Cultural


Ramón Illán Bacca, el legado de un veterano del cuento

El gran narrador del Caribe, Ramón Illán Bacca, se ha marchado pero nos deja cuentos y novelas nutridos de historias de la región, enriquecen la literatura colombiana de los últimos cincuenta años.

GUSTAVO TATIS GUERRA

19 de enero de 2021 11:28 AM

Con un sentido del humor en el que delineaba una sonrisa invisible en la comisura de sus labios y en el brillo pícaro de sus ojos estrábicos, se burlaba de sí mismo diciendo que “Sartre y yo tenemos el mismo punto de bizca”.

Ramón Illán Bacca nació en Santa Marta el 21 de enero de 1938, nieto del italiano Gaspar Bacca, natural de Calabria, que llegó a Puerto Colombia y alguien le hizo creer que estaba en Argentina, y él decidió quedarse. El nieto le echaba la culpa de su destino a ese abuelo confundido frente al mar, que no tuvo razones para regresar. Ramón que quedó huérfano de madre, siete días después de nacer, víctima de una eclampsia, fue criado por sus tías abuelas católicas y conservadoras. A los seis años el niño, que sufría de estrabismo, fue operado del ojo izquierdo. Estudió en el Liceo Celedón de Santa Marta y escribió a sus 17 años su primer cuento: ‘El reloj’, bajo el influjo de sus lecturas policiacas. En 1956 hasta 1960 estudió Derecho en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Y fue expulsado de la universidad por el rector Monseñor Félix Henao Botero por ser militante del MRL en el día y por las noches seguidor del movimiento iconoclasta del Nadaísmo. Regresó al Caribe y vino a Cartagena intentando estudiar en vano en la Universidad de Cartagena. Logró ingresar a la Universidad Libre de Barranquilla. Se fue a Bogotá y culminó sus estudios de Derecho en la Universidad Libre. Fue juez promiscuo municipal en Fonseca, Guajira. Logró inscribirse en la Universidad de los Andes para un Magíster en Economía, pero desistió por falta de recursos. Regresó a Santa Marta y trabajó como juez en el Piñón, Magdalena. Luego de una efímera experiencia como secretario de la gobernación del Magdalena, sostuvo una columna en El Informador, y en 1970 se radica en Barranquilla.

En el Diario del Caribe

En julio de 1973 empezó a trabajar en la edición dominical del Diario del Caribe, junto a Carlos Jota María, Margarita Abello, Álvaro Medina, Antonio Caballero Villa, y Alfredo Gómez Zureck. Los seis miembros de ese núcleo de trabajo forjaron el mejor suplemento literario y cultural de la región Caribe y uno de los mejores del país, en cuyas páginas promovieron talentos nacientes y consolidados en la narrativa, la poesía, la crítica literaria y el ensayo. Fue una edad de oro del periodismo cultural. El suplemento era esperado cada domingo y sus ediciones monográficas ágiles y novedosas, fueron excelsas, inolvidables y ejemplarizantes. Allí abordaron diversos fenómenos, recuerdo una edición completa sobre las Mil y una Noches, sobre el deporte, sobre la música salsa, sobre Borges, García Márquez, Cepeda Samudio, sobre aldea y universo, literatura policiaca, erotismo, para citar algunas de ellas.

Las señales
del maestro

Su cuento conocido más antiguo de su selección es de 1973, en el que escribe Faltan dos patas para el trípode, que se publica por primera vez en 1977 en el suplemento de El Espectador del 19 de julio y, tres años después, en 1980, figura en su libro Marihuana para Göering.

En 1987 ganó la primera mención en el Concurso Nacional de Novela Plaza y Janés, con su obra ‘Deborah Kruel’, publicada en 1990, y el comentario crítico de Carlos J. María es que “los elementos irónicos constituirían el meollo de la novela, la parte más seria de la misma”. Ese mismo año, publica ‘Crónicas casi históricas’, Ediciones Uninorte. Al año siguiente, 1991, la editorial francesa Majault publicó la traducción de ‘Marihuana para Göering’, realizada por Jacques Gilard. Entre 1994 y 1995 escribe su novela ‘Maracas en la ópera’, que gana el Concurso de Novela Cámara de Comercio de Medellín. En 2002 publica su novela ‘Disfrázate como quieras’, en Seix Barral. En 2003 compiló y prologó la investigación de los sesenta números de la revista Voces, dirigida por Ramón Vinyes. Al año siguiente ganó el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2004, por un artículo sobre ‘Voces en Barranquilla’, publicado en El Malpensante. En 2008 publicó ‘La mujer del defenestrado’. En 2011, la novela ‘La mujer barbuda’, en Seix Barral. Ese mismo año presenta su libro ‘Barranquilla, periodismo y cultura’, Ediciones Uninorte. En 2017 se publica la edición de sus cuentos completos.

Su antología
de cuentos

En su libro ‘Miss Catharsis’ (Cuentos Completos), publicado en 2017 por Uniediciones de la Colección Zenócrate, se reúnen 28 cuentos en 227 páginas, escritos en más de cuatro décadas de escritura constante, un rigor narrativo que revelan su excéntrica manera de contar historias que tocan el espíritu a veces secreto y cotidiano del Caribe. Es la síntesis de sus libros ‘Marihuana para Göering’ (1980), ‘Señora tentación’, ‘El espía inglés’ (2001), ‘Cómo llegar a ser japonés’ (2010), ‘Gato suelto y feliz’ (2012), entre otros. “Entre narración policiaca, comedia y narración histórica, su prosa es, sobre todo, empresa de memoria, crítica burlona y estilo”, precisa Juan Moreno Blanco. “El autor parece empeñado en hacer las delicias del psicoanalista que observa escenarios donde todos los personajes, a pesar de estar “en su sitio”, parecen medio locos. Revelar mundo develando el ajedrez de las subjetividades es otro de los logros de esta literatura sin linaje, es decir, original, en nuestro contexto. Este es un autor infalible para la comprensión de cierta idiosincrasia Caribe”. Durante más de treinta años, Ramón Illán Bacca fue profesor de tiempo completo del Departamento de Humanidades de la Universidad del Norte e investigador del Centro de Investigaciones de la misma universidad. Sus cuentos han sido traducidos al francés, árabe, italiano, alemán y eslovaco.

Epílogo

Ramón decía que había leído en los últimos años muchas teorías sobre el cuento, pero no precisaba si eso hubiera podido influirlo, “pues nunca he podido sostener una conversación fluida sobre el tema. Siempre termino haciendo otra descripción y haciendo un cuento del cuento. Algunos críticos dicen que tengo un universo cuentístico reconocido; no sé qué quieren decir, pero me imagino que es como cuando uno oye los primeros compases de un bolero y sabe que lo va a cantar Leo Marini. Me hubiera gustado vivir de mi vocación de escritor. Por eso admiro tanto a Marcial de la Fuente Estefanía, quien vivió, y bien, de sus novelas de vaqueros, de aquellas que la muchachada de los cincuenta alquilaba para leer en los puestos de revistas”.

Al leer a Ramón Illán Bacca, algo del más íntimo y deslumbrante humor sale a relucir en el fondo de sus historias. Pero en su trama narrativa que fluye como un río claro que nos lleva al misterio y a la tensión del suspenso y la intriga, algo puede ocurrir dentro y fuera de sus personajes. Y al revelarse el secreto ya no podremos olvidar jamás la gracia y la grandeza de un veterano del cuento, y al encanto invencible de uno de nuestros más grandes narradores del Caribe que se ha ido tal vez para burlarse de todo con la misma sonrisa del descreído que va al más allá tal vez para seguir contando el cuento.