le tocó pasar hambre en La Candelaria, un barrio marginal de Cartagena, en donde además de la extrema pobreza también se vive en medio de mucha violencia, alcohol y drogas.
La vida lo golpeó, pero supo sortear cada peligrosa situación para salir adelante, tanto que pasó de vender hielo de niño a ayudar hoy, a sus 26 años, a 500 familias para mitigar un poco el hambre de su gente en épocas de coronavirus.
Es el caso de Wílmar Barrios, el volante cartagenero que brilla en la selección Colombia y el Zenit de Rusia que envió 500 mercados a familias de La Candelaria y otros barrios de la ciudad.
No se olvida de su gente, sabe que en Cartagena se disparó el hambre porque hay miles de personas que viven del día a día y hoy, en época de cuarentena, no tienen cómo solventar las necesidades básicas en el hogar.
Henry Calderón, entrenador que formó a Wílmar Barrios como futbolista, asegura que “Ese gesto de Wílmar es algo que no tiene precio, lo hace de corazón, con mucho cariño, sin tanta bulla, no quiere protagonismo, lo único que desea es ayudar un poquito a muchas familias en Cartagena que en estos momentos viven una difícil situación”.
Calderón, director deportivo de la Escuela de Fútbol Talentos Cartageneros, ayudó a repartir mercados a gente del fútbol aficionado y a algunos que están alrededor de Wílmar que hoy tienen muchas necesidades.
El deporte es una herramienta de superación que ayuda a afrontar los miedos y dificultades. El fútbol, que no es la excepción, fue fiel testigo de lo que Wílmar tuvo que pasar para poder salir adelante luego de una infancia complicada en medio de un entorno difícil.
El barrio La Candelaria lo vio nacer un 16 de octubre de 1993. Su familia vivía en el borde de la Ciénaga de la Virgen, donde las condiciones aún son más difíciles.
Para hacerle un zig zag a los malos vicios, Barrios enfocó su vida en un balón de fútbol. “El que quiere, puede. Yo me enfoqué en lo mío, el balón. Me crié y en un barrio donde se vive en condiciones difíciles y pude salir adelante. Hay violencia, matanzas. Muchas veces quedé en medio de tiroteos y la tentación de la delincuencia siempre estuvo. Y siempre estaba la droga”, sostuvo Wílmar hace un tiempo atrás a los medios de comunicación.
En esa vecindad, Wílmar se crió junto a Cilia, su abuela que, como podía, se combatía para poder darle a su amado nieto lo necesario.
En un playón lleno de piedras y vidrios y a pies descalzos, Wílmar comenzó a mostrar sus primeros destellos, fuerza y carácter dentro de una cancha en su barrio.
Fue así como llegó a jugar en Comfenalco y luego pasó a Ciclones, una academia que operaba en marco de un convenio con este colegio y buscaba proyectar a los jugadores al fútbol profesional. Ahí conoció a su entrenador de siempre: Henry Calderón.
Vendía bolsas de hielo para ayudarse con los pasajes para ir a entrenar, pero en ocasiones no le alcanzaba el dinero y se iba y regresaba a pie.
Inició como volante creativo, pero tras unos años pasó a ser volante de recuperación.
Debutó como profesional en Tolima, pero fue el Boca Juniors el equipo que lo daría a conocer como estrella.
En ambos equipos le tocó hacer fila y ganarse su puesto a pulso, con mucha humildad, sacrificio y disciplina. Al principio no lo tenían en cuenta, pero Wílmar no bajó los brazos y terminó brillando en ambos clubes.
Actuó con Colombia en los Juegos Olímpicos de 2016 y estuvo con la Tricolor en el Mundial de Rusia en 2018. Actualmente es pieza clave del la selección nacional que dirige Carlos Queiroz.
Juega para el Zenit de Rusia y gracias a su buen accionar es uno de los jugadores más queridos de la institución de San Petersburgo.
A este cartagenero no le tocó fácil en la vida, pero pudo salir adelante, demostrando que aún en condiciones difíciles se pueden tomar las mejores decisiones en busca de sus sueños.
Hoy cuando Cartagena, Colombia y el mundo viven momentos difíciles por el coronavirus, Wílmar muestra la nobleza de su corazón para ayudar. “Me siento orgulloso de ‘Wílmita’, siempre he tenido como filosofía formar jugadores, pero ante todo personas de bien que sean útiles a la sociedad y él llena todas esas características. Tiene un gran corazón y sé que Dios le multiplicará todos los gestos que viene teniendo con su gente desde hace rato”, puntualiza Calderón. Wílmar es un claro ejemplo de superación. Sí. Gracias a un balón se hizo grande y ahora ayuda a su gente...






