Cultural

Álvaro Mutis, testigo del mundo

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WILLIAM OSPINA
24 SEPT 2013 - 12:02 AM

Como sólo vemos por contraste, debieron ser esos viajes periódicos entre Bruselas y el Tolima los que le abrieron tan temprano los ojos al paisaje de la tierra caliente.

Mutis mira esas crecientes del río que baja de la cordillera lleno de dones fecundísimos, con ojos que no son los ojos de la costumbre.

Es  un habitante fronterizo entre los campos apacibles de los países bajos y la muralla sombría y con niebla de las altas montañas de Cajamarca, y entre los horizontes flamencos y las vertientes de carboneros ya se había instalado en su alma el mundo de Conrad y Melville, las cabinas de los barcos, la mole de las aguas, el horizonte marino que a veces rompen los delfines de la fantasía. Mutis niño fue un testigo del mundo con el corazón desgarrado entre dos extremos, esos hoteles fin de siecle llenos de criaturas de Proust en las fiestas enjoyadas y espumosas de entreguerras y los ríos que un día pasan cristalinos cantando entre las piedras celebrados por todos los pájaros, y al día siguiente, tras una noche de lluvias, de truenos remotos y altas catástrofes, baja emberracado lleno de troncos y de flores rotas impasibles, de desastres y de cadáveres.

Dos puntas tiene el camino, como dice la canción, y la poesía de Mutis tiene esos dos extremos, la Europa crepuscular y la mañana de América.

De este lado los libros, Proust y Melville, Conrad y Saint John Perse, y del otro las selvas equinocciales perforadas por un sol sin memoria, de este lado la historia, Roma y Bizancio y Felipe IV y Napoleón, y del otro la geografía, las tierras vírgenes, el mundo en el quinto día de la creación, y a veces el cruce de ambas cosas: Bolívar por los páramos, el hidroplano de alas resplandecientes de estaño alzándose como un pájaro de los ríos inmensos.

Con todo ese mundo en el alma, y temblando en la punta de la lengua, Mutis a los 23 años, antes que Neruda, descubrió América; vio nuestra naturaleza desdichada todavía en los días del génesis, y la vida le ha permitido verla hasta el apocalipsis, vio las montañas de bosques antes de que fueran taladas, los ríos del paraíso antes de que fueran torrentes de miasmas y de mercurio, aguas deletéreas con bagres venenosos y garzas deformes.

Y cantó ese paraíso y tal vez el comienzo aventurero de su ruina, entre las lujurias humanas, la cotidianidad de los hoteles de provincia, y el cielo de espectros heroicos y heráldicos que flota sobre esos mundos vírgenes porque lo llevamos en la sangre, en la lengua.

Mutis, el poeta del boom latinoamericano, fue el gran poeta joven de los años cuarenta en español y es el gran poeta joven de los últimos 50 años. 

Álvaro Mutis. Archivo

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