Comprar una casa, un carro, viajar, cursar una especialización o solventar un apuro económico son los escenarios en los que un crédito, en cualquiera de sus modalidades, puede servir de apoyo a la economía personal y familiar. El problema es cuando no se cuenta con la capacidad de pago para cumplir con las cuotas mensuales, porque sus ingresos se han reducido o porque ha acumulado muchas deudas.
Es por lo anterior que una buena gestión de los créditos va de la mano con el hábito del ahorro. Si se tiene suficiente recursos para cubrir sus necesidades básicas mensuales como alimentación, transporte y el pago de los servicios públicos no tendrá que recurrir a préstamos ni avances de tarjetas de crédito para pagar esas necesidades que de financiarse con créditos, se incrementan por el pago de intereses.
Y no solo basta con cubrir las necesidades mensuales, es necesario tener un “colchón” para amortiguar los gastos si es que se presenta un imprevisto (quedar desempleado, atrasos en el pago de su mensualidad o incluso emergencias como la ocasionada por el COVID-19) y evitar endeudarse en medio de las crisis.
“Siempre se deben tener dos meses de gastos previstos en la caja, que no es más que es el flujo de dinero con el que cuenta una persona o empresa para cumplir con sus objetivos, en un tiempo determinado”, recomienda César Ángulo, contador con más de 25 años de experiencia en tributación y gerente de la firma CAA Contadores Públicos.
Explica que esa reserva debe incluir gastos como transporte, alimentación, mensualidades colegio y todo gasto que se deba cubrir mes a mes. “Hay que procurar que los flujos de caja no sean negativos porque si hay un desfase es cuando hay que salir a buscar recursos externos”.
Esto último es lo que han tenido que hacer cientos de familias colombianas que, a causa del aislamiento obligatorio por el COVID-19, han visto afectados sus ingresos. De acuerdo con una encuesta publicada por la compañía Transunion, que realiza estudios financieros en Colombia y en otros 30 países, el 83% de los colombianos encuestados señaló que la pandemia provocó un impacto negativo en su economía personal o familiar.
El estudio además señala que el déficit presupuestal promedio es de $976 mil por persona y el 94% de los encuestados de la región Caribe manifestó que le preocupa no cumplir con sus obligaciones financieras.
Las cifras de desembolsos
La Superintendencia Financiera reportó que entre el 20 de junio y el 26 de junio de 2020 se desembolsaron $971.896 millones a través de tarjetas de créditos de personales naturales y $898.486 millones a través de diversos créditos. Bajo las condiciones que atraviesa el país, el desembolso de estos dineros podría ocasionar una crisis financiera.
“Tanto el crecimiento desbordado del crédito, como el cierre de la oferta del mismo y el comportamiento de pagos de los deudores, inciden sustancialmente en las probabilidades de ocurrencia de una crisis financiera. Por esa razón, se supervisa el comportamiento de los créditos vigentes, la revelación adecuada del riesgo de crédito y su provisionamiento, así como el otorgamiento de nuevos créditos, como insumos relevantes de identificación temprana de activos con problemas y de administración preventiva del riesgo”, explica la Superfinanciera.
Los créditos no se puede satanizar
En un escenario ideal, en el que las entidades bancarias desembolsen dineros a sus clientes y ellos cumplan con sus pagos, los créditos resultan un motor de crecimiento importante en la economía nacional.
Según cifras de Transunion, antes de la emergencia por el COVID-19, en el primer trimestre de 2020 el mercado colombiano de crédito al consumo había estado creciendo a buen ritmo.
”El número de consumidores con al menos un producto de crédito en el sector financiero alcanzó los 13,7 millones, impulsado por el crecimiento de los créditos personales y las tarjetas de crédito (un aumento del 9,0% y del 7,0% anual, respectivamente, en el primer trimestre de 2020). Los nuevos créditos personales también fueron el producto que más creció en el cuarto trimestre de 2019, seguido de las nuevas tarjetas (23,8% y 10,1% anual, respectivamente)”, señala Transunion.
Aunque para muchos, los créditos sean una mala decisión, traen muchos beneficios para los clientes que las usen de manera inteligente: “Las tarjetas de crédito son indispensables para compras de bienes masivos como una nevera, televisor y hasta un viaje (...) son un vehículo financiero indispensable para las personas de ingresos medios; sabiéndolas utilizar podemos conseguir mucho con ellas”.
Añade que “los créditos son vitales para progresar, el banco es un socio para toda la vida, que va abriendo más sus puerta a medida que le cumplan”.
Capacidad de pago y número de cuotas: definir si el pago mensual lo puede asumir con su flujo de caja, sin necesidad de recurrir a otros préstamos es vital para no endeudarse.
Gasto vs. inversión: analice para qué quiere usar su crédito y si aquello en lo que lo empleará le podrá rendir beneficios en un futuro cercano.
Fíjese en la fecha de cohorte: si la fecha de pago no coincide con la fecha de sus ingresos no podrá cumplir con la obligación bancaria, lo que deviene en moras, aumentos de intereses y hasta reportes en su historial crediticio por incumplir.
