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Cultural

¿Por qué Fernando Botero pintaba personas y cosas “gorditas”?

Su singular y voluminoso estilo le valió al maestro Botero fama mundial, ¿pero qué hay detrás de sus grandes obras?

¿Por qué Fernando Botero pintaba personas y cosas “gorditas”?

Fernando Botero posa delante de una de sus pinturas inspiradas en el escándalo de abuso carcelario en Abu Ghraib en Irak.//Foto de archivo.

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El pintor y escultor colombiano Fernando Botero, el artista más célebre de nuestro país, conocido mundialmente por sus esculturas de voluptuosas figuras, falleció este viernes a los 91 años en su casa de Mónaco, pero, sin duda alguna, sus obras han de inmortalizar su nombre en la historia del arte.

El artista, nacido el 19 de abril de 1932 en Medellín, deja atrás una larga obra artística: desde su característica y peculiar Mona Lisa a las parejas de gruesas formas bailando, pasando por sus esculturas que adornan los rincones del mundo, pero sobre todo su natal Medellín, a la que ha regalado decenas de obras. Lea aquí: ¡Luto nacional! Falleció el maestro Fernando Botero

Las figuras voluminosas se convirtieron en el sello inconfundible del maestro, el “boterismo”, ¿pero qué hay detrás de ellas? ¿Por qué Botero se empeñó en esculpir y pintar seres humanos, animales o cosas de grandes proporciones? Veamos.

Todo comenzó con una mandolina

De acuerdo con el portal Historia-Arte, “es palpable en su particularísima obra una cierta influencia del muralismo mexicano propia de Diego Rivera, pero puestos a indagar en sus conexiones, podemos tender cables con el monumentalismo de Paolo Ucello o Piero de la Francesca. Y por supuesto, las referencias al primitivismo naíf de Rousseau son evidentes. Lea además: ‘Sensualidad y melancolía’, la exposición de Fernando Botero en España

En el mismo portal, mencionan que al maestro, si hablamos de lo temático, “parece gustarle lo grotesco, por sus recurrentes imágenes deformadas, pero su obra supura un de un humor que se puede interpretar como una crítica sarcástica a la sociedad actual, llena de monstruos sobrealimentados realizando todo tipo de acciones ridículas. Sus desmesurados personajes ocupan todo el lienzo en ocasiones, no dejando espacio para nadie más. Son caricaturas, retratos de la fealdad, pero no es una fealdad moral, sino exterior y estética”.

Pero en su página web, fernandobotero.com, el mismo artista expresa algo clave para entender su estilo: “El estilo distintivo de Fernando Botero de formas suaves e infladas con cambios inesperados de escala es hoy reconocible al instante. Refleja la búsqueda constante del artista por darle al volumen presencia y realidad”. Lea además: ‘Botero 90 años’: un homenaje al maestro Fernando Botero

Fue durante una breve estancia en México que Botero produjo Naturaleza muerta con mandolina (1956), la primera obra en la que la forma “hinchada” hace aparición definitiva.

Así es: el “boterismo” no nació cuando el artista dibujaba una persona, sino un objeto: la mandolina. El maestro lo contó así: “Un día, mientras dibujaba una mandolina de rasgos generosos, en el momento de hacerle el hueco al instrumento, lo hice muy pequeño y la mandolina adquirió proporciones fantásticas. Mi talento fue haber podido reconocer que algo había pasado”.

Como lo mencionan en la página web de Botero: “Sin embargo, no es la apariencia del volumen, sino el volumen mismo, un volumen tangible, lo que ofrece el medio de la escultura. Su visión implica la convicción de que la monumentalidad no es tanto una cuestión de tamaño sino de proporción”.

Finalmente, en un artículo publicado por el diario El País de España, Fernando Botero afirmó que “la razón secreta que explica los volúmenes monstruosos de su pintura es que así se crean campos de color”; sin embargo, el artista también reconoce que quizá solo se trate de obsesiones con las cuales moriría.

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