Sudamérica y gran parte del planeta se quedó esperando el juego. No rodó el balón, la lluvia impidió que se realizara ayer el cotejo de ida de la final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y River Plate, la cual ha sido denominada como la “final del mundo”.
La Bombonera estaba lista para recibir a 50 mil personas, pero una fuerte tormenta en Buenos Aires obligo a que fuera aplazado el juego para hoy, a las 2 de la tarde, hora colombiana.
“Por motivos de fuerza mayor el partido queda suspendido para mañana (hoy)”, anunció la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) a través de su cuenta de Twitter.
El Servicio Meteorológico Nacional también anuncia lluvias para hoy, por lo que la denominada “final del mundo” aún está en suspenso.
Ninguno de los dos planteles había arribado al estadio, pero sí lo hicieron varios miles de hinchas del Boca Juniors.
El chileno Roberto Tobar recorrió el campo minutos antes del anuncio de la suspensión para analizar el terreno.
Cuando patearon la pelota para probar las condiciones de juego, la bola se atascó varias veces en los charcos formados en el césped, y mientras caminaban, sus botines se sumergían y salpicaban agua.
Los clubes argentinos mantienen una de las más acérrimas rivalidades en el fútbol mundial y se miden por primera vez por el máximo trofeo continental de América. El duelo tiene a millones pendientes de su resultado.
La inédita final ha caldeado los ánimos en Argentina, donde la mayoría de su población de unos 40 millones de habitantes divide su fervorosa pasión entre Boca y River.
El presidente Mauricio Macri, quien presidió a Boca con éxito durante una década, trató de afortunado al técnico de River Marcelo Gallardo con un término soez durante un acto oficial. Días atrás una pareja llamó a su hijo recién nacido Enzo River Plate Bejarano.
En los medios de comunicación, los cardiólogos y psicólogos dan consejos a los débiles de corazón para que un partido de fútbol no se convierta en causal de estrés - o hasta de muerte.
Los funcionarios de seguridad han hecho numerosos llamados para garantizar que todo transcurra en paz, pese a que paradójicamente no habrá público visitante en ninguno de los estadios. Argentina los tiene prohibido desde 2013, con algunas excepciones.
Miles de hinchas llegaron a La Bombonera desde temprano. "El cielo se puso a favor de River, que tiene miedo de jugar", dijo el hincha Sandro Perea, con su camiseta de Boca empapada.
"La verdad tengo mucha bronca, esta final es un suplicio y queremos jugarla ya", añadió.
Las portadas de los principales periódicos argentinos mostraron ayer su lado más comedido.
“La gran final. Episodio I”, indicó el diario La Nación en la parte superior de su portada, seguido del mensaje “La volcánica definición de la Libertadores entre Boca y River no tiene límites: enciende pasiones y atrapa la mirada del mundo del fútbol”.
El matutino Clarín le dedicó un espacio más grande, casi la mitad inferior de la portada, pero con una escueta presentación de este “encuentro histórico” al decir “Boca y River: la superfinal que espera todo el mundo”, acompañada de una fotografía de la copa y con un breve resumen de lo que supondrá el encuentro para la prensa internacional.
En el caso del diario deportivo Olé, pasó lo inesperado, ya que no propusieron ningún diseño.
“Disculpen. No estamos capacitados para hacer esta tapa. Mañana tendremos revancha”, publicaron simulando un mensaje de Whatsapp en primera plana sobre un fondo de color naranja.
Este encuentro en la final entre los dos equipos argentinos es la primera vez en la historia de este torneo, por lo que ha generado grandes expectativas a lo largo de la semana entre los argentinos y la afición internacional.
La vuelta tendrá lugar el 24 de octubre y será en el Monumental en el mismo horario.
Por otra parte, la Copa Libertadores tendrá desde 2019 una final a partido único en un estadio neutral, por lo que este superclásico se vuelve aún más importante.
También Cartagena se quedó esperando el juego, pues Boca presentaría al cartagenero Wílmar Barrios en la formación titular.
En La Candelaria, un populoso barrio de Cartagena en donde se crió Wílmar, todas las tiendas quedaron con las sillas vacías y sin destapar las cervezas.
También se observaron muchas camisetas de Boca Juniors en las calles de la ciudad en señal de apoyo al cartagenero. De igual forma se observaron camisetas de River Plate, en una demostración de que se está en sintonía con la “final del mundo”.
Todo quedó para hoy, ojalá y la lluvia lo permita...



