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¿Qué le faltó a Colombia en el Mundial 2026? Lo que le sobró a Argentina

La actuación de Colombia en el Mundial 2026 abrió una pregunta incómoda: ¿qué sostiene a un equipo en la búsqueda de la gloria?

¿Qué le faltó a Colombia en el Mundial 2026? Lo que le sobró a Argentina

Colombia cayó en penales contra Suiza y se fue eliminada del Mundial 2026. //Foto, AP: Darryl Dyck/The Canadian Press

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El mejor partido de Colombia en la Copa del Mundo fue ante Portugal, la cuarta selección más valiosa del torneo, la de Cristiano Ronaldo. Durante 90 minutos, el equipo de Néstor Lorenzo dominó el juego, neutralizó el talento individual portugués y confirmó que podía competir contra cualquiera. Jhon Córdoba fue determinante para potenciar el juego sin balón y arrastrar la marca de los centrales Renato Veiga y Rúben Dias. Un verdadero espectáculo. Mientras que Santiago Arias contuvo a João Félix, Pedro Neto y Rafael Leão. Los dos eran suplentes.

Arias demostró que es cierto lo que dice en cada entrevista: es capaz de dejarlo todo por la Selección, hasta un tobillo. Colombia encontró el gol que tanto merecía un partido con semejante despliegue, pero, debido a las actuales reglas del fuera de lugar, fue anulado. La prensa internacional elogió al equipo consolidado. Todos querían ver más de esa Colombia de bonito juego.

La solidez y estética de Dávinson Sánchez y Jhon Lucumí, sumada al trabajo de Gustavo Puerta, Jefferson Lerma y Jhon Arias, consolidó un sistema capaz de defender y atacar con criterio desde la mitad de la cancha. Sin embargo, volvió a aparecer una vieja deuda goleadora: la falta de eficacia ofensiva de los atacantes. Aun así, aquella actuación dejó una sensación que Colombia no experimentaba desde la Copa América de 2024: una certeza sobre el futuro. ¿Éramos capaces de llegar a una final del mundo?

Colombia se parecía al equipo que llegó a una final después de 23 años y mantuvo a la Argentina de Lionel Messi en vilo hasta el minuto 112 de la final continental. Jugaba con alegría, competía con intensidad y terminó como la selección más goleadora del torneo, con un James Rodríguez cerca de su mejor versión. Dos años después, la ilusión regresó y en las calles se hablaba de una revancha en cuartos.

Pero llegaron los octavos de final y apareció una Suiza organizada, disciplinada y resolutiva. Los titulares dieron señales de agotamiento. Fue un partido parejo, entre una Suiza que buscaba ganar y una Colombia que trataba de mantenerse a flote. No hubo juego colectivo ni individualidades. Faltó garra y sobró desánimo y desconexión.

Falta algo y no es el gol

El fútbol, el deporte más amado y practicado en el país, es una de las disciplinas que menos alegrías le ha regalado a su afición. Futbolistas de gran nivel brillan en las mejores ligas del mundo; no obstante, con la Selección solo despiertan ilusiones momentáneas. Son pocas las veces que logran instalar la sensación de que Colombia puede sentarse en la mesa de los mejores del mundo.

Después de Portugal, parecía no existir un rival inalcanzable, ni siquiera la Francia de Mbappé, Dembélé y Olise. Por primera vez en mucho tiempo, Colombia parecía capaz de competir de igual a igual contra cualquiera, porque las favoritas habían mostrado sus debilidades. Se habían dejado leer.

En un mundial no hay espacio para el conformismo. Es, literalmente, matar o morir. Ganar o perder. Hay que tener carácter, visión, meta y propósito; eso que llamamos garra. Argentina lo demostró tan bien que hoy, domingo 19 de julio, defenderá su título ante una España que busca conquistar la gloria después de 16 años.

La albiceleste no fue la única en demostrarlo. Cabo Verde, debutante en una Copa del Mundo y considerado por muchos un rival menor, dejó claro que el talento no siempre llega de la mano de los grandes equipos europeos. No perdió en los 90 reglamentarios y su héroe fue Vozinha, el arquero de 40 años que no le tuvo miedo a algunos de los mejores atacantes del mundo. Sabía que oportunidades como esa no se viven dos veces.

Tal fue la garra caboverdiana que mantuvo, en los dieciseisavos de final, a los hombres de Lionel Scaloni al borde del colapso mental mientras lidiaban con el agotamiento físico. Fue un partido de goles espectaculares y de un gran temple por parte de ambos equipos. Se definió a los 111 minutos por un cabezazo del experimentado Cuti Romero que tenía claro que debía intervenir para que Messi siguiera de pie. El Cuti le cumplió a Argentina.

“Cada vez que salimos a la cancha somos conscientes de que puede ser el último partido de Leo con esta camiseta. Por eso nos rompemos el alma ahí adentro; jugamos y corremos para que ese último partido de Messi no llegue nunca”, dijo Leandro Paredes en zona mixta después de la clasificación argentina.

Egipto jugó por un pueblo envuelto en polvo y bombas. Denunció racismo, discriminación y posibles actos de corrupción. Inglaterra no tenía nada que perder y todo por ganar. Bélgica compitió con el mismo ímpetu de su generación dorada pero sin el ritmo de Lukaku, Hazard y De Bruyne. Paraguay eliminó a Alemania y llevó al límite a Francia con el orgullo y la fuerza de quienes se formaron descalzos sobre tierra colorada. Francia quiso sostener su revolución futbolística y España carga con el peso de demostrar que su nueva generación puede hacer historia, como en 2010.

Jaminton Campaz tuvo una de las más claras para darle la victoria a Colombia en el alargue de los octavos de final. //Foto, AP: /Lindsey Wasson
Jaminton Campaz tuvo una de las más claras para darle la victoria a Colombia en el alargue de los octavos de final. //Foto, AP: /Lindsey Wasson

Cuando el talento no es suficiente

La Selección Colombia es sinónimo de unión. Disuelve cualquier diferencia entre los connacionales. Se comparte el mismo espacio y el mismo anhelo, lejos de las diferencias sociales, económicas, raciales y políticas. Eso es, al menos, para los aficionados; no necesariamente para el equipo.

Durante años, los rumores de rencillas en el vestuario han alimentado el debate entre periodistas deportivos. Aunque los jugadores se muestran como una familia, persiste la sensación de que cada uno marcha por su lado. Falta un propósito común. Perder parece no tener consecuencias. Sus vidas no cambian de manera significativa con el resultado y vestir la camiseta de la Selección se ha convertido, para muchos, en un status quo. Son sus actuaciones en los clubes las que terminan garantizando su presente.

No hay identidad. No hay propósito. No hay mentalidad ganadora. No hay un líder. No hay un símbolo patrio que los congregue en una misma dirección. No hay un Maradona redentor en medio de una guerra o un Messi salvador en medio de la sequía.

Y es que el mayor desafío del fútbol colombiano no es un recambio generacional sin talento. El juego bonito sigue abundando. Lo difícil será encontrar un líder que demuestre, con el ejemplo, que por la camiseta se entrega hasta la última gota de sangre en la búsqueda de la gloria deportiva; alguien capaz de inspirar a los demás a poner el objetivo colectivo por encima del interés individual. Porque en este deporte no juegan once contra once: detrás de ellos hay naciones enteras que intentan aliviar sus tristezas, enfrentar sus desafíos y depositar sus esperanzas en un balón.

A Colombia la está matando la falta de hambre por el triunfo y la sed de victoria. Mientras Argentina promete vengar el Mundial del 94: “Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo”.

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