Cultural


Valentino Cortázar, la secreta pasión de un artista

El colombiano tiene su taller artístico en el corazón amurallado de Cartagena de Indias. Crónica de un encuentro con él.

GUSTAVO TATIS GUERRA

28 de octubre de 2023 02:29 PM

Valentino Cortázar, artista colombiano de origen vasco, sacó de su gabinete una carpeta de dibujos que nos devolvió a una lejana puesta de sol. Su nombre emergió al atardecer frente al mar de Cadaqués, cuando el artista Salvador Dalí al ver sus pinturas como caleidoscopios que alumbraban los espejos del agua, dijo: “¡Tú eres un valiente!”.

El joven artista Álvaro Julio Cortázar Castañeda, nacido en Bogotá el 8 de septiembre de 1949, decidió aquel atardecer empezar a llamarse Valentino Cortázar y no Álvaro Julio Cortázar en recuerdo de Dalí. “Empecé a pintar desde que era un niño de cinco años”, me cuenta Valentino. “Estudié con los Hermanos Maristas en el Instituto del Carmen en Bogotá. Mis abuelos tenían una gran pinacoteca, entre las pinturas recuerdo las obras paisajísticas de Andrés Campuzano. Eran amantes del arte y poseían una gran biblioteca. En la finca, los abuelos tenían una frutera y un trapiche. Entre mis antepasados tuve doradores de altares de iglesias de Bogotá. Mis padres descubrieron mi vocación artística y dijeron: ‘No le vamos a quitar lo que no le podemos dar’. Gracias a la generosidad de mis padres vine a Cartagena en los años setenta”. Lea aquí: Ya está en las librerías ‘Le dedico mi silencio’ el libro de Vargas Llosa

Desde Cartagena viajó a Europa a bordo del trasatlántico Rossini, con destino a Génova. Conoció Venezuela, Curazao, Tenerife, Barcelona, Chipre, Atenas, llegó a Haifa y allí se quedó un año, “estudiando y trabajando en los Kibutz de Israel”. Vio a Marc Chagall trabajando los vitrales en el Parlamento de Jerusalén. En 1971 vivió en Yerápetra, en la Isla de Creta, pueblo de pescadores, y sintió el embrujo de la luz y la calidez humana como un llamado de su “despertar artístico”. Su peregrinaje siguió a Turquía, Yugoslavia, Italia, Austria, Alemania y Holanda. Hizo sus primeros contactos académicos en Londres en 1972 y de allí viajó a Madrid en 1973. Quedó hipnotizado por la belleza de la Isla de Ibiza, meca del arte de los años setenta, donde instaura su primer taller.

Encuentro con Dalí

La casa de Salvador Dalí en Cadaqués estaba frente a una cortina densa de árboles, y al fondo se escuchaba el rugido ronco del mar que era de un azul cobalto. El joven Álvaro Julio Cortázar, hoy Valentino Cortázar, golpeó a la puerta del genio español. Rosa, la empleada de la casa, abrió la puerta. Ella y su hermana habían venido desde Boyacá traídas a España por la familia diplomática de Alejandro Obregón, y terminaron trabajando en la casa de Dalí. Conocerlo ha sido para el artista colombiano una de las experiencias más bellas y transformadoras de su vida, porque desde aquel encuentro empezó a llamarse Valentino Cortázar.

“Dalí debía tener 69 o 70 años, y yo era un muchacho de 20 años. Conservo algunas imágenes de aquel encuentro con este genio adorado y encantador. Me sorprendió recorrer su casa tan parecida a él, con un oso disecado, su colección de bastones y su colección de caleidoscopios, su pareja de tigres domesticados que había traído del Amazonas, Colombia, que las hermanas boyacenses que trabajaban para él paseaban a la orilla del mar con una cadenita, como si se tratara de unos gatos salvajes. Las muchachas eran de una belleza indígena. Y la casa fluía en un ambiente conmovedoramente surrealista.

Valentino Cortázar al interior de su hogar. //Foto: Óscar Díaz- El Universal.
Valentino Cortázar al interior de su hogar. //Foto: Óscar Díaz- El Universal.

“La gente de Cadaqués deliraba al ver a Dalí. Percibí a Dalí como un ser genial, sencillo, para mí el Da Vinci del siglo XX. Mi amiga catalana Mercedes Riveira le dijo a Dalí que yo era pintor, y Dalí me pidió que le mostrara mis dibujos. Saqué del vehículo mi carpeta de dibujos. Cuando Dalí los vio, solo dijo: ¡Me encanta tu color, eres un valiente! ¡La libertad está en tus manos! Nos brindó champaña rosada de esa uva delicada del Mediterráneo, una uva cultivada en esa zona catalana. Al mirar sus propias pinturas dijo que “cada obra tiene un dueño predestinado”. Aquel día con Dalí fue uno de los mejores días de mi vida”.

