En Cuando las negras de Chambacú se querían parecer a María Félix. Cine, cultura popular y educación en Cartagena 1936-1957, su autor, Ricardo Chica Geliz, invita a mirar la historia de la ciudad desde un ángulo poco explorado: la pantalla grande, un espacio de aprendizaje, aspiración y conflicto. En sus 388 páginas, Cartagena de Indias no es solo el escenario de desigualdades raciales y sociales, sino también un laboratorio cultural en el que el cine mexicano dejó huellas profundas en uno de los barrios más populares.
Esta obra tiene el mérito de poner en diálogo tres campos: educación, cultura popular y cine. En ese cruce se revelaba la paradoja: mientras el Estado y la escuela mostraban serias limitaciones para integrar a los sectores populares y afrodescendientes, la pantalla grande ofrecía un repertorio de imágenes y narrativas que los cartageneros hicieron suyos a su manera.
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En diálogo con el autor, invitado a la Semana de la Comunicación/ Días de la palabra, emergen varias claves que enriquecen la lectura del libro:
- ¿Cómo surgió el título de su libro y qué representa en el contexto de su investigación?
Surgió de una entrevista que le hice a un señor que era uno de los últimos bachilleres de Chambacú. Le pregunté en qué consistía la experiencia de ser estudiante, la experiencia de ser espectador de cine y cómo era la vida cotidiana en Chambacú y en Cartagena. Él en una manera de resumir todo me respondió: “Lo que pasa en Chambacú con todas las negras es que se querían parecer a María Félix” y en el contexto de la investigación, creo que la frase es bastante poderosa.
- ¿Qué lo motivó a investigar la relación entre cine, cultura popular y educación en Cartagena?
La mayoría de la gente en Cartagena era analfabeta en aquel entonces, más o menos el 70% y quizás más de la población lo eran y mi inquietud era cómo la gente aprendió, cómo la gente se apropió de todos los avances, de todas las actualizaciones, de todas las promesas de la modernidad y sobre todo, de la modernidad cultural que tiene que ver con los estilos de vida, con las preferencias.
- ¿Por qué eligió el cine mexicano como eje central del análisis y no otro tipo de cine o manifestación cultural?
El cine mexicano era el elemento más destacable de la poderosa industria cultural de aquel país, una industria cultural que comienza a coger fuerza a mediados de los años 30. Para mediados de los 40 ya ellos tenían todo un sistema de mercadeo mundial, ya llegaban a todos los países del mundo.
- ¿Qué fuentes fueron decisivas para su investigación: la prensa de la época, los testimonios orales, los archivos institucionales o el análisis de las películas?
Sin duda, fue la prensa de la época. Porque no solo indagué la cartelera, sino que me interesó mucho todo lo que tenía que ver con la censura al cine mexicano, con el desprecio y la desconfianza a la subjetividad popular.
- ¿Por qué María Félix y no Dolores del Río, Sara Montiel o Libertad Lamarque? ¿Qué la hace tan icónica en la Cartagena de los años 40 y 50?
Sencillamente porque fue la artista que más se promocionó en Colombia.
- Usted hace referencia al cine mexicano como educación informal. Cree que hoy Instagram o TikTok han ocupado ese lugar en los barrios populares?
Sin duda. Históricamente hemos creído que la educación va por un lado y la cultura por otro y resulta que no es así. Es exactamente el mismo camino, es decir, tú aprendes dentro y fuera de la escuela, ahí entran las pantallas. Desde el siglo XIX el cine estaba considerado como una invención tecnológica que facilitaba el aprendizaje, lo mismo que ocurre hoy con el celular.
- ¿Se puede decir que el cine mexicano fue un espejo aspiracional o más bien un disfraz para sobrevivir en un entorno racista?
El cine mexicano viene a reafirmar y a inscribirse en el sistema de valores heteropatriarcales. En su realización tenía que actualizar los estilos, aquí es donde hay un elemento bien importante: el cine no te enseña solamente qué desear, sino cómo desear. Eso le da espacio a la gente para que actualice su moda y esa actualización la hacen en el marco del sistema socioracial; así que sí. La gente a través del cine, las carátulas de los discos, la fotografía, aprendió a eso, a negociar su apariencia dentro del sistema socioracial.
El racismo, eje de análisis en la obra
- ¿Qué papel jugó el racismo en la apropiación de estos modelos? ¿El “querer parecerse” era resistencia o sumisión?
Creo que las dos, porque en el proceso de consumo hay efectivamente toda una experiencia emocional que cruza por la rabia, la complicidad, la resistencia, por rendirse y fascinarse. Tú utilizas la palabra sumisión y yo sí creo que la gente se rinde y se fascina con los ídolos, con sus grandes referencias.
- Usted muestra cómo la escuela se quedaba corta frente al cine. Si hubiera sido Ministro de Educación en los años 40, ¿qué habría hecho?
Me di cuenta de un mal que padecemos ahora e incluso en el siglo XIX, el centralismo, el centralismo desde Bogotá. Todo estaba pensado para Bogotá y eso estaba completamente desconectado de la regiones y las subregiones de toda Colombia, así que sencillamente habría que descentralizar y buscar la manera de que cada experiencia educativa fuera situada en su contexto regional y local.
- ¿Cómo explica que en un barrio pobre con poco acceso a la modernidad se construyeran fantasías tan sofisticadas de glamour y estilo?
El glamour, estilo, gusto, moda, práctica del vestir, todos esos elementos se conjugan en una aspiración y es querer parecerse a, pero ojo, porque ese querer parecerse a… tiene algo en el fondo y es las aspiraciones de igualdad. Tú encuentras en los 500 años historia de Cartagena precisamente esas aspiraciones, que todos sean iguales y de hecho es lo que motiva la independencia de Cartagena en 1811.
- ¿Qué le gustaría que el lector, especialmente el joven cartagenero de hoy, se llevara después de leer su libro?
Un lector joven puede amar más a su ciudad, puede amar más a Cartagena. A nosotros nos han inferiorizado demasiado y yo creo que el libro muestra eso. La pregunta es ¿por qué?, porque no querían ser negras, porque ser negro es malo, porque significa que se posterguen las promesas por siempre, entonces nosotros siempre hemos estado sometidos a ese gigantesco proceso de inferiorizacion, y tú te das cuenta que la gente en la alegría y en el vacile encontraba un escapismo, esa es nuestra fuerza de resistencia.