a los historiadores Alfonso Múnera Cavadía y Moisés Álvarez Marín. Y estimular a las nuevas generaciones para preservar esa herencia cultural y participar en el Cabildo del siglo XXI. Lea aquí: Un hombre flaco, vestido de blanco, que escribió poemas

Memoria de Petrona Ruiz

Martín González dice que su recuerdo más lejano es el de Petrona Ruiz Revolledo, “una lavandera de Chambacú, recia, de estatura mediana, pómulos salientes, pelo rucho y nalgas prominentes”, dice Martín. Era la madre del boxeador Tomás Polo Ruiz, que contaba historias de cuando ella vivía en el barrio de Pekín, al pie de la muralla, y recordaba el traslado de la barriada hacia Canapote.

Petrona decía que su bisabuelo era africano y se consideraba Griot de su tribu. Usaba faldas, lavaba la ropa en la batea del patio con manduco en mano y fumaba la calilla con la candela hacia adentro. Y mientras lavaba daba golpes de agua en la batea como si tocara un tambor. Solía llevar siempre una ramita de hierbabuena en la oreja para la buena suerte. En noviembre Petrona y sus hijos participaban en las Fiestas de Independencia, con un tambor, una guacharaca, una campana, ondeando una bandera de Cartagena, con la cara pintada de negro y rojo. Al evocarla ahora no tenía conciencia que Petrona y sus hijos, representaban la danza del son de negros, una danza guerrera en medio de las serpentinas y los tambores de la fiesta de noviembre en Cartagena de Indias.

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