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Tres escritores colombianos que fueron condenados a muerte

José María Vargas Vila (1860-1933), Óscar Delgado (1910-1937), y Julio Daniel Chaparro (1962-1991), fueron tres escritores colombianos condenados al ostracismo y la muerte.

GUSTAVO TATIS GUERRA

15 de agosto de 2022 12:31 PM

Recuerdo que mi padre Honorio Manuel Tatis me entregó siendo niño un libro del escritor bogotano José María Vargas Vila (Bogotá, 1860- Barcelona 1933), me dijo que era un escritor prohibido y perseguido que había que leer a escondidas. Había sido excomulgado y desterrado de los textos escolares. Era el hijo del general José María Vargas Vila y de Elvira Bonilla. Una noche en Bogotá, sin presentirlo, caminando por la Candelaria, me detuve en una casa que resultó ser la casa pequeña y colonial donde nació Vargas Vila. El escritor cuando era joven fue maestro en varias ciudades del país, como Ibagué, Guasca, Anolaima y Bogotá, y había participado en la Guerra civil colombiana de 1884-1885 como soldado de las tropas liberales radicales de Santos Acosta. Perseguido como militante, luego de la derrota liberal, se escondió en los Llanos del Casanare, al amparo del general Gabriel Vargas Santos. Escribió un libro contra el presidente Rafael Núñez, que le generó la persecución política, hasta el punto que el presidente cartagenero puso precio a su cabeza, y tuvo que exiliarse de Colombia en Venezuela en 1886. Le puede interesar: Salman Rushdie, escritor acuchillado, estuvo en Cartagena dos veces.

¿Qué había hecho ese escritor para merecer el desprecio de los colombianos? Leí sus libros con la pasión y la devoción de un lector perseguido, y descubrí que Vargas Vila fue víctima de su tiempo, un perseguido por vivir y pensar de manera diferente. El mundo se divide entre ortodoxos, radicales, extremistas y fundamentalistas y tolerantes y eclécticos. Los que saben asimilar la sabiduría de las diferencias. A mí me encantaron muchos de sus libros como la novela romántica “Aura o la violetas” (1887) de Vargas Vila, llevada al cine en 1922; su biografía de Rubén Darío (1900), su ensayo “Ante los bárbaros: El yanqui, he ahí el enemigo” (1930) y “Ars Verba” (1910). Vargas Vila además de vetado por la iglesia católica, fue borrado de los textos escolares de Colombia, siendo uno de los mejores escritores de la nación. Fue autodidacta, orador prodigioso, liberal, activista político apasionado y crítico del clero, las ideas conservadoras y enemigo del imperialismo norteamericano. Eso no se lo perdonó nadie en este país que decidió desterrarlo, excomulgarlo, borrarlo de los textos escolares y aniquilarlo de la memoria del mundo. Lo que se ha hecho con Vargas Vila es lo más parecido a la puñalada en el cuello y el abdomen al escritor Salman Rusdhie que se debate entre la vida y la muerte. Sus ideas se anticipaban al existencialismo francés, al nadaísmo colombiano, pero también al nihilismo y al anarquismo. Tenía la elocuencia de la palabra contestataria, irreverente, reclamante, en el límite de la blasfemia. El poeta Rubén Darío le consagró los poemas: Cleopompo y Heliodemo y Propósito primaveral. A Vargas Vila no le perdonaron además que en su Diario personal y La Conquista de Bizancio, abordara la realidad de los homosexuales. Otras novelas suyas fueron polémicas: “Flor de fango” y “Las rosas de la tarde”.

Muerte de Óscar Delgado

La muerte violenta del poeta colombiano Óscar Delgado (Santa Ana, Magdalena, 1910- Santa Ana, 1937), la más alta promesa de la poesía del Caribe colombiana, asesinado a machetazos y tiros a sus 27 años, cuando se disponía a proteger a su padre, privó a las letras colombianas de uno de los mejores poetas de la historia literaria del país. No alcanzó a publicar menos de medio centenar de textos en prosa poética y en versos, todos de una belleza excepcional que auguraban un hito en la poesía de la región y el país. No le perdonaron que él junto a su padre, fuera liberal en un pueblo de mayoría conservadora. En el momento de morir, preparaba la edición de su primer y magistral libro de poemas celebrado por Aurelio Arturo y Eduardo Carranza, Óscar Delgado entró en la década del ochenta del siglo veinte en el panteón de la poesía colombiana, gracias al rescate de su obra iniciada por su amigo Carlos Alemán Zabaleta, a quien entrevistamos y conservaba los poemas de su amigo, el gran poeta sacrificado, víctima de la intolerancia política. Los poemas de Óscar Delgado abrieron el surco de un sendero novedoso en la poesía del Caribe colombiano y el país, en el que transitarían Gustavo Ibarra Merlano, Giovanni Quessep, Rómulo Bustos, entre otros.

Los tres comparten el destierro y el olvido de los colombianos que los ignoraron de figurar en los textos escolares, como si no hubieran existido, dejando una obra literaria valiosa.

El poeta sacrificado

Julio Daniel Chaparro (Sogamoso, 1962- Segovia, 1991), además de periodista fue un destacado poeta y gestor cultural, creador de la revista Nuevo Oriente. Trabajó en la emisora Nueva Frontera, dirigida por Luis Carlos Galán. Se vinculó al Magazín Dominical de El Espectador. Autor de “Y éramos como soles”, una antología poética de 1986, “País para mis ojos”, (1988), “Árbol ávido”, libro que no alcanzó a presentar en la Feria del Libro de Bogotá de 1991. Lo asesinaron el día en que saldría su poemario. En uno de sus poemas escribió la premonición: “Si una noche cualquiera me encuentran muerto en una calle y ven mi boca repleta de insectos rabiosos trabajando en mi lengua, no me sufran: habrá sucedido que caí antes de escuchar el balbuceo de mi hijo”.

Una historia trágica

Los tres escritores colombianos vivieron en tiempos diferentes, pero el lugar común fue la amenaza, la incomprensión, la intolerancia, el destierro, y en los casos de Óscar Delgado y Julio Daniel Chaparro, la muerte violenta. Los tres comparten el destierro y el olvido de los colombianos que los ignoraron de figurar en los textos escolares, como si no hubieran existido, dejando una obra literaria valiosa. No les perdonaron que pensaran en contravía y mucho menos que enjuiciaran la política y a los gobiernos, que se metieran con la religión católica en el caso específico de Vargas Vila, y mucho menos que enfrentaran a los magnates del poder corruptor. La actitud de Colombia ante estos escritores es lo más parecido a la amenaza de muerte y al sanguinario desprecio que durante más de tres décadas ha vivido el escritor Salman Rusdhie. A Vargas Vila no lo mataron físicamente, pero lo borraron de la historia oficial por pensar y vivir de manera diferente. Ninguno de sus libros circula en Colombia.

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