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Cultural

Una carta para Bebé reno: enviada desde mi iPhone

Los amantes del streaming no dejan de hablar de Bebé reno. Esta es una carta dirigida al sobreviviente de un caso de acoso que le está dando la vuelta al mundo.

Una carta para Bebé reno: enviada desde mi iPhone

Bebé reno. // foto: ilustración

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Querido y estimado Richard Gadd, te escribo desde Cartagena. Más que un trabajo periodístico de rutina para la edición del fin de semana, te escribo como método de catarsis luego de ver tu serie en Netflix, sí, digo “tu serie”, porque tú la actuaste, escribiste y viviste. Por consiguiente, todo lo que diga a través de las siguientes letras te concierne.

Mis amigos no dejaban de hablar de Bebé reno, y me advirtieron que era “una serie perturbadora sobre una acosadora que persigue a un muchacho muy buena gente”; esta reseña tan ligera y dicha desde el otro lado del spoiler, no me convenció del todo, luego leí por algún rincón de internet que tú, más allá de tener el protagónico, habías vivido en carne propia cada una de las situaciones que ahí ocurrían: era tu historia, tu interpretación, pero sobre todo, tú introspección. Lea también: ¿Vio ‘Bebé Reno’? Esta es la serie de la que todos hablan

No me imagino cuánto te costó volver a revivir todo en cada repetición, encuadre o plano, cada toma que quedó mal y tocó volver a filmar. Sin mencionar lo que significaría llegar a tu casa y darle vueltas a una situación que quizás todavía estás sanando, pero que grabación tras grabación pudo haber sido un dedo en la llaga para ti.

Hablemos de la historia

Conociste a Martha Scott en el bar donde trabajabas, la viste tan desprotegida que optaste por invitarle una bebida que corrió por tu cuenta. No te importó su aspecto, en principio te sorprendió que fuese tan graciosa como tú creías que no podías ser. No había que volver a verte para saber que eras atento y complaciente, que buscabas agradar a todo el mundo, al punto de no saber cómo poner límites.

Por alguna razón desde el primer capítulo deduje que te sentías desprotegido, incapaz de mostrarte tal y como eras, y frente a los demás optabas por dar una apariencia diferente y reservada, claro, que te rechacen siendo otro duele menos que cuando te rechazan siendo tú mismo, eso lo entendí, y también que volvieras a buscar a la señora Scott, sabiendo que había estado en la cárcel por haber acosado a otras personas.

Hace muchos años, cuando era una persona diferente a la que soy hoy, escuchaba una y otra vez en mi iPod una canción de la banda mexicana Pxndx que decía en una de sus líricas: “¿Existe alguien que se sienta igual que yo?, herido, solo y con ninguna dirección”. Ese fragmento inmediatamente lo asocié a tu caso con la señora Scott. Le aceptaste una salida a tomar un café, indicándole que la puerta no estaba cerrada del todo, y ella vio un agujero por donde entrar.

Para ti era difícil decirle que no, le dabas excesiva importancia a lo que los demás pudieran decir o pensar, hasta el punto de acceder a cosas que no querías, porque es claro, cuando no te das ningún valor no te importa lo que los demás hagan contigo. Imaginé que tu mayor angustia era no ser visto, no destacar, no ser relevante, pero ella provocaba el efecto contrario, te decía: “Eres muy gracioso”, “Tienes una cara bonita, con rasgos masculinos”, “Qué lindo estás”, te lo estaba diciendo a ti, que te sentías menos hombre que el resto, que eras más de observar que de ser visto, más de escuchar que de ser escuchado, eso, sumado a que te sentías culpable por un evento que había marcado tu vida y te lo callabas.

Una acosadora con mucha experiencia te estaba acosando, así lo interpretó Claudia Nicolasa, CEO de Mindhunt Academy de Madid (España), en el análisis psicológico que le hizo al personaje de Martha. Su observación detallada a tu historia me dio luz para escribir esta carta.

“El personaje de Martha presenta un delirio de erotomanía, su mente no está conectada con la realidad. A las personas con este perfil, por muchas evidencias e información verídica que les proporciones, difícilmente les harás entrar en razón, porque esa mente juega con otras normas, y será capaz de darle todas las vueltas necesarias a la información para poder encajarla con el delirio. Esto parte de un fuerte rechazo hacia su yo real, hacia su historia y origen. La alternativa que toma la persona es romper con esa realidad y recurrir a la fantasía”, mencionó Nicolasa.

Y anotó: “Es importante aclarar que no todas las personas con el perfil de Martha son peligrosas, y en la mayoría de casos, estas situaciones obsesivas se presentan con famosos. El discurso verbal o escrito también puede ser una señal en este tipo de pacientes, por eso Martha escribía de una forma tan particular, y al momento de hablar no era coherente con su discurso”.

Empatizaste con la señora Scott, quizá porque no solo veía lo bueno en ti, también era capaz de detectar tu trauma, ese que te acomplejaba, por eso en uno de los episodios te dijo: “Alguien te hizo mucho daño, ¿verdad?, ¿fue un hombre?”. Y entonces la serie nos muestra que toda esa angustia que tenías se debía a que un abuso que habías recibido recientemente.

Tiempo atrás, cuando vivías con tu exnovia, entraste en un desespero por conseguir un trabajo digno y saltar al estrellato, y conociste entonces a un guionista bien posicionado en la industria, y él también te elogiaba, parecía amable, pero había un interés oscuro detrás. Los que vimos la serie ya sabemos qué pasó, tal fue el impacto de las imágenes que muchos abandonaron el film en esa parte.

***

La señora Scott te distraía, te preocupabas por ella para no preocuparte por ti. No eras capaz de sentir compasión contigo, pero sí con ella: querías salvar a otra persona en lugar de salvarte a ti mismo. No la denunciaste a tiempo porque eso te obligaría a admitir que tenías a otra persona a quien denunciar.

Y es que luego de que Martha fuera encarcelada seguías buscando su presencia en tu vida. “Te encanta porque ella te ve como quieres ser, ella es todas tus reprensiones embotelladas en una persona”, te dijo Teri, otra de tus exnovias en uno de los episodios finales. Ella era una mujer trans, te gustaba mucho, pero lo ocultabas por vergüenza; no fuiste capaz de ver cuánto quería ayudarte. Lea también: HBO reveló imágenes de la segunda temporada de ‘The Last of Us’

Estuviste en un bucle de autosabotaje y castigo, tipo: “yo no me merezco cosas buenas, y busco que me hagan daño”. Según la psicóloga Claudia Nicolasa, este tipo de personas son las más susceptibles frente a perfiles de abusadores y manipuladores, ya que estos detectan a quién pueden someter.

El final de la historia me dejó un buen sabor de boca, es muy real, no te veo superando ese trauma, decidiste cerrar la serie mostrándonos cómo todavía no habías sanado, como pasa en la vida real con muchas personas que tienen presente a sus abusadores. En tu caso, no tenías muchos amigos o con quién desahogarte.

Luego de ver la historia narrada a través de la mirada y sensibilidad masculina, me propuse trabajar en algunas convicciones internas, siendo consciente de que ser hombres también significa llorar y mostrarnos vulnerables.

Te deseo los mejores éxitos como artista, y agradezco que hayas contado una historia sin villanos y finales felices porque en la vida real está lejos de ser así.

Un abrazo, mi estimado Richard Gadd.

Enviado desde mi iPhone.

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