La siembra de frijol en el país está en manos de campesinos muy pobres. Ahora, no les quieren comprar su cosecha, pues el mercado está inundado de grano importado y de contrabando.
A los frijoleros de Santander y de todo el país, la Navidad se les vino atravesada.
La carga de fríjol que llegaron a vender por encima de $370 mil, ahora, la negocian a $200.000, pero si ésta es de radical, la variedad que más se consume en Bogotá y Medellín, se puede tasar a $240.000.
De acuerdo con Querubín Rueda, cultivador de Villanueva, epicentro productivo de Santander, se está trabajando a pérdida y lo grave es que “muchas familias ante la necesidad, sacan su producido y están a merced de los compradores que aducen que el país está inundado de fríjol”.
Un directivo de la cooperativa en Villanueva, Santander, dijo que el “Gobierno no hizo caso. Se advirtió que estaba entrado fríjol de contrabando así como importaciones excesivas; sin embargo, nunca nos pararon bolas y mire, ahora cuando aún falta el 50% de la cosecha en Santander, tocó regalarla”, agregó.
De acuerdo con José Isauro Román, de la Asocalima, asociación de campesinos que siembran fríjol en el sur de Bolívar, están vendiendo la carga a $200.000 cuando los costos están por $300.000”.
Román expresó que esa situación tiene en crisis a 500 familias en esa zona del país, que un día decidieron entrar a los programas de sustitución de cultivos ilícitos promocionados en la zona por el Gobierno Nacional.
“Los campesinos deciden sembrar cultivos lícitos y ahora no les compran sus cosechas”, agregó.
En Santander, las siembras llegan a las 8 mil hectáreas y se afectan cerca de 10 mil familias pobres.
UN GRAVE PROBLEMA
Para Henry Vanegas Angarita, director ejecutivo de la Federación Nacional de Cerealistas y Leguminosas, Fenalce, hay mucho fríjol y los comerciantes están comprando a precio bajos. En su concepto, hay importaciones de Estados Unidos, Canadá China y Ecuador, pero no han sido grandes. Igualmente dijo que está “quieta la demanda y lo otro, que el comerciante solo está comprando cantidades mínimas para no saturar la plaza”.
Vanegas Angarita dijo que con el fríjol sucede un problema diferente a los otros granos. “Acá el que más tenga está más encartado porque el campesino no tiene poder de negociación”.
El directivo dijo que el Gobierno debe “pararle muchas bolas a este problema, porque es un cultivo de las zonas más marginales del país y todo aquel que lo produce es pequeño”.
Vanegas Angarita dijo que “el Ministerio de Agricultura se había comprometido con un apoyo directo, pero hasta la fecha no se ha concretado nada” y agregó que los frijoleros del país terminan el año quebrados.
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