La muerte es un tema importante; aunque nos resistamos a abordarlo, está ahí, inevitable como el amor e inexorable como el dolor. Hoy, en el Día de los Muertos, es una buena oportunidad para recordar el oficio de las plañideras, una labor relacionada con la muerte, como la del sepulturero, el guardián de cementerios o el tanatopractor, quien prepara y arregla al fallecido para los rituales fúnebres.
El oficio de las plañideras o lloronas pagadas podría revelar mucho de la colonialidad pues no hay que olvidar que en esa época se les obligaba a mujeres afrodescendientes a dramatizar y exagerar el llanto en los rituales fúnebres cuando morían personas blancas, en este caso no había paga para las plañideras pero sí una obligación producto de la esclavización. En la actualidad aún existen plañideras en algunos lugares de América Latina y El Caribe como México, Guatemala y Colombia.
La palabra plañidera viene de plañir que significa golpear, lamentar y sollozar. Este oficio asignado sobre todo a las mujeres, existe desde la antigüedad, y eran las féminas las consideradas aptas para expresar y teatralizar el dolor a diferencia de los hombres a quienes no se les permitía llorar y se les asignaba el rol de trabajar y proveer, sin embargo, el oficio de llorar era considerado una posibilidad para que las mujeres pudieran obtener algo de dinero. En los sumerios es conocido el poema de Gilgamesh citado por Muñiz (1992) que hace referencia a dicho oficio: “Escuchadme anciano, escuchadme, lloro por mi amigo Enkidu, gimiendo amargamente como una plañidera”. Como vemos el poema menciona de manera explícita la palabra plañidera y lo relaciona con sollozos amargos propios de quienes ejercen esa labor.

Además, en algunos vestigios arqueológicos se encuentran mujeres siempre acompañando y llorando a sus muertos. En la Edad Media, el oficio de las plañideras era común pero era juzgado duramente por la iglesia, quienes lo relacionaban con otros oficios cuestionados como el de ser prestamista .
En la historia son reconocidas las plañideras en las culturas africanas, dentro de éstas las egipcias son las más renombradas y se conocen también las judías, mexicanas, guatemaltecas y colombianas.
En Colombia, por ejemplo, era común -aún existe en los pueblos del Caribe- encontrar señoras mayores que lloraban de manera dramática en los rituales fúnebres y entierros, estas mujeres rezan, hablan y cantan para revelar su pena, lloran con todo su cuerpo, con palabras, gestos y oraciones. Estas mujeres se caracterizan por vestir de luto, por su cuerpo cabizbajo y cariacontecido, por gritar, gemir y sollozar con ímpetu y recrear la tristeza con tal dramatismo que conmueven a los asistentes y familiares presentes en velorios y rituales fúnebres.
Esta actividad particular en Colombia, aunque se encuentra con mayor frecuencia en zonas rurales, también está presente en Cartagena de Indias. En los cementerios Santa Cruz de Manga y Nuestra Señora de los Remedios aún existen plañideras urbanas y modernas, al estilo mexicano, que cobran por llorar. Estas mujeres acompañan su llanto con letanías y un lenguaje corporal teatral que recrea la tristeza, alimentando así los rituales fúnebres, rodeados de símbolos y epitafios. Todo esto contribuye al caleidoscopio espiritual surgido del sincretismo entre culturas africanas y europeas.
Desde la perspectiva antropológica, la muerte se relaciona con la cosmovisión y el concepto de tiempo de cada cultura. Por eso, en cada contexto se tienen representaciones distintas acerca de la misma. Entre los Aztecas, Mictecacihuatl, era la señora muerte, para los africanos está relacionada con el Huntu, en la mitología griega existe Hades o Esquileo y en la egipcia, Osiris. Es decir, siempre hay un Dios o una divinidad que se encarga de los infiernos o del pecado y de la muerte, una expiración que se llora, que se paga y que ha dado rienda suelta a trabajos que perviven.

Uno de los oficios alrededor de la muerte es el de las plañideras, que, aunque pasajero en los rituales, deja una profunda impresión en quienes participan en velorios o ceremonias fúnebres. Entre las características de las plañideras se encuentran no solo la fugacidad de su actuación, sino también la permanencia de su oficio: el llanto pasa, pero el trabajo persiste, pues la muerte siempre ocurre. Ellas, las plañideras, están siempre allí, dispuestas a llorar por una paga.
El llanto dramático va acompañado de una estética de las lápidas llenas de imágenes religiosas, fotos, imágenes, flores, cartas y otros elementos útiles para expresar el duelo.

