“En el encuentro con la palabra se despliega la fascinación por todos los significados posibles. La sal llegó al final, decantada por el mar, que es la mayor influencia para concebir una existencia colectiva y, al mismo tiempo, singular en el Caribe”, expresa Martha Amor Olaya como antesala de su poemario No hay mar en el cielo, un libro de 125 páginas en el que la sal se convierte en hilo simbólico y en esencia de una poesía que se concentra y brota en cada uno de sus capítulos.
La comunicadora social y periodista aborda sin tapujos lo que duele, lo que desgasta y lo que protege: la vida y la violencia cotidiana, el cuerpo, el amor y ese mar del que se nutre la identidad caribe.
En diálogo con El Universal, la autora cartagenera profundiza en su proceso creativo y revela las claves de este poemario que confirma y engrandece su voz: una poesía crítica, íntima y profundamente arraigada al Caribe.
En su poemario la sal aparece como herida, memoria y brillo. ¿Cómo nació la idea de convertir la sal en el hilo simbólico de estos poemas?
Definitivamente, el mar es una gran influencia en mi vida, en nuestro entorno, en Cartagena. Vivir prácticamente dentro del mar en una ciudad como esta hace que la sal esté en todas partes, y uno entiende que su presencia no es solo negativa, también tiene un valor positivo. Ahí fue donde conecté: quería que mi obra fuera profundamente caribeña, que reflejara nuestro mar, lo que somos y lo que ese paisaje nos invita a sentir.
El poemario no nació como la idea de recorrer Cartagena, sino de recorrer la vida. Además, muchos de los poemas surgieron de manera espontánea, desde notas en el celular: eran impulsos, momentos, sensaciones que pedían ser escritos.
Cuando llegó el momento de revisar y organizar el material, entendí que el mar estaba siempre presente en mi vida. Entonces comencé a darle un orden al poemario, a articularlo bajo una misma idea donde la sal aparece como hilo conductor.
Como explico en la nota del autor, la sal llegó al final, casi como una revelación: fue la forma de darle sentido y unidad al libro, el vehículo que conecta cada uno de los poemas.
‘No hay mar en el cielo’ es un título muy evocador. ¿Qué representa para ti esa ausencia del mar en el cielo y qué diálogo establece con el Caribe y con la experiencia de las mujeres?
‘No hay mar en el cielo’ es una sentencia dura sobre cómo entiendo la vida. Es, en cierto modo, una negación de esas promesas de lo que viene después, de ese ‘más allá’ que muchas veces se nos presenta como destino. Para mí, es una invitación a aterrizar: a vivir aquí y ahora, porque lo esencial ya está frente a nosotros.
El mar representa grandeza, profundidad, fuerza y permanencia. Está cerca, es tangible. Y en esa cercanía entiendo que lo más grande no está en otro lugar, sino aquí mismo.
El mar representa grandeza, profundidad, fuerza y permanencia".
Martha Amor Olaya
Sé que es una postura fuerte, sobre todo en una cultura donde muchas creencias giran alrededor de otra vida o de la idea de trascender más allá del cuerpo. Para muchos, el cuerpo es una especie de prisión y la liberación está en el espíritu. Por eso, decir ‘la grandeza está aquí’ puede resultar confrontativo.
En mi caso, la escritura ha sido un camino paralelo a lo espiritual: un proceso de construcción y también de cuestionamiento de mis propias creencias. Me ha llevado a reflexiones profundas, a entender que hay cosas que nos sobrepasan, pero también a reconocer lo que está en nuestras manos.
En medio de la rutina, uno puede desconectarse de lo que realmente lo mueve. Escribir me devolvió a ese lugar íntimo, a esa conexión con lo que me hace vibrar. Fue una forma de volver a la vida, de despertar la conciencia.
Escribir me devolvió a ese lugar íntimo, a esa conexión con lo que me hace vibrar. Fue una forma de volver a la vida, de despertar la conciencia".
Martha Amor Olaya
Por eso, el título es desgarrador, pero también honesto. Es mi manera de revelar una verdad, incluso sabiendo que puede ser cuestionada, incluso por mí misma.

En varios poemas se percibe una reflexión sobre los vínculos, el poder y la intimidad femenina. ¿Cómo se filtra la sal —como metáfora— en esas relaciones humanas?
Quienes me conocen desde hace muchos años me dijeron: ‘Martha, te desnudaste por completo’. Y es cierto, aunque no siempre hablo de mí. Muchos poemas nacen de la empatía, de historias que otros me han confiado. Las emociones ajenas me atraviesan, y esa capacidad de sentir al otro ha sido fundamental en mi escritura.
El libro propone un recorrido. Comienza desde una especie de inocencia, desde lo más instintivo y primario del ser humano, donde nuestras relaciones están marcadas por lo aprendido, por creencias como el amor romántico y por la forma en que nos vinculamos con los otros.
Luego aparece un capítulo dedicado a la mujer, porque entender lo que implica serlo es enfrentarse a una realidad dura que necesita ser nombrada. Más adelante, el libro aborda la relación con el poder, la autoridad y la rutina: cómo la vida nos moldea, cómo enfrentamos lo que no elegimos, lo que duele, lo que frustra.
También hay un capítulo sobre la guerra, esa expresión más oscura de lo humano, donde se pierde la perspectiva y el poder se vuelve destructivo. Allí aparece el dolor profundo, la desesperanza de ver cómo aquello que podría salvarnos se deteriora.
Finalmente, el libro cierra con una reflexión sobre la aceptación y la resignación: entender lo que no podemos cambiar, sin caer en la renuncia a lo que aún podemos transformar.
Más detalles de su libro ‘No hay mar en el cielo’
¿Hubo algún poema de este libro que te resultara especialmente difícil de escribir o de cerrar, y por qué?
Hay un poema que no quería incluir: El amor de un hombre alarga la noche. En este texto, la voz es masculina, y siendo yo una autora feminista, puede resultar difícil que el lector conecte con esa perspectiva. Se trata de un hombre violento que se escuda en el amor romántico para decir ‘te amo’ y ‘te protejo’, cuando en realidad controla y consume.
Fue un poema que tuve que defender para que entrara en el libro. Sé que muchas personas pueden no entenderlo o interpretarlo de otra manera, como también me lo advirtió la editora. Sin embargo, quise mantenerlo porque fue uno de los primeros que escribí para el poemario.
En ese momento encontré un sentido más claro en la escritura. Fue un texto determinante en lo que vendría después, en el camino que tomaría mi poesía, y por eso no quise dejarlo por fuera.
Martha Amor en Filbo 2026
La escritora cartagenera participará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá el próximo 2 de mayo de 2026. Estará en el evento titulado ‘El Caribe universal es indígena, afro y mujer: espejo y ventana de la literatura contemporánea".

