Cultural

Patrizia Castillo: entre letras y rutas remotas

Patrizia Castillo nunca abandonó su pasión por escribir. Hoy, con el lanzamiento de su cuarto libro, ‘Nuevas rutas para lugares remotos’, celebra una carrera dedicada a explorar y compartir la esencia humana a través de la literatura.

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Patrizia Castillo. // foto: cortesía
JUAN SEBASTIÁN RAMOS
14 JUL 2024 - 10:33 AM

Desde muy pequeña, Patrizia se sintió atraída por los libros, aún sin saber qué había en ellos, sin distinguir entre sustantivos y adjetivos, sin saber que sería tan difícil publicar uno. Se enfocaba en el estilo de la pasta, en el olor que desprendían y las historias que aún no estaba preparada para entender.

Lo entendió más tarde, cuando entró al colegio: tenía espíritu artístico, un temperamento melancólico, y era bastante extrovertida, pero al mismo tiempo se escondía en ella una Patrizia reservada que se guardaba pensamientos para sí misma. Lea también: El poder de Palenque en Washington

Estudiaba en el Jhon F. Kennedy de Cartagena, y en la ruta camino a Bocagrande los buses no separaban a los alumnos por grados, todos los niños iban mezclados sin importar estaturas, experiencias personales y vocabularios. Patrizia observaba con fascinación a las niñas de bachillerato; recatadas, pulcras y en las manos cargaban voluminosos libros. Deseaba ser como ellas, así que le pidió ayuda a su padre para empezar con aquello que desconocía, pero que la estaba llamando de todas las formas posibles.

Aún no pasaba por su cabeza la idea de una familia, no era consciente de todo el tiempo que tenía por delante y a su favor. Tenía libertad, juventud, y hasta podía darse el lujo de ser irresponsable. “Era como tener un libro con muchas páginas en blanco por llenar”, así lo describe.

Gracias a su padre recibió la Quillette, una especie de Google analógico, con pasta de cuero y el peso equivalente al arrepentimiento de un matrimonio no deseado. Esta unión marital con la literatura a Patrizia no le pesó, pues a los 12 años ya leía a Rousseau y a Sócrates, aunque no siempre los comprendía a profundidad. Su papá notó el interés que demostraba y comenzó a pagar también las suscripciones del Círculo de Lectores.

Pronto se inició en la escritura, lo hacía para sí misma y sin esperar validación de terceros, prefería hacerlo en la intimidad y no mostraba sus creaciones a nadie. Estudió Comunicación Social en la Universidad Autónoma de Barranquilla y durante sus prácticas en el periódico El Universal aprendió el oficio del periodismo, redactando noticias y manejando las máquinas de escribir de la época.

“Las máquinas tenían unos rollos largos de papel y si nos equivocábamos en algún párrafo teníamos tijeras, reglas y colbón. Eliminábamos el párrafo y hacíamos remiendos. Empecé a escribir como lo hacen los periodistas, pero luego abandoné ese oficio y comencé a trabajar en la Contraloría General de la República, ya llevo 30 años, sin embargo, nunca he dejado de escribir”, recuerda.

Al mismo tiempo trabajó como editora freelance para la revista Actual y escribió una columna de sexo bajo el seudónimo de Danae de la Cruz durante cinco años. Para sorpresa suya, la columna se volvió muy popular, y este éxito la impulsó a escribir su primer libro, ‘Lo que aprendí del sexo después de sentarme a llorar’.

También se adentró en la cocina profesional, una experiencia que para ella era una mezcla de despecho y amor, la descubrió cuando estaba a punto de darse por vencida con la literatura. En ese entonces la periodista cartagenera no se imaginó que hoy estaría lanzando su cuarto libro, ‘Nuevas rutas para lugares remotos’, una colección de relatos que reflejan su verdadera esencia y pasión.

“Siempre he tenido un gran amor por las letras, pero nuestra relación ha sido complicada, tormentosa en ocasiones. Hubo un momento en mi vida en el que sentí que era un amor imposible. Era como un novio absorbente y celoso, demandante y exigente. Quería publicar, ser reconocida como escritora, pero era muy difícil en ese momento. Decidí abandonar mi sueño literario y me volqué a la cocina, como quien coquetea con alguien nuevo pensando que las cosas podrían fluir mejor. Luego comprendí que mi verdadero amor era la literatura, y regresé a ella para hacer que las cosas funcionaran”, me contó una madrugada, pues fue el espacio en que pude entrevistarla, cuando la ciudad dormía y me hablaba frente a la cámara mostrándome los espacios favoritos de su casa.

Aunque para Virginia Wolf una mujer debe ganar 500 libras al año y tener una habitación propia para poder escribir una novela, en la actualidad, para Patrizia Castillo, una habitación es el santuario propicio para un merecido descanso y basta con hacerse junto al escritorio de su hijo para evocar todos esos pensamientos que se esparcen hasta recorrer sus dedos con una energía que apenas se enciende no puede apagar.

Patrizia tardó diez años en perfeccionar un tríptico turbulento, una Navidad frágil y un día de limpieza nostálgico; son algunos de los episodios que hacen parte de las reflexiones, vivencias propias y ajenas que encendieron la chispa de su imaginación, y de paso un fogón donde mezcló la cotidianidad de varias mujeres, pero también exprimió el dolor que trae consigo la monotonía y puso las pizcas de crueldad necesaria para ver las complejidades que ocurren en un hogar, de puertas para adentro y de una forma pragmática. Lea también: Sabrosura, el musical de Cartagena, lanza segunda temporada

“La problemática del machismo, la falta de oportunidades para construir un mejor futuro es muy propia de las ciudades pequeñas donde todo el mundo se conoce y todo el mundo juzga al diferente. Ese tipo de entornos causan mucha frustración en quienes tienen grandes sueños, y deseos de expandir su mente. Algunos de los textos surgieron de la evocación de momentos de crisis de pareja, de crisis de familia y de crisis existenciales, pero no son una autobiografía”.

Las narraciones en ‘Nuevas rutas para lugares remotos’ muestran esos espacios en donde habita cada individuo. A través de viajes narrados desde la omniciencia, Patrizia Castillo va desvelando las rutas que sus personajes descubren en una constante exploración interna desde los detalles más simples de la vida.

El libro, que incluye cuentos escritos a lo largo de más de 20 años, lleva por título una metáfora sobre la constante búsqueda de sentido y dirección en la vida, inspirada en Antoine de Saint-Exupéry y su obra ‘El principito’. Para Patrizia, la literatura es un medio de exploración que trasciende en tiempo y busca con ella tocar la vida de los lectores.

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