Visitar Buenos Aires en octubre es incursionar en una aventura de sensaciones; si no se va adecuadamente preparado el clima podría ser factor perturbador, porque las exceptivas de disfrutar una espléndida primavera se transforman pronto en un tropel de cambios, al punto de que en una semana se pueden percibir los climas de las cuatro estaciones del año.

Porteños y turistas pueden, por ejemplo, desayunar medialunas en una mañana despejada, almorzar bajo un calor sofocante, cenar resguardados de una fuerte tormenta y, a la mañana siguiente, abrigarse de pies a cabeza para enfrentar un frío invernal camino al estudio, al trabajo o a un paseo.
Esa variabilidad, por momentos desconcertante, también tiene su encanto, describe una ciudad que no se queda quieta ni en su cielo. Buenos Aires parece ensayar tiempos como si fuera una puesta en escena, adaptando su vestuario meteorológico día tras día. Consultar los reportes sobre el estado del clima es ya un acto cotidiano para sus habitantes.
Pero también hay espacio para contemplar la primavera en todo su esplendor. Uno de los mejores lugares para hacerlo es El Rosedal, un emblemático parque de cuatro hectáreas ubicado en los Bosques de Palermo. Allí florecen 93 especies de rosas en un jardín rodeado de estanques habitados por patos que conviven serenamente con los visitantes, mientras otras aves animan el entorno con su presencia. Otras alternativas igualmente atractivas son espacios como el espléndido Jardín Japonés.


En octubre, el barrio de San Telmo se presenta en su versión más bohemia: bailarines de tangos exhiben habilidades en las plazas y músicos veteranos animan a transeúntes en las calles, su emblemático mercado se colma de turistas que aprecian la amalgama de ofertas sectorizadas que van desde antigüedades, obras de arte, artesanías, licores, verduras, dulces, las célebres empanadas argentinas, hasta una amplia muestra de la gastronomía gaucha.
Caminar con ropa ligera, protegidos con paraguas o abrigados, dependiendo de los caprichos de la cambiante primavera, no afecta el placer de observar la Avenida de Mayo, histórica arteria de Buenos Aires con la extraordinaria arquitectura que le rodea y la abundante oferta de almacenes bares, cafés y restaurantes, teniendo como punto de llegada la nostálgica Plaza de Mayo o la Casa Rosada, sede del gobierno argentino. Recorridos que se complementan con las obligadas visitas a los entornos del Obelisco, el esplendor de Puerto Madero con sus modernos edificios y extensos senderos peatonales a orillas del Río de la Plata; o aproximarse a la pasión de los porteños por el fútbol con una visita al estadio de la Bombonera y luego desplazarse hacia el colorido y alegre sector de Caminito en el barrio La Boca.
La primavera no solo despierta las flores, sino también los sentidos. Sorprende la variada oferta cultural con numerosos museos teatros y salas de exposiciones con constante afluencia de público, o la realización de mega conciertos; en esta primavera de 2025 coincidieron artistas como el cubano Silvio Rodríguez y la súper estrella argentina Tini, quien cumplió varias presentaciones (una de ellas aplazadas por tormenta), con afluencia promedio de treinta mil personas en cada una.
Economía y sociedad en Argentina
Pero no todo en esta primavera es idilio, bajo la belleza de la ciudad se percibe la fragilidad social; Argentina vive convulsionados momentos económicos tras años con una inflación desbordada cuyas consecuencias han sido brutales para muchos hogares a los que sus habituales ingresos no les alcanzan para su sustento básico. Es común ver a damas ejecutivas, pensionados y hasta militares activos conduciendo sus vehículos para plataformas de movilidad, admitiendo que los ingresos extras son imprescindibles. Pero la situación también se refleja en una creciente economía informal, y aumento de la delincuencia. En los barrios más vulnerables (villas) muchos argentinos evidencian la desigualdad, pobreza persistente, acceso limitado a servicios, y descontento generalizado con los recortes sociales. Estas tensiones están ahí, como una sombra que se impone a veces entre los días soleados.

Colombianos en Argentina
Según el Registro Nacional de Personas -RENAPER-, a través de su sistema Estadístico de Población, para agosto del 2024: había 68.057 colombianos en Argentina registrados con DNI: 33.760 varones, 34.293 Mujeres y 4 no binarios. El 47.46% se concentra en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el 26.15% en la provincia del mismo nombre, y el 4.41 % en la provincia de Córdoba. Según el Consulado General de Colombia en Buenos Aires, el 56,8 % de los migrantes llega al país por motivos de estudio. De este grupo, el 31 % cursa carreras en humanidades y el 19 % opta por programas artísticos. Además, el 50 % de los estudiantes colombianos residentes en Argentina reporta tomar cursos no formales de artes, que a menudo les permiten abrirse camino en el mercado laboral del sector. Sin embargo, en los últimos tiempos, la situación económica, política y social del país ha llevado a muchos de ellos a considerar su regreso a Colombia.
La cambiante e intensa primavera argentina es una metáfora de lo que este país vive actualmente: belleza y conflicto, esperanza y tensión, sol y tormenta. Si se quiere comprender Buenos Aires no es suficiente con regocijarse con sus rosas multicolores, deleitarse con sus monumentos, dejarse seducir por su trepidante vida cultural o sus maravillosos paisajes, también es necesario interpretar sus silencios, percibir los altibajos de sus raizales, de las comunidades migrantes, incluyendo a los colombianos. No obstante, dejar esa majestuosa ciudad después de una visita reconfortante despierta la nostalgia y trae a la memoria las voces cordiales que insisten: “tenés que volver”. Ojalá sea en una nueva primavera.

