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Jonas Vingegaard, el hombre que hizo temblar a Pogacar en la 11ª etapa del Tour

El danés Jonas Vingegaard ha sido el único pedalista que ha soldado a Pogacar en la subida, quien se veía inmenso ante el lote. Se espera que lo siga atacando en las etapas duras.

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EFE
07 JUL 2021 - 05:12 PM

Jonas Vingegaard ha sido el único corredor que ha puesto en aprietos en la subida a Tadej Pogacar. //EFE

Las sorpresas vienen, por definición, del lugar más inesperado y Tadej Pogacar no debía esperar un ataque del joven danés Jonas Vingegaard que, con una hachazo seco en las rampas del Ventoux, hizo temblar la fortaleza del esloveno, hasta ahora inexpugnable.

Aceleró a tres kilómetros para la cima del “Gigante de la Provenza” con tal energía que el maillot amarillo tuvo que rendirse a la evidencia y mostrar que, en contra de lo que se pensaba, es humano.

El golpe fue inocuo para el defensor del título, que recuperó el tiempo perdido en el ascenso hasta la meta, pero permitió al danés del Jumbo colocarse en el tercer puesto provisional de la general en una jornada agridulce para su equipo, que acabó con victoria del belga Wout van Aert y en la que el alemán Toni Martin debió abandonar.

Vingegaard, 24 años, rostro aniñado -como Pogacar- y un palmarés casi virgen, una única carrera de tres semanas en sus piernas, la Vuelta de 2020, se encuentra en medio de una impresionante atención mediática, protagonista en el Tour, líder de uno de los equipos más importantes del pelotón.

Toda una sorpresa para este ciclista que supone una anomalía en su país, un escalador en las tierras danesas que no superar los 30 metros sobre el nivel del mar, una geografía que suele producir más bien rodadores.

Vingegaard no tiene el físico de los ciclistas daneses. Es menudo. Tampoco su cultura de la bicicleta, adquirida junto a su padre, un gran aficionado que le llevaba a ver todas las carreras, hasta el punto que el ciclismo acabó por convertirse en su pasión.

Sin embargo, su explosión fue tardía. Hasta el punto de que a los 20 años estuvo dudando en dejar la bicicleta para completar sus estudios. Un contrato semiprofesional le hizo quedarse con el deporte y la suerte quiso que su director deportivo fuera amigo de uno de los capos del Jumbo.

Así llegó en 2019 a una de las escuderías más importantes del pelotón, con la intención de aprender, pero también de ayudar a su líder, el esloveno Primoz Roglic.

Su eclosión llegó en la Vuelta a Polonia de ese mismo año, donde ganó la etapa reina y se vistió de líder, pero no pudo soportar la presión y cedió mucho tiempo al día siguiente.

Su valía se dejó ver también en la Vuelta a Dinamarca, donde fue segundo y en la de Alemania, donde fue noveno.

ASCENSO LENTO

El equipo comenzó a encargarle trabajos más importantes, como respaldar al esloveno Primoz Roglic en la Vuelta de 2020, donde logró su segundo triunfo consecutivo.

Fue su primer contacto con una carrera de tres semanas y la demostración para el equipo de que contaba con un diamante en bruto.

Programado en un primer momento para disputar la primera parte de a temporada y, posteriormente, la Vuelta, su calendario se vio totalmente modificado cuando en enero el holandés Tom Doumolin anunció su retirada.

De repente, su nombre figuraba en la nómina del Tour, el sueño de su vida.

“No me lo podía creer”, aseguró en la salida de Brest, “correr con las primeras figuras del mundo es algo increíble”.

Era el premio a una temporada brillante, en la que ganó una etapa en el Tour de los UAE, por delante de Roglic, y la general de la Semana Coppi e Bartali, su primer triunfo en una carrera profesional.

Unos días más tarde confirmó con el segundo puesto en la Vuelta al País Vasco, por detrás de Roglic, la que considera su carrera más importante hasta el momento.

“Había ganado cosas por sorpresa, pero soportar la presión de ser uno de los favoritos, no lo había conseguido. Por eso creo que fue un salto en mi carrera”, dijo.

Ahora de nuevo el mundo del ciclismo se fija en el pequeño escalador danés, que no solo sabe subir puertos. En Laval fue tercero en una contrarreloj de 27,2 kilómetros, solo superado por el suizo Stefan Kung, campeón de Europa de la disciplina, y por Pogacar, que apenas le sacó 27 segundos.

Ahora se convierte en una opción clara para ocupar el podio de París y ya puede presumir de haber hecho vacilar al esloveno al que otros, más expertos, apenas han causado rasguños.

Los Campos Elíseos están todavía lejos, pero Vingegaard ya no podrá esconderse.

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