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Cultural

El hombre tras las huellas de ‘Crónica de una muerte anunciada’ en Sucre

Entrevista a Isidro Álvarez Jaraba, investigador de la ‘Ruta de Macondo’ y autor de El país de las aguas, sobre la huella de Gabriel García Márquez en La Mojana.

El hombre tras las huellas de ‘Crónica de una muerte anunciada’ en Sucre

Isidro Álvarez Jaraba, investigador e impulsador de la Ruta de Gabo en La Mojana. Las canoas que inauguran el día. // Cortesía isidro álvarez jaraba

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Isidro Álvarez Jaraba vive a orillas de La Mojana, en su tierra natal, Sucre-Sucre. Investigador, narrador, educador y gestor cultural, es autor del libro ‘El país de las aguas. García Márquez en La Mojana, la otra orilla de Macondo’, una obra que recoge instantes vivenciales de la relación de Gabriel García Márquez con el territorio de sus ancestros paternos, así como episodios recreados en algunos de sus cuentos y novelas.

Álvarez Jaraba lidera la Ruta de Macondo en Sucre-Sucre y preside la Fundación Pata de Agua. Para él, “hay cuatro pasajes que nos llevan al centro histórico, el cementerio, el caño de La Mojana y el parque lineal. Allí se sintetizan los hechos reales de Crónica de una muerte anunciada y los instantes fatales de Santiago Nasar. Allí sigue intacto el billar de Este pueblo no hay ladrones; el teatro recreado en La mala hora y el puerto, sobre el río, donde el coronel esperaba la carta que le anunciara su jubilación”.

Con Álvarez Jaraba hemos sostenido, a lo largo del tiempo, una conversación extensa y reveladora sobre estos hallazgos, que conectan la literatura de Macondo con la geografía viva de La Mojana.

Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.
Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.

¿Qué es para ti La Mojana como reserva natural y cultural, y qué debilidades y amenazas enfrenta la región?

-La Mojana es, ante todo, mi nicho: mi espacio de hábitat, el territorio que me permite recorrerme y reconocerme en mi propia historia. Una historia profundamente ligada a los ancestros, a los zenúes -los pansheinúes-, habitantes únicos del “país encantado de las aguas”. Quizás yo sea uno de sus descendientes, porque, al igual que ellos, mi fuente vital es ese nervio líquido que circula por nuestra geografía de tierra y agua.

Somos respetuosos de cada ser viviente y herederos de una filosofía ambiental basada en la armonía. Para mí, La Mojana es el epicentro del contacto con una historia que se teje en el agua y que permite aflorar anécdotas, leyendas, vivires y sentires que ayudan a comprender el universo desde una realidad mágica, nutrida por los saberes y los oficios de quienes la habitan.

La Mojana es también un espacio ecosistémico por donde fluyen las aguas de los grandes ríos de Colombia, pero donde, al mismo tiempo, se cruzan las realidades del país: exuberancia y pobreza, belleza natural y desastre ambiental. Es un territorio que proyecta esperanza y, a la vez, melancolía.

Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.
Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.

¿Cuántos Macondos has encontrado desde La Mojana y cuál crees que es el mayor aporte de la región en la construcción del territorio épico y mítico de Gabo?

-Mi trabajo de indagación, que por más de veinte años he desarrollado sobre Gabriel García Márquez y parte de su obra desde y en La Mojana, me ha llevado a proponer una tesis: Macondo no se circunscribe a un solo lugar. Es, más bien, la sumatoria de múltiples escenarios geoespaciales, ecobiológicos y humanos.

Me he atrevido incluso a señalar que su raíz primigenia se reparte -aunque el maestro Gabo no lo haya aceptado de manera explícita- entre su natal Aracataca y La Mojana. Esto configura un amplio territorio de aguas que, en conjunto, corresponde a la gran depresión momposina.

Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.
Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.

De ahí distingo dos Macondos fundacionales. Uno, el más reconocido por biógrafos y estudiosos, ligado a su pueblo natal, la zona bananera, la Sierra Nevada y las aguas saladas del Caribe. Y otro, más profundo y agreste, de mares morenos y aguas dulces, exuberante, lleno de mitos y leyendas, un territorio con vida propia que, por fortuna, Gabito caminó, nadó, respiró y contempló.

Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.
Fotografías de la ruta Macondo en Sucre, Sucre. //Fotos: Cortesía.

La memoria y el legado de Gabo en Sucre, Sucre

¿Qué espacios de Sucre, Sucre perpetúan la memoria y el legado de Gabo?

-Partiendo de lo que significaron Sucre y La Mojana para García Márquez -y de cómo sus escritos dejaron allí una huella indeleble-, puedo afirmar que el río o caño idílico de La Mojana, como él mismo lo nombró, sigue siendo uno de los espacios más vigentes. No solo por su belleza, sino por lo que evoca: permite vivir, entre líneas, las páginas mágicas del Gabo mojanero.

Por la fuerza que adquiere en La mala hora, Crónica de una muerte anunciada y algunos cuentos de Los funerales de la Mamá Grande, la plaza ocupa un lugar central. Allí ocurrieron anécdotas, historias y sucesos que marcaron las líneas definitivas de personajes icónicos como Santiago Nasar, Pastor el flautista, Ángela Vicario, Dámaso o Bayardo San Román.

Ese espacio, por su atmósfera, quedó como un escenario vivo. Quien visita Sucre puede divisar la casa de Santiago, la de Mercedes Barcha, la de Flora Miguel, la de la Mamá Grande, el billar del cuento En este pueblo no hay ladrones, así como las casas donde vivieron amigos que influyeron en el proceso creativo de Gabo, como José Domingo Vega, José Palencia -el Negro Pale- y Ángel Casij, además de las viviendas que habitó la familia García Márquez durante su estancia en el municipio.

Isidro Álvarez Jaraba, investigador  e impulsador de la Ruta de Gabo en La Mojana. Las canoas que inauguran el día. // Cortesía isidro álvarez jaraba
Isidro Álvarez Jaraba, investigador e impulsador de la Ruta de Gabo en La Mojana. Las canoas que inauguran el día. // Cortesía isidro álvarez jaraba

No menos importantes son los teatros y el antiguo burdel La Hora, espacios recurrentes en su obra y en sus memorias, evocadas en Vivir para contarla. En ese mismo entorno se erige la iglesia, un lugar que marcó tanto la vida como la obra de Gabo, y que aparece como escenario en varias de sus novelas y cuentos ambientados en Sucre.

Otro sitio memorable es el cementerio, donde reposan figuras reales que inspiraron personajes literarios: Cayetano Gentile, de Crónica de una muerte anunciada; Joaquín Vega, el flautista de La mala hora; Orfelina Segunda Gutiérrez Castro, la María Alejandrina de Crónica o, quizás, la Pilar Ternera de Cien años de soledad.

En Sucre-Sucre también se conservan las distintas casas que habitó la familia García Márquez, espacios donde se cuentan anécdotas familiares y noveladas. Allí se encuentra, además, la casa donde vivió Mercedes Barcha, hija del boticario, lugar del génesis del idilio entre Gabito y “la Gaba”.

Finalmente, está el antiguo burdel La Hora, un sitio recreado no solo en su obra, sino guardado en su memoria. Todo porque fue allí donde, en palabras de su hermano Jaime, Gabo “se hizo mojanero”: “Uno no es de donde nace, sino de donde pierde la virginidad”.

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