Educación

"Trabajamos con las uñas": rectora de colegio que atiene a niños invidentes

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TANIA FLÓREZ DECHAMPS
02 NOV 2015 - 12:00 AM

Andrea Berrío Berrío, de 11 años, debe viajar una hora en bus para llegar a su colegio. Es ciega y ninguna de las instituciones educativas públicas de Cartagena que recibe a niños con discapacidades queda cerca de su casa.

“Vivo en San José de los Campanos y mi mamá me lleva y me trae todos los días, vale la pena llegar hasta aquí porque he aprendido mucho”, dice sonriente Andrea, quien tiene ambos ojos nublados.

Según datos de la Secretaría de Educación, de los 104 colegios oficiales de la ciudad alrededor de 18 atienden a niños con limitaciones, uno de ellos es el Olga González Arraut, en el barrio Alto Bosque, que forma a 22 estudiantes ciegos y con trastorno de baja visión de estratos 1 y 2. En esta institución hay 37 escolares más que padecen de trastornos motrices, cognitivos e hipoacucia (sordera).

La institución dispone de un equipo de especialistas formado por tres licenciados en educación especial, un fonoaudiólogo y un sicólogo; no hay recursos para la cajas de Braille ni para punzones, ni para pizarras ni ábacos cerrados, ni para ningún otro elemento de enseñanza para invidentes; ni tampoco para adecuar los espacios de aprendizaje de manera que sean aptos para los discapacitados.

“Algunos de los materiales de enseñanza que tenemos fueron donados por el Instituto Nacional de Ciegos, otros los compramos con dinero del Fondo Docente o los hicieron las mismas maestras. Nosotros trabajamos con las uñas”, asegura Olga Acosta Amel, rectora de la institución y agrega que “el año pasado la Secretaría de Educación presupuestó un dinero para comprar materiales didácticos y nunca llegó” .

El Universal contactó a la Secretaría de Educación para corroborar la asignación de presupuesto para dotación de las instituciones que atienden a niños con limitación, pero el despacho no dio respuesta.

Inclusión, el gran pilar

En el Olga González los niños con limitaciones no tienen distinción alguna; están en el mismo salón con los demás, juegan a las misma cosas y acatan las mismas normas. Todo forma parte de un plan de inclusión que además de garantizar un derecho a los menos favorecidos, sensibiliza a los pequeños sobre cómo ayudar a sus compañeros con limitaciones.

“Los niños no discriminan, ellos se integran rápidamente, quienes marcan diferencia son los adultos”, afirma Amparo Buelvas, educadora especial, quien padece de baja visón. “Es una experiencia gratificante por la posibilidad de enseñarles cosas que yo no aprendí cuando lo necesitaba”. Ella junto a María Isabel Arrieta son las profesoras de apoyo en el aula.

“Adaptamos en Braille el contenido de cada clase para facilitar el aprendizaje a los niños. A los más pequeños les enseñamos Pre Braille, a que reconozcan los espacios del colegio, conozcan su cuerpo y ubicación en general”, explica Arrieta, de 64 años, quien fuera del colegio también enseña a pequeños.

Los menores reciben asesoría sicológica para entender su condición y cómo interactuar con los demás. Las familias también son vinculadas para que contribuyan a ese proceso de aprendizaje. “Hay padres que sí están comprometidos y otros no tanto, la idea es enamorarlos y explicarles que deben facilitar las situaciones que enfrenta el estudiante”, afirma la maestra Amparo.

“Trabajar con niños ciegos es un gran desafío porque no solo se trata de inclusión sino de acompañamiento a procesos que tienen que ver con el desarrollo integral de ellos, como el acceso a programas de salud que los padres no saben cómo obtener o que no ofrecen las EPS, entonces nos toca orientarlos para que se beneficien de esos servicios”, dice la rectora Acosta. 

Ella confía en que a futuro la escuela sea adecuada con olores y texturas para facilitar el aprendizaje de los ciegos, o que al menos lleguen los recursos prometidos.

La profesora María Isabel guía a Andrea en la lectura de un texto en Braille. Aroldo Mestre

Amparo Buelvas es una de las docente de apoyo en el aula y al igual que sus estudiantes padece de baja visión. Aroldo Mestre

El colegio cuenta con pocos utensilios como ábacos, cajas de Braille y punzones que son indispensables en el proceso de aprendizaje de los niños con esta discapacidad. Archivo

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