Al escritor antioqueño, Héctor Abad Faciolince, no deja de sorprenderle el alcance que ha logrado con sus obras, en especial con ‘El olvido que seremos’, en especial con su versión cinematográfica que en junio estará en las salas de cine del país. (Lea también: “El olvido que seremos” se alista para su estreno en cines de Colombia)
Mientras que ya está en la cartelera de España y en pocas semanas lo estará en Francia, se acaba de publicar una nueva versión de esta historia en el formato de novela gráfica, de gran crecimiento en América Latina durante los últimos años.
Bajo el sello de Salamandra Graphic, se publica en este formato el inolvidable homenaje de Héctor Abad Faciolince a su padre. Después de la adaptación al cine de la mano de Fernando Trueba, una de las obras en español más conmovedoras de los últimos tiempos cobra vida en viñetas gracias al talento del dibujante español Tyto Alba.
Un nuevo reto para el dibujante calatán cuyos dibujos y acuarelas dan vida a unos personajes y una historia inolvidables dotándolos de nuevos matices y significados, y añadiendo al libro una dimensión plástica que, respetando su esencia, lo transforma en una obra artística independiente.
Para quienes aún no se han encontrado con esta historia, sea por la novela, el documental, próximamente la película, el audiolibro, podrán hacerlo a través de la novela gráfica y conocer la vida del padre de Abad Faciolince, Héctor Abad Gómez, médico y defensor de la igualdad social y los derechos humanos asesinado por los paramilitares en 1987.
A partir de esa historia real, construye una ficción soberbia y un rotundo alegato contra el terror como instrumento político.
Desde México, Héctor Abad Faciolince habló de lo que ha sido la construcción de esta novela gráfica, así como la película e incluso las protestas sociales en Colombia.
LAS DISTINTAS FORMAS DE LEER UNA MISMA HISTORIA
-’El olvido que seremos’ es una de las novelas que ha contado con más formatos, pues ahora tiene el largometraje, el documental, audiolibro y ahora la novela gráfica...
Vivo muy agradecido con cualquier persona que lea ‘El olvido que seremos’. Habiendo un universo tan maravilloso de libros, tantas obras geniales, entre nuevas y clásicas, que alguien elija mi libro es para agradecer.
Pero también es para agradecer cuando aparecen estos días, como cuando alguien hizo una edición de la novela en letra muy grande para personas que tienen problemas de visión. Por eso, cuando me hicieron la propuesta de la novela gráfica y me mostraron los dibujos de Tyto Alba me encantó.
Confieso que la primera reacción de mi mujer fue pensar que lo iban a banalizarlo, ridiculizarlo, caricaturizarlo, pero yo había visto algunas novelas gráficas que me pareció muy bello y sabía que en el cómic se pueden alcanzar cimas que no alcanzan las palabras.
Todos estos formatos, desde el documental que hizo mi hija, hasta la película de Fernando Trueba, el hecho de haber grabado el audiolibro, lo recibo como un favor o una ayuda a lo que he pretendido desde un principio, que se supiera cómo había vivido mi padre, que se supiera por qué lo habían matado y que por unos años más se le recordará. (Lea también: Vásquez y Abad Faciolince reciben las condecoraciones de Isabel la Católica)
Por eso, solo puedo agradecer toda esta ayuda para que se recordará a aquel médico buena persona que tuve la suerte de tener como padre.
-¿Falta algún otro formato para seguir llevando esta historia a otros públicos?
Cuando trabajé en la Biblioteca de la Universidad de Eafit, me visitaron unos muchachos para pedirme que hiciera un club de lectura de novela gráfica, lo cual me pareció extraño, pero ellos mismos me contaron de las ferias y el crecimiento de este formato.
Sé que hay otro público, otro tipo de lectores que son descifradores de imágenes, que son más visuales que verbales, mientras que en mi mente todo pasa a través de las palabras.
Sencillamente me pareció magnífica esta otra posibilidad que llega a otro tipo de público. Creo que ya no falta ningún formato, quizás camisetas, pero no quiero camisetas.
-Estamos en medio de una protesta social, ¿cómo eran las marchas que lideraba su padre?
Cuando mataron a mi padre en 1987, tenía 66 años, y él salía a manifestaciones, pero la familia no salía, él era el rebelde de la casa, a diferencia de lo que ocurre casi siempre, donde los padres tratan de detener a los hijos, nosotros intentábamos detener al padre. Él era un militante en la calle, pero las manifestaciones que organizó mi padre, eran marchas silenciosas y nunca hubo violencia, que solían ser ordenadas y que terminaban con un discurso corto de él. Nunca se destruyó o se quemó, aunque la policía varias veces la disolvió con violencia, pero no se respondió con violencia.
