Algunos fieles seguidores de la obra de Gabriel García Márquez esperan con paciencia que llegue el miércoles para poder empezar a leer su novela póstuma, ‘En agosto nos vemos’, considerado uno de los lanzamientos editoriales del año en el mundo.
Se trata de una novela inédita del Premio Nobel colombiano que será lanzada el día de su natalicio y a pocas semanas de cumplirse los diez años del fallecimiento del escritor en su residencia en Ciudad de México. Lea aquí: La periodista Claudia Palacios lanza la comedia teatral de su libo Hembrujas
La historia de obras póstumas está llena de grandes aciertos que se convirtieron en clásicos universales de la literatura, aunque otras, dejaron en evidencia la razón por la cual sus autores habían tomado la decisión de no publicarlas en vida, al considerarlas una pieza menor a lo desarrollado a lo largo de su obra.
De cualquier manera, lo cierto es, que suelen ser unos verdaderos éxitos en ventas, una obra indispensable para aquellos que han seguido fielmente las creaciones del autor fallecido.
Ahora ocurre con Gabriel García Márquez, pero también sucedió con José Saramago y Manuel Vázquez Moltalbán, por mencionar solo algunos. Lea aquí: Bogotá se prepara para uno de los festivales de salsa más grandes del país
Pero qué hubiera sido de los lectores de Frank Kafka, si su editor Kurt Wolff y su amigo Max Brod hubieran seguido los deseos del autor y quemar todos sus manuscritos tras su muerte por tuberculosis a la temprana edad de 40 años.
Gracias desconocer los deseos de Kafka, que millones de lectores de todas partes del mundo, por décadas, han podido conocer obras maestras como ‘El Proceso’, ‘El Castillo’ y ‘Amérika’
Un caso contrario le ocurrió a John Kennedy Toole, quien se dio por vencido al intentar que alguna editorial publicara ‘La conjura de los necios’. Tras varios años desde su fallecimiento, una pequeña editorial decidió lanzar una pequeña primera edición, y con el tiempo se transformó en todo un clásico. Lea aquí: Seis días para celebrar el natalicio de Gabriel García Márquez
Una misteriosa enfermedad se llevó a la edad de 41 años a Jane Austin en 1817, autora de clásicos como ‘Orgullo y prejuicio’, originalmente publicada de manera anónima, mientras que ‘La abadía de Northanger’ y ‘Persuasión’ fueron sus dos obras publicadas de manera anónima.
Un caso similar ocurrió con el escritor ruso Vladimir Nabokov, quien llevaba cerca de 30 páginas manuscritas cuando la muerte se interpuso. Él había dejado instrucciones a su esposa para que dichas páginas fueran destruidas, pero ellas las conservó, y fue su hijo quien decidiera hace 16 años, de publicarlas bajo el nombre de ‘El origen de Laura’.
A la temprana edad de 50 años, falleció el escritor y poeta chileno Roberto Bolaño, quien alcanzó a dejar una novela para que fuera publicada tras su muerte, ‘2666’, que para la crítica y muchos de sus lectores, es su obra mayor. Lea aquí: ¿Eres gestor cultural? Hay Convocatoria de Estímulos Fortificaciones 2024
Justo en la mitad de la escritura quedó Charles Dickens con su obra ‘El misterio de Edwin Droop’, su decimoquinta novela. Al dejarla inconclusa, por décadas los críticos y estudiosos de sus obras han intentado resolver los misterios que en ella se plantea.
Sin olvidar todo el fenómeno que se ha generado desde hace más de 75 años el libro ‘El diario de Ana Frank, aquel testimonio de la niña alemana de ascendencia judía, dejando constancia de casi dos años y medio que pasó ocultándose en la ciudad de Ámsterdam.
No para de editarse en distintos idiomas, además de publicarse una gran cantidad de ensayos e investigaciones en torno a la historia que desde el escondite narra una pequeña niña mientras que el mundo sufría los peores días de la Segunda Guerra Mundial. Lea aquí: Colección privada en Suiza devuelve 60 piezas precolombinas a Colombia
Hace cinco años, pocos meses después de su fallecimiento, se publicó lo que la crítica ha denominado el testamento literario de Sam Shepard, ‘Espía de la primera persona’, en la que se puede sentir todas las sensaciones que una persona puede llegar a vivir, al saber que la muerte se encuentra cercana.
