La cultura en Colombia, y especialmente en Cartagena y Bolívar, ya no es subsidiaria de la historia; ahora marcha a zancadas que le dan la debida prestancia para orbitar con tejido empresarial propio, tanto en la esfera nacional como internacionalmente.

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La RepúblicaLas evidencias son indivisibles, y también lo corrobora el paladín cultural Eduardo Enrique Hernández Fuentes, docente y arquitecto, director del Museo de Arte Moderno ‘Enrique Grau’ (MAM), quien nos hace una introspección acerca de la influencia empresarial en torno a la cultura, el arte y la historia cautivadora de Cartagena de Indias. (Puede interesarle: Abelardo De La Espriella anuncia una contrarrevolución cultural en Colombia).
Explica Hernández que ese florecimiento realmente tuvo sus gérmenes en los años 80, con “metodologías propias de administración, que hicieron tránsito a campos de la cultura y de las artes, donde para entonces era una novedad”.

Desde organismos internacionales como la ONU, Unesco y OEA fueron difundidas, en su momento, las iniciativas primarias de arte y cultura que se asomaban en Cartagena, y que para complacencia del expresionismo emocional de la gente en La Heroica y de su sensibilidad artística, “hicieron carrera con metodologías de proyectos y conceptos propios de la administración empresarial, que se aplican desde entonces en los propósitos culturales”, nos ilustra el director del MAM.
Desde entonces, ya con textura empresarial se adoptaron “conceptos como planeación estratégica, ruta crítica, organigramas, cronogramas y presupuestos, que entraron a hacer parte del léxico de la cultura y a fortalecer un amplio sector que conforma lo que hoy se denomina ‘ecosistema de la cultura’, y que se refiere a un amplio espectro de la producción humana, que implica la creación como lo novedoso e inédito, que crea un nuevo valor que no existía y es un atributo exclusivo de nuestra humanidad”, relata Eduardo Hernández. (Puede interesarle: Reyes Momos del Carnaval 2027 celebraron la diversidad cultural en San Basilio de Palenque).
Para esos tiempos, “el no tener clara la idea del arte y no estar determinada su función social, permite múltiples interpretaciones, pero hay otras formas de entender el fenómeno del arte mas allá de la belleza, y es como un verdadero agente del desarrollo”.
Prosigue Hernández Fuentes: “Hoy contamos con nuevas tecnologías, aplicaciones, manejo de datos, indicadores para el análisis y toma de decisiones que permiten que proyectos de cultura hablen el mismo lenguaje que las empresas, lo que finalmente es el resultado de la valoración de la producción del sector en el PIB nacional”.
La Cartagena cultural del futuro
Le preguntamos a Eduardo, gestor cultural, sobre sus perspectivas para la Cartagena cultural del futuro, ¿cómo se la imagina?, y su respuesta es al tiempo imaginativa y claramente visionaria, pues comenta tener “expectativas razonables que visualizo proyectadas a la conmemoración de los 500 años de la ciudad, cuando celebraremos una historia como propia (indígena, colonial, y republicana)”, dando a la luz un arte contemporáneo propio, hasta convertirse en la cultura que somos. (Puede interesarle: Festival Voces del Jazz y del Caribe en Cartagena).
“La ciudad debe reconocer que el activo que tiene mas valor, más no precio, es el arte contemporáneo, es la necesidad de hablar de nosotros, de nuestro tiempo, desde el siglo XX y XXI es nuestra cultura un activo que debemos conocer en su brillo propio, sin los neones de la publicidad del mercado”.

Tomados de la mano
En Cartagena de Indias, y en el departamento, los conceptos de cultura y empresa ya se tomaron de la mano, para no soltarse más, y de hecho están hablando un mismo idioma. (Puede interesarle: Gimaní Cultural presenta el Cabildo de Getsemaní 2026, inspirado en los Diablos de Uré).
Esta valoración visionaria tiene albergue en un ámbito competitivo, “donde la producción de valor es absorbida por el mercado sin ningún tipo de miramientos, y si bien la cultura ya es una gran empresa, el Arte se resiste, pero históricamente este es el fermento de la cultura, aunque no todo es negociable”, reseña el director del MAM.