-¿Cómo ve usted las marchas que se realizan actualmente?
La lectura es muy compleja, más estando en México. Creo que hay una parte de los manifestantes que manifiestan una ira muy difícil de entender. Si uno sale a marchar con un martillo o un bate, ya la intención es compleja, y la respuesta de las autoridades es desmedida.
Veo una acción justificada por la pandemia, por la crisis económica, el aumento de la pobreza, por la angustia en la que están muchos jóvenes, pero es una acción que se contamina de violencia y produce una reacción excesiva de la fuerza pública, que nos puede llevar a lo trágico, que ya lo es, pero a una situación tan grave como la toma del poder por parte de los militares y acabar con las libertades que aún nos quedan.
EN LA MEMORIA
-¿Cómo desea que su padre sea recordado?
Mi padre nació el 2 de diciembre de 1921. Hay una película que se llama ‘Vicios privados, publicas virtudes’, a mí me gustaría que a mi papá lo recordarán como virtudes privadas y virtudes públicas. Cómo una persona que fue un gran padre, y que públicamente como un médico que dio ante todo protección y amor, y por lo que él luchaba por el agua potable, vivienda, prevención, vacunas. Son visiones muy sencillas de la vida, básicas y fundamentales, que en Colombia todavía no se han logrado. (Lea también: Trueba lleva al cine la novela más dolorosa de Héctor Abad Faciolince)
-¿Un trabajo de memoria?
Cuando escribí el libro fue una creación colectiva de mis hermanas y mi mamá, que cuando leyeron el primer borrador empezaron a señalar lo que hacía falta, por lo que terminé sin saber hasta qué punto era memoria mía, memoria ajena y cuánto había inventado, porque todo lo escribí sin mirar documentos, solo con la mala memoria.
Cuando mi hija hizo el documental, que como su nombre lo indica, con documentos y todo tipo de soportes, me permitió comprobar que había recordado relativamente bien, que no había idealizado, santificado, que no había hecho de mi padre una figura excesivamente buena, sino que se parecía mucho lo documentado a lo recordado.
Ver la película me apabulló mucho, porque era ver mi casa que no era nuestra casa, con la biblioteca que no es la biblioteca, con muchos de los libros de mi padre que yo presté.
-¿Cómo fue el proceso de realización de la novela gráfica a la distancia?
Los dibujos me fueron llegando poco a poco, no completo, tanto así que aún no tengo el libro (risas). Fueron llegando y realmente no tenía que hacer corrección alguna, tampoco muchos comentarios pero sí mucha felicidad.
Cuando uno escribe un libro, nada cuesta nada, y esto lo pienso ahora con la película. Si pongo un avión de la época no cuesta nada, y en el caso d ella novela gráfica es buscar los referentes y dibujar, pero en el caso de la película la cosa es a otro precio.
Por eso, creo que es muy bueno que Tyto no haya visto la película porque así no tiene referencia de cómo Trueba solucionó visualmente, para actuar con total libertad e independencia.
-¿Cómo fue verse a usted como personaje de una novela gráfica?
Me gustó mucho que Tyto casi siempre me dibujara con una pistola. En mi casa los juguetes bélicos estaban permitidos y yo leía mucho cómics del Llanero Solitario, por lo que me mantenía con una pistola, porque me creía vaquero.
-Tanto la película como la novela gráfica fueron realizadas por creadores españoles...
Me gusta mucho la visión externa porque la mirada desde lejos produce mayor libertad, menos estereotipos. Yo creo que una mirada de un colombiano, irremediablemente hubiera acentuado la parte política, de la realidad social, pero alguien desde afuera es capaz de tener una visión global, con la dimensión familiar y la dimensión política y pública.
-¿Alguna historia de padres e hijos que como lector lo cautivará?
Cuando es un hijo tiene una relación con su padre. Cuando uno es padre, se da cuenta de cosas que no se enteraba como hijo. Leyendo ‘Papá Goriot’ de Balzac, me di cuenta que los hijos pueden hacer con uno lo que se les dé la gana, si mis hijos me pidieran todo, yo todo se los daría, porque mis hijos, porque los hijos podemos ser dictadores con relación al padre. (Lea también: Firma de libros con Héctor Abad y Daniel Samper)