Los viajes de Valentino

Ahora en su taller de Cartagena acaricia un bastón de poder que tiene una montura y un anillo de plata, un hermoso bastón de madera de chontaduro que perteneció a un jerarca inca. Y lo tiene allí como un recuerdo de los bastones de Dalí. Confiesa que desde que salió en aquel barco desde Cartagena hacia Europa no dejó de viajar por el mundo. Su deseo era descubrir los prodigios del arte universal. En Madrid se consagró a estudiar las obras del Museo de El Prado, y en los museos de Italia fue tras sus grandes maestros del Renacimiento, que “han sido la gran revelación artística que hasta hoy ha mantenido intacta mi vocación de pintor”.

Precisa que se formó en un ambiente Mediterráneo, en la Islas de Creta e Ibiza, “y desde entonces he llevado mis pinceles por el mundo”. Uno de sus grandes descubrimientos fue Dinamarca en 1975, y la isla de Jutland, que dejan una estela imborrable su corazón. En aquel agosto 25 de 1975 nace su hija Léa Silvana Cortázar-Bastiansen. Vuelve a Ibiza en 1976, y en su casa al pie del mar pinta “con papeles de trapo, hechos a mano”. Lea aquí: Cómo vivir de las artes escénicas y no morir en el intento?

La mujer en alto

Se considera un impresionista, un artista seducido por los colores. Y en todo lo que pinta hay siempre el ánima de una mujer. La figura femenina es una presencia tutelar en toda su obra. El desnudo femenino. “Soy un colorista. Hago retratos a mi manera. Creo que uno siempre está creando nuevas ideas. Son colores del alma y la vida”.

Valentino Cortázar. //Foto: Óscar Díaz- El Universal.
Valentino Cortázar. //Foto: Óscar Díaz- El Universal.

Con tres palabras define su vocación: pasión, ternura, belleza. Además de dibujante y pintor, es un poeta que narra su travesía como un diario de navegante perpetuo. En 1979 escribió el “Diario de Ibiza en Invierno”. En su pintura integra paisaje, figura humana, naturaleza, todo en un universo de intenso color, en el que confluye el mar, la noche, la flora y la fauna. En 1982 regresó a Colombia y creó su taller en Villa Verde, casa de campo en Cachipay, Cundinamarca. Expuso en la Galería El Callejón de Bogotá. En 1984 en la Galería Iriarte. En mayo 17 nació su hijo Esteban Cortázar-Vaughan.

Me enseña una pintura a Sofía Vergara. Un homenaje a Goya con “Mi Maja caribeña”, pintada en Cartagena. Un homenaje a un paisaje del Tolima, desde un balcón de Armero, con una montaña que ya no existe. Una pintura a Remedios La Bella. Recorremos su enorme casa restaurada a lo largo de veinte años de vigilias, en la Playa de la Artillería de Cartagena, que es un verdadero museo que alberga su monumental y extraordinaria creación artística. “Es una casa museo para la historia”, dice. Su arte y su casa es un homenaje a Andrea Villegas, su esposa, su musa constante, con la que cada día forja bellezas en cada uno de los rincones bajo la luz del mar y el cielo que se cuelan por las ventanas.

Pintor de la Fania Alls Star

Valentino Cortázar es una caja de sorpresas. Pintó portadas para álbumes de la Fania All Stars en los años 70. El productor Jerry Masucci, de la Fania Records, le compró 20 cuadros que exhibía en su apartamento en los Estados Unidos. Valentino fue huésped en casa de Masucci. Hace poco, al celebrar sus 74 años, el artista recibió como un regalo de la vida ocho pinturas suyas que Melissa, la exesposa de Jerry Masucci, le entregó para su colección privada, entre ellas, la pinturas está “Viva Colombia” (1975).

Entre sus tesoros en su casa tiene el libro de Maurice Busset “La técnica moderna del cuadro”. Algunas balas de Francis Drake que estallaron contra la soledad de su patio hace siglos y él convirtió en pequeñas esculturas.

Relee poemas de García Lorca y “En busca del tiempo perdido” de Proust, y me enseña una frase de Aristóteles: “De nada vale la belleza sin juventud, como de nada vale la juventud sin belleza”.

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