El estigma que persigue a quienes sufren por su salud mental también es uno de los factores que les impide mejorar y buscar tratamiento. Es frecuente que su círculo cercano (familiares, amigos, vecinos) les tenga poca paciencia, desconfianza o simplemente no sepa cómo atenderles a pesar de sus esfuerzos. Además, se han creado una serie de mitos alrededor de estas enfermedades que representan a quienes las sufren como personas inherentemente peligrosas, y aunque es cierto que podrían ser inestables, también es cierto que los prejuicios y la falta de tratamientos adecuados contribuyen a empeorar su condición.
Las enfermedades mentales requieren de cuidados especiales en una escala que puede ser comparable a la de las enfermedades crónicas físicas, como el cáncer. Condiciones como la esquizofrenia, el trastorno de ansiedad, el trastorno bipolar y hasta la depresión no tienen cura definitiva, sino que los síntomas se controlan durante toda la vida del paciente, para evitar que recaiga y continúe sufriendo. El acompañamiento de los profesionales, cuidadores, familiares y amigos es vital durante todo este proceso. Le puede interesar: Salud Mental en las Familias: Adaptándonos a los cambios vitales y contextuales.
Una ayuda indispensable
“Los familiares y cuidadores son las personas más importantes en el acompañamiento del paciente. Hacen parte de su red de apoyo y es importante psicoeducarlos; es decir, instruirlos en la enfermedad de su familiar, explicarles de forma comprensible lo que ocurre con el trastorno, qué pasa con los síntomas y cuáles son las conductas que suele manifestar el paciente. Solo así podrán contribuir al bienestar del paciente y a disminuir sus propios niveles de ansiedad relacionados con el cuidado de su familiar”, afirma la psicóloga María Alejandra Olmos.
Los cuidadores, familiares, psicólogos y psiquiatras deben estar “liberados de prejuicios, entender que un diagnóstico no define a la persona y el objetivo es tratar los síntomas del (o los) trastorno(s). Deben informar al paciente de manera clara para que él también tome decisiones con respecto al progreso de su salud mental, escucharlo y tratarlo con dignidad”, explica Olmos.
Así, todos ellos deben asistir con la aplicación de los medicamentos, evitar los estímulos que incomoden al paciente o desencadenen episodios en él, respetar sus necesidades, tratarlo con respeto y esforzarse lo más posible por conocer su estado y lo que le afecta.
Igual de importante es que todo este proceso lleve al paciente a ser lo más autosuficiente posible; en otras palabras, que le permita cuidar de sí mismo, aprender a reconocer cuándo necesita ayuda, cómo pedirla y de qué maneras puede hacerse entender mejor. Puede leer: ¿Analfabetas en salud mental?
