A poco menos de dos meses para que ruede el balón en el Mundial de Rusia crece la expectativa en Colombia por lo que puede ser la actuación de la tricolor en la cita orbital.
Después de la brillante presentación en el Mundial de Brasil, en donde Colombia fue quinta, el grueso de los aficionados habla “olímpicamente” de semifinales como la meta a cumplir.
Y alegremente siendo hinchas sí que se pueden lanzar campanas al vuelo, pero la realidad de las cosas es otra muy distinta y no porque Colombia no tenga fútbol para llegar allá. No. Simplemente se debe ir paso a paso sin desmeritar los rivales de la primera ronda (Japón, Polonia y Senegal) y los de una eventual segunda fase (Inglaterra o Bélgica).
El análisis es claro. La Colombia de José Pékerman muestra un nuevo proceso, con muchas caras nuevas, en donde se deberá esperar un poco para saber qué podrían dar realmente los que apenas se suman al combinado patrio.
Jugarán su primer mundial jugadores como Yerry Mina, Davinson Sánchez, Johan Mojica, Mateus Uribe, Wilmar Barrios, Jefferson Lerma, José Izquierdo, Luis Fernando Muriel y Duván Zapata, futbolistas de primer nivel en sus equipos, pero que a nivel de Selección, pese a tener notas sobresalientes de momento, aún deben ganar el examen para poder avanzar.
Si estos que llegan muestran personalidad, entrega, captan bien la filosofía del juego que pretende Pékerman de seguro que ayudarán a los de más experiencia, caso David Ospina, Santiago Arias, Juan Guillermo Cuadrado, Carlos Sánchez, Abel Aguilar, James Rodríguez y el mismísimo Radamel Falcao, un atacante de talla internacional que sumará su primer mundial.
Ir paso a paso, sumando de a tres, conservando la unión del grupo, el compromiso con todo un país es el gran reto de los pupilos de Pékerman.
Por ahora, la meta es pasar a la segunda ronda, pero para eso habrá que jugar 270 minutos, más el tiempo de adición, para sellar la clasificación. Si esto se da, después ya veremos...
A no dejarse llevar
Se ha ganado mucho terreno en la personalidad y experiencia con nuestros jugadores, la mayoría de ellos en el exterior. Ya no existe el pánico escénico y esa es la gran realidad, pues las rechiflas no afectan a ningún colombiano que juegue fútbol al más alto nivel.
Ahora hay más entrega y amor por la camiseta, así como también mayor compañerismo. Esto ayuda a tener un equipo más compenetrado. Pero dejarse llevar por el favoritismo que nos da mucha gente en el exterior puede resultar demasiado grave, hasta el punto que todo se puede venir a menos.