No importa cuántas explicaciones científicas, racionales, mundanales y prácticas se establezcan para cualquier fenómeno, siempre encontraremos a alguien que continúa con una tradición de carácter más bien mágico “por si acaso”. Otros serán fieles creyentes de sus efectos benéficos, mientras que otros sólo querrán unirse a la fiesta, lo cual incluye participar en los rituales de siempre. (Le puede interesar: Ritos más practicados para recibir el nuevo año).
Estas tradiciones son de carácter simbólico. Algunas son de origen religioso, otras nacieron a raíz de hechos históricos y en otros casos no se sabe por qué comenzaron:
1. Romper platos – Dinamarca: durante la víspera de Año Nuevo, los daneses lanzan la vajilla sin usar contra las puertas de sus amigos para desearles prosperidad al año siguiente. Entre más grande sea la pila de platos rotos, más amigos se tienen y más suerte para el año siguiente. El origen de esta tradición se desconoce.
2. Takanukuy – Perú: cada 25 de diciembre, los habitantes de la provincia de Chumbivilcas, al sur del Perú, se reúnen para cerrar sus disputas y rencillas antes de que el año nuevo comience. ¿Cómo lo hacen? “Takanukuy” significa “golpearse mutuamente” en quechua: los participantes se disfrazan con trajes alegóricos, realizan una procesión con música y luego proceden a golpearse y patearse hasta que uno de los dos se dé por vencido, cerrando así el combate; agarrarse, morderse y atacar al contrincante en el suelo son acciones prohibidas. La práctica tuvo su origen en un movimiento religioso y político de resistencia frente a los conquistadores españoles, llamado “Taki Unquy”, y también ha comenzado a expandirse a otros lugares de Perú.
3. Saltar sobre olas – Brasil: durante la Víspera de Año Nuevo, algunos brasileños van al mar para saltar sobre siete olas y pedir un deseo por cada una. La tradición tiene su origen en la Umbanda, una religión sincrética que mezcla las creencias yorubas con algunos elementos del catolicismo y fue creada por los esclavos traídos desde el África Occidental a Brasil. Para los umbanda, el siete es un número sagrado asociado con la diosa del mar, Yemayá, quien posee siete caminos (atributos, encarnaciones). Al completar el ritual, la diosa concede la fuerza necesaria para afrontar el nuevo año.
4. Comer fríjoles “cabecita negra” – Judíos asquenazí y sefardíes de América del Sur: los asquenazí son los judíos de origen alemán, mientras que los sefardíes se criaron en España y Portugal. Muchos de ellos inmigraron a nuestro continente tras ser expulsados del Imperio Español o escapando de la Segunda Guerra Mundial. Durante el Rosh Hashaná (el año nuevo judío, que este año cayó entre el 28 y el 20 de septiembre), las familias judías de América del Sur acostumbran a comer un plato de fríjoles a raíz de las recomendaciones culinarias del Talmud Babilónico. Debido a su capacidad para “rendir”, estos granos representan la abundancia; además, su nombre hebreo, “rubiyah”, proviene de la misma raíz que la palabra “harbeh”, que significa “muchos”.
5. Asear toda la casa y luego abstenerse de limpiar – China: este país posee toda una cultura alrededor de lo que se puede y no se puede hacer para tener prosperidad durante los quince días de la celebración de Año Nuevo, conocida como Chunjie o Fiesta de la Primavera (caerá el 12 de febrero de 2021). Antes de que comience el festival, las familias deben encargarse limpiar muy bien sus casas para deshacerse de todas las impurezas y la mala suerte. Cuando empiece el festival, deberán cuidarse de no ensuciar y de no tocar escobas, aspiradoras, plumeros ni ningún otro implemento de limpieza para no “barrer” la buena suerte que pueda llegar durante el año nuevo. Esta restricción sólo aplica durante el primer día del festejo.
6. Beber cenizas – Rusia: en muchas culturas del mundo existe, o existió, la espodomancia, una práctica adivinatoria que se realiza leyendo las cenizas o el hollín. Esta práctica se readaptó en algunos lugares de Rusia durante la época soviética de la siguiente forma: se escribe un deseo en un pedazo de papel, se quema el papel, las cenizas se vierten un vaso de champaña y el vaso se bebe mientras suenan las campanadas que anuncian el año nuevo.
7. Las doce uvas – España y América Latina: vale la pena cerrar explicando de dónde surgió la más conocida de nuestras tradiciones. Tiene su origen en España y hay dos teorías sobre cómo surgió: una afirma que los campesinos de Alicante tuvieron una cosecha inusualmente buena durante el siglo XIX y trataron de vender el excedente afirmando que se trataba de “uvas de la suerte”. La otra apunta a que esta tradición era frecuente en Alemania y Francia en tiempos pasados y que la aristocracia española la “importó” de esos países, donde además acostumbraban a beberlas con champaña; los ciudadanos de las clases medias y bajas adoptaron esta práctica de forma burlesca en un principio (puesto que lo veían como uno ejemplo de la manía de los ricos por lo extranjero) y con sinceridad a medida que fue popularizándose (Puede leer: Siete agüeros para Fin de Año).
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