Nairo Quintana, quien anunció este domingo que se retirará al finalizar la temporada de 2026, dejará el ciclismo como la leyenda que le devolvió la grandeza a Colombia en este deporte como uno de los mejores escaladores del mundo y con los títulos del Giro de Italia de 2014 y la Vuelta a España en 2016.
A sus 36 años, ‘Naironman’, como le dicen sus seguidores, se bajará de la bicicleta con la certeza de que lo ganó casi todo, excepto el Tour de Francia que se le escapó en 2013 y 2015, cuando fue subcampeón, y en 2018, año en el que ocupó el tercer lugar por detrás de Chris Froome y Romain Bardet.
El ciclista culmina además su carrera en el Movistar Team, el equipo al que volvió en 2024 y con el que lo ganó todo lo que pudo entre 2012 y 2019 bajo la dirección del español Eusebio Unzué. Te invito a leer: Nairo Quintana, cerca del retiro: su legado y últimos resultados
Más de la vida de Nairo Quintana
Quintana nació el 4 de febrero de 1990 en Tunja, una ciudad ubicada a más 2.800 metros sobre el nivel del mar en el corazón de la Cordillera Oriental de los Andes.
Desde niño fue un superdotado para la bicicleta y con 18 años tenía un nivel físico prodigioso. Según su descubridor, el exdirector español Vicente Belda, “en la bici era un chaval con desparpajo”.
La historia de Quintana tiene mucho que ver con el espíritu de superación, pues el colombiano ha repetido a lo largo de su carrera que su vida es como la de cualquiera, aunque la popularidad en su país y en el entorno de cada carrera le obligó a cambiar sus hábitos. Te invito a leer: Nairo Quintana admite que el retiro está cerca, pero aún no define fecha
Para él nada como su tierra y su familia para estar tranquilo y ponerse a punto para la temporada. Sus padres, Eloísa y Luis, y sus hermanos, Nelly, Willinton, Leidy y Dayer -también ciclista- fueron imprescindibles en su trayectoria.
Fueron los primeros en emocionarse con sus triunfos y los primeros en apoyarlo cuando las cosas no salieron como quería.
Dicen los que le conocen desde sus comienzos, que Nairo es atrevido y la vehemencia es una seña de identidad, por mucho que lo intente camuflar en su timidez.

