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Marítimo

Siete naufragios famosos de la historia

Hay mucho más detrás de la mera curiosidad en explorar barcos hundidos y recuperarlos. El patrimonio sumergido del mundo tiene bastante que contar sobre los seres humanos.

Siete naufragios famosos de la historia

Los restos del USS Maine. Su destrucción es uno de los episodios más conocidos de la guerra hispano-estadounidense.// FOTO: Council of Foreign Relations

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La discusión en torno al Galeón San José volvió a encender en Colombia el debate sobre el Patrimonio Cultural Subacuático, que la Unesco define como “todas las huellas de la existencia humana que poseen un carácter cultural, arqueológico o histórico; y hayan estado bajo las aguas, tanto marítimas como fluviales y lacustres, parcial o totalmente, de forma periódica o continua, por lo menos durante 100 años”. Le puede interesar: Denuncian violación al contexto arqueológico del galeón San José.

Teniendo lo anterior en cuenta, se puede decir que las disputas en torno a los barcos no son simples cuestiones de rescatar reliquias, sino que también nos hablan de la forma como interpretamos el pasado, de cómo estudiamos las evidencias históricas y de cómo la cultura, la política y la psicología se expresan en el terreno de la ingeniería y el combate naval. El Titanic es un ejemplo famoso y hoy es visto como una lección sobre el orgullo, pero no es el único barco cuyo hundimiento provocó revuelo y sorpresa. Otros accidentes han cobrado más vidas o tuvieron peores consecuencias.

Las inclemencias del clima

Si predecir el clima todavía representa dificultades para los científicos modernos, a los marineros antiguos les deparaba sorpresas peores. Eso fue lo que al parecer ocurrió con una de las fuerzas navales más famosas de la historia: la flota de Kublai Kan.

Kublai era en aquel entonces el emperador de los mongoles y de China. En dos ocasiones (1274 y 1281) intentó invadir Japón para seguir expandiendo sus dominios. Durante la segunda expedición, habría despachado miles de navíos y más de 100 mil soldados hacia el archipiélago. Los posibles restos de las embarcaciones que utilizó muestran que se trataba de barcos sumamente sofisticados con bombas submarinas y catapultas, pero construidos a la carrera. Las fuerzas de Japón los contuvieron hasta que, según cuentas las anécdotas, un tifón que duró dos días acabó con la flota de los mongoles. El fenómeno fue considerado por las tropas japonesas como una ayuda y fue bautizada con el nombre de “kamikaze” (viento divino). De ahí tomaron sus nombres los bombarderos japoneses de la Segunda Guerra Mundial.

Son de guerra

Es posible que la Guerra Hispano-Estadounidense no hubiera ocurrido tan rápido de no ser por la explosión del USS Maine en 1898. El barco realizaba operaciones en La Habana, que seguía siendo una colonia española, cuando de repente voló por los aires. La prensa de la época lo utilizó para atizar aún más los ánimos y poner a la opinión pública de los Estados Unidos en contra de España. Varios traspiés y unas semanas más tarde, los dos países estaban en guerra, disputándose el destino de las últimas colonias españolas: Cuba, Puerto Rico y las Filipinas. El USS Maine fue remolcado hasta Carolina del Sur en 1912 y su mástil se convirtió en un monumento.

Las disputas en torno a los barcos no son simples cuestiones de rescatar reliquias, sino que también nos hablan de la forma como interpretamos el pasado.

Otro naufragio que impulsó la participación del país norteamericano en un conflicto, esta vez de forma más directa, fue el del RMS Lusitania en 1915. La Primera Guerra Mundial había comenzado y el barco, que pertenecía a Inglaterra, había sido creado como una nave de batalla, pero se desempeñaba como un buque trasatlántico comercial pues, para esos tiempos, se le consideraba no apto. A pesar de ello, y en parte debido a las provocaciones e imprudencias del imperio británico, el barco fue considerado como un objetivo de guerra por los alemanes y torpedeado. El hecho mató a 1.198 personas y acabó por ganarle más enemigos a Alemania. La propaganda de la época se valió del ataque para poner a la opinión pública a favor de la participación estadounidense en la Gran Guerra, que se formalizó en 1917. Hasta la fecha, rescatar los restos del Lusitania ha sido imposible.

Tamaño excesivo

Entre más grande sea un barco, más probable es que salgan mal las cosas. La historia ofrece varios ejemplos. El primero es el de la Grande y Felicísima Armada (apodada “la Armada Invencible”) de Felipe II. 130 barcos de gran calado salieron desde el puerto de Lisboa en 1588 para invadir Inglaterra, deponer a Elizabeth I, frenar el avance del Protestantismo y los intereses británicos en las colonias americanas. Era un proyecto muy ambicioso, pero para la mala suerte de España, la flotilla inglesa era más pequeña, más fácil de maniobrar y logró sacar ventajas sin mayores problemas. Muchos de los sobrevivientes no lograron regresar a su país debido a una larga serie de tormentas que provocó el naufragio de sus embarcaciones en Escocia e Irlanda.

El siguiente caso es el Vasa, comisionado por el rey Gustavo Adolfo de Suecia y construido entre 1626 y 1628. Era un barco ostentoso, enorme y armado con cañones de bronce, el símbolo del poderío del reino. Pesaba 80 toneladas, pero estaban mal distribuidas por lo que se hundió a tan solo 20 minutos de zarpar por primera vez, volcado por una ráfaga de viento. El Vasa fue rescatado en 1961. Se conserva en muy buen estado y hoy puede verse en el museo que lleva su nombre, en Suecia.

El Titanic es el caso más famoso de cómo el afán por crear buques gigantescos acabó en desastre. El transatlántico, promocionado como un navío “inhundible”, había recibido varias alertas sobre la presencia de hielo durante la noche de su primer viaje, el 15 de abril de 1912, pero muchas jamás llegaron a la tripulación. Para cuando detectaron que se encontraban en ruta de colisión con un iceberg, era demasiado tarde: el barco iba a toda marcha y le fue imposible esquivar el témpano. La cantidad de agua que se filtró por sus cámaras precipitó la catástrofe y el peso de las hélices partió el buque en dos. Además de eso, hubo tantos problemas durante la evacuación y tantas vidas perdidas (más de 1.500) que el hecho llevó a la creación del Convenio Internacional para la Seguridad de la Vida Humana en el Mar (1914). Los restos del Titanic fueron encontrados en 1985 y, desde entonces, se han rescatado varias piezas y objetos. También se han estrenado varias películas inspiradas en los hechos, siendo la más famosa la de 1997, dirigida por James Cameron. Puede leer: Titanic en riesgo de desaparición.

Una tragedia moderna

Al siglo XX aún le quedaban varios desastres marítimos por presenciar. El más grande de todos fue el del MV Doña Paz, el 20 de diciembre de 1987. El transbordador, registrado en Filipinas, chocó contra el MT Vector, un buque petrolero, lo que resultó en una explosión y un incendio que no tardó en extenderse al mar. El Doña Paz estaba por encima de su capacidad y al menos 2000 de sus pasajeros no estaban registrados. Una larga cadena de fallas de seguridad y de falta de profesionalismo de la tripulación resultó en 4.386 personas muertas (4.374 del Doña Paz y 11 del Vector), la más alta de todas las embarcaciones en tiempos de paz. Los propietarios del Vector fueron responsabilizados de compensar a los 25 sobrevivientes del transbordador y a sus familias, debido a que el barco se encontraba operando sin licencia y sin un maestro de abordo calificado. Los restos de ambos navíos fueron explorados en el 2019.

